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jueves, 20 de julio de 2017

ENTRE SEDAS Y ALGODONES...


                     Entre suaves luces y blancas sábanas perfumo tu cuerpo, dibujo atrevida una caricia y en mi pecho sostengo tu mano. Tus ojos brillan, vibra la inquieta ternura y los sentidos se llenan de una exquisita paz. Una dulce brisa se convierte en transparente niebla, escurren sedas, cae nieve de algodón y el verso empieza a escribir una poesía. El sabor del momento es intenso, el silencio se hace fuerte y gatea el instinto. Escucha la piel y se relamen los labios, la mirada toca, el beso quiere y el ansia espera. Penetra el calor y el sudor, exhibe una gotita. Cala hondo el aliento, el nervio ilusiona, el latido jadea y el cuerpo escribe deseo.
                     Muestra su velo la Luna, consiente el vaho una lágrima en su ventana y despacito el reloj, detiene sus manecillas. Canta la sirena los algodones de su mar, enreda el viento su cariño entre las sedas del cielo y la pasión muerde el anzuelo del profundo deseo.  Me tocas y se eriza la miel, te miro y el mar cambia de color, me respiras cerquita y vuela un ángel, te beso y las estrellas se convierten en música…Los ojos se cierran, el beso es profundo, las salivas se envuelven en un sublime tango, el sabor huele a vals y tus labios lo saben, vive la belleza en todos tus rincones y mi lengua la baila una y otra vez. Porque de velo de Luna está hecha tu boca, de algodón tus labios y de seda  tu elegancia.
                     Vibra el paisaje, las rosas se deshacen de sus pétalos, azota fuerte el viento la ventana y el corriente aire tapiza nuestra cama. Embravece el mar su sal y el cometa la reparte, gira su cabeza el búho y el árbol tapa sus ojos. Se extiende la noche, gime quedito el fuego de un volcán y mil golondrinas anidan su amor. Fluye el tierno abrazo y entre mis manos, se deslizan tus cabellos, la exhalación es inmediata y en el arqueo pierdo mi boca entre tus pechos, los sigo y los persigo, los acaricio y los beso, los toco, los huelo, pierdo mis sentidos en tus pezones y me lleno de hombre.  Deslizo mi vigor en tu espalda y en la firmeza de tus muslos desahogo fuerza. La fricción es intensa, la contorsión seduce alma y tanta sensualidad enrojece mi  tímido corazón. Tu caricia excita tentación, se desenfrena la mirada y en la piel se funde de pasión, la humedad empapa, el  poro se llena de ternura y el espíritu grita, gime y desafía a quien pueda escribir su verso.
                    El poeta lo escribe, un ángel lo lee y el cielo lo recita. Mil pétalos se llenan con sus letras. La Luna recoge su velo, lo huele y se excita. Absorbe el mar su sal y en cada cristal contempla una caricia que sabe a espuma de piel. Libera el tiempo sus manecillas y amanece. La brisa es tierna, el rocío pinta un abrazo en la ventana y ya huele a café. Los ojos se abren y las miradas explican que hoy, el amor se hizo… Entre sedas y algodones.



                     

martes, 18 de julio de 2017

...Y EL CIELO SONRIÓ.


                 El perdón necesitaba ser perdonado porque no nació en el corazón, la caricia envuelta y devuelta por necesidad del egoísta deseo y la pregunta, sentada en el portal de la esperada respuesta, lloraba una palabra.  El orgullo perdió su capacidad porque no hubo perdón ni devolución de caricia, tampoco la respuesta indicada llegó…Solo ese profundo silencio que desbarata el alma y la llena de vacío.
                 La mirada desparrama lágrimas, la oscuridad se convierte en malla de acero de tu coraza, tiemblan las manos y se acortan sus líneas de vida. Tu soledad ya no llora, solo suda intensa, el cielo se abre, te da una oportunidad y no la ves porque los ojos cansados, no transparentan la sal de sus gotas.  Arrecia la lluvia, la humedad huele a mojada tierra y en ella clavas tus pies. El núcleo vibra, el pasto crece y en tus piernas sientes el escalofrío de un amor natural, puro y generoso. Caminas despacito, observas de frente, escuchas viento y enjuagas tu sal. El paisaje es tuyo y el ocaso lo pinta de un ardiente rojo. Sientes infinito y tu alma lo sabe, tocas brisa y tu corazón late. Cierras pestañas pero no piensas, la imaginación no nace y ves como el sueño se pierde por los recovecos de tu mente.
                 La Tierra es sabia y entre sus árboles, nace un violín. Tiene forma de pequeña mujer y cuerdas de garganta de ángel. El espíritu del bosque lo afinó, la miel de una abeja reina le dio brillo a su madera, el sauce llorón lo bautizó en el sentimiento y cien lianas se fundieron para crear sus cuerdas. Lo pusiste en tu pecho y ya su jalea, empapó vellos y resbaló en el vientre. Su música brilló, su estampa enrojeció ante el Sol en su puesta, sus cuerdas cantaron y tu alma quedita, venció miedos. Poco a poco, tus manos lo acariciaron, envolvió tu caricia y te regaló la composición de la exquisita ternura. El corazón le pidió perdón porque sin querer provocaste una excitación, se ruborizó y te mandó un beso, ese beso que solo la música tatúa en el recuerdo, ese beso que los labios se abren al recibirlo y ese beso que la lengua baila suavidad, pegado al pétalo de su rosa.
                Nació la pregunta y la respuesta fue verso. El violín se transfiguró y creció. Vibraron las cuerdas, latió la madera y tanta miel se convirtió en mujer. Bella, hermosa, tierna y desnuda. El ocaso se difuminó y emergió radiante la Luna, los destellos eran estrellas, los cometas cabellos y su piel cambiaba de color como sus ojos cambiaban miradas. Alzó la mano y su dedo apuntó a una abertura en el cielo. Ya los ojos no miraban tierra, veían mujer, seguían su dedo y apuntaban a ese pedacito de Universo.  Sonrió la Luna y el Sol se durmió. Del vacío cayeron sedas con cara de sábanas, nubes con sabor a cama y sonidos de violín, con olor a poesía.
                En tus brazos se estremeció y los ojos se cerraron cuando sentiste su piel. En tu interior creció la imaginación y el sueño empezó a prender, salivó el deseo y el orgullo desapareció en un viejo y aprendido teatro de vida. Ya no buscaste respuesta porque no había pregunta que soltar, tenías tu espacio y pediste callar al tiempo. Le dijiste al amor que se hiciera, a la eternidad que fotografiara el momento y al cielo, que en su inmensidad los absorbiera.
               Y llegaron los tres Reyes Magos del Amor: el mar, una vieja estrella y la Luna. Llegó primero el mar, bravo y cansado, intenso pero relajado, espumoso y salado. Puso su alta marea al servicio de tu lecho, su profundidad entre los abrazos y su dulce sal, entre los labios. Renqueante llegó una vieja estrella. Todavía luminosa mostraba con decoro sus añejas puntas, un libro abierto en su vientre leía su historia y un reloj de arena en sus manos enseñaba cada gramo de su sabiduría. Puso el ambiente a su media luz y una por una prendió las ceras de su larga vida. Se sentó, los vió y recordó…Y en su vieja y bien formada educación, se convirtió en fugaz para no molestar.  En su huída, un millón de sus hijas se convirtieron en lluvia y despacito, mojaron sus cuerpos de pasión.
               El viento enfureció y la ventana se abrió. Entró el resplandor, el aire gimió, las paredes se agrietaron, enloqueció la música, las rosas desprendieron pétalos, el grillo se sorprendió y calló, un delfín brincó siete mares, la morsa comió zanahorias y el conejo se escondió. El Universo vibró, expandió su cola el cometa, el león aulló y la serpiente cambio siete pieles. El camaleón fue actor, el juglar carnicero de besos, el lenguado lengua de sal y la cama, un edén. Llegó la Luna y se posó a sus pies. Desnudó mares, activó cráteres y dejó que la lava fluyera por sus piernas. Sus antiguos ríos empezaron a salpicar, sus valles a recibir tanta humedad y desvistió su natural sensibilidad. El poro se abrió, la piel sudó, una lágrima sintió y la rima bailó… Le dio sensualidad y ella contorsionó, te dió seducción y la sangre llenó el espasmo, desvistió su manto, los abrigó y les prestó su orgasmo, lo sintieron profundo, eyacularon juntos, soltó un gemido y tú un abrazo, te hizo suyo y entraste en su alma, la hiciste tuya  y sus tintas escribieron versos en tu corazón…Fueron uno y el Cielo, sonrió.




                

domingo, 16 de julio de 2017

DESHEBRANDO UN HILO...


            Vibra el eco y en su astucia rebota frecuencias entre las paredes del cansancio, sume sus rodillas el letargo y amenaza consistente, la desidia. Baila la nostalgia en viejos acordes, en aquellos en los que la vida no respiraba flaquezas, en aquellos en que la felicidad era casi completa y la soledad solo un incomprendido espejismo.
           Las decisiones condicionaron destinos, ajenos orgullos tomaron diferentes atajos y en mi camino se abrió el telón de un teatro distinto, la vibración de una escondida vocación y el abrazo a la exhalación de un cielo, que guía el dolor de mis lágrimas y que tomo como reto. En su exhalación está la fuerza del viento del Universo, el profundo tambor del trueno en el último mundo desconocido y el fuego de un millón de lavas, que supuran la sangre del corazón de los más viejos planetas. A ella me aferro porque en su poder conseguiré, en su profundidad me realizaré y en su infinito, un día eternizaré mis sentimientos.
           Despacito dejo que mi alma abra los ojos, enchino sus pestañas para que vea claro y en cada retina siembro una gotita del elixir de la esperanza que copié de un sueño,  ese sueño que nació compartido, creció poquito a poquito con mucho dolor y murió en las manos de su realizador, como don de vida, como genio o como eterno amante de todo lo creado…Ese sueño que siempre pende de un hilo.
           Y en la sublime exhalación de mi cielo, vive ese sueño. Desnudo mi cuerpo y tomo su hilo. Se queman mis manos y cimbra el pecho, se marca en el vientre y lo enredo entre los dedos de mis pies. Es delgado, largo y fuerte. Me suelta una de sus hebras, la hebra del conquistador de libertad, el héroe nacido de fértil tierra, ese fabuloso humano que murió en el dar y esa bandera que no lleva su nombre, pero que en ella están escritas las cuatro huellas de la sangre de sus dedos al agonizar. Una segunda hebra brinca y azota mis dientes. La hebra del sabio de la palabra, del pensador de verdades y proxeneta de la ignorancia. Un ser solo, antisocial, lector de libros sin estantería y observador de viejas  miradas. Un ser que enseña a ser y en la virtud, te predica lo que serás por lo que haces. Un ser que es maestro, el primer alumno del Universo y el último consejero de tus defectos…Por eso, cuando duermes, los convierte en refranes para que los entiendas y te reinventes.
            Tiembla el hilo, vibra y un escalofrío que cierra ojos invade mi cuerpo. Es la tercera hebra, la hebra del soñador de amor. La sorpresa es agradable pues el soñador, no se acompaña solo de romanticismo. En su larga cabalgata destila dulces letras la poesía, infinidad de sentires la prosa, hermosas cadencias las rimas y suaves perfumes, la épica y voraz leyenda. Pero su cola es larga y profunda…Y aparece el erotismo que siempre suda piel, la seducción  que cuando no contorsiona muerde labios, la sensualidad que refleja alma y sale por los poros, el deseo disfrazado de juguetón juglar y la pasión que en su caja de regalo, los mantiene a todos juntos en el lazo de la ternura.

            La emoción traiciona prisa, exige la música grito de trompetas, ronquez de saxo y salpicar melódico de piano. El relámpago del sueño saca su espada y se deshebra siete veces, cada una un color, cada visión un arcoíris de sensaciones…Cada hebra una explicación. Veo al sabio, al amante, al conquistador de libertades, a mi verdadera vocación, a mi Creador, a mi sueño y me veo a mí: Realizado, vivido, con el don de mi cielo aprendido y ejecutado, con la enseñanza dada y con mi muerte explicada…Deshebra ese hilo, aprende y tu vida tendrá sentido.


sábado, 15 de julio de 2017

FLUYE EN MÍ...


                 Extiende su bruma la tiniebla y envuelve la mente, grita el aire un patético silencio, calienta mi cara el humo del cigarrillo y te imagino acostada, solo pensando.  A lo lejos ya clarea su ocaso el horizonte y una leve brizna de luna, asoma un tímido reflejo. Yo te pienso, cierro mis ojos y te siento, abro mis manos y en el destino marcado, veo tu dibujo. Pinto tu rostro y en mi entrecejo, te desnudo. El cielo te respira y abre su lluvia para que unas gotitas de tu aliento, recorran mi piel. Acelera la noche su manto y expira el Sol su puesta, fijo la mirada en una pequeña nube, le doy forma, cambio su color e imagino que suda. Una estrella, la más grande, vigila quieta, espera temblorosa en sus destellos y plasma una hermosa fotografía en mi Universo. Y en mi fantasía, se convierte en lienzo, fluyen carbones y dulces óleos, se pinta de música y ternura, huele a vainilla y sabe a miel…El destello atraviesa la nube, se uniforma el color, la silueta  es deseada y nace un rostro, ese rostro que un día escribí, el rostro de una ilusión, el rostro de mi sueño, tu rostro.
                Extasiado te contemplo y pellizcándome, en él me juro. No es un sueño, eres tú hecha mensaje por el cielo. No es una ilusión, es tu cara, iluminada por una estrella. No es una distorsión, son tus facciones perfectamente marcadas. No es distracción, es mi destino… Lanzo mi mano, te acaricio y siento una cicatriz en tu mejilla, esa cicatriz que siempre enseña el camino de una lágrima hasta la comisura de tus labios. Dejo un dedo de silencio en la mitad de tu boca y tu mirada se abre. Tus ojos transparentan y en la retina veo el escribir sin parar de tu alma, tu blanco es intenso  y en tu cristalino no hay ningún vaho. Avanzo mi dedo, recorro tu naricita y ya toco frente. Se detiene en tu tercer ojo y en pequeños círculos lo abrazo, lo excito y le doy el poder de sentirme. Tu boca se abre, los dientes afloran su pureza y tu lengua me manda una promesa. Absorto,  le pido al cielo que expanda el lienzo, al tiempo que lo detenga por siempre y al espacio,  que se llene de viento y lo haga infinito.
                La música agiganta sus notas, el mar salpica sus espumas y lo llena de sal, el cometa afila su cola y se llena con el polvo de mil estrellas, el relámpago ilumina escondidos rincones y espera el trueno su grito final. Mis ojos no dan crédito, la Luna tampoco y mengua su luz, las estrellas se convierten en ardientes ceras y chorrean por doquier. Se revientan las sábanas del cielo, cruje la cama del Universo y el lienzo se abre eterno. Llega un ángel y carga tintas, un sabio del Centauro, afila carbones, un plebeyo de Casiopea carga los aceites y el más bello de los Arcángeles, frota por todo su cuerpo el pelo de sus pinceles. La orgía celestial es inminente y la Luna en su menguante, empieza a crecer sin parar, el mar ya no sabe qué salpicar pero pone a bailar a sus corales y arrecifes, el dormido Sol no se atreve ni siquiera a chispear y el cometa arrecia su fuerza por todo el lienzo y le da vida. Se juntan las nubes, deshilan su algodón y se hacen seda en un gran velo. Tapan el lienzo y la emoción me cubre por completo. Los seres menores se divierten, el gnomo se convierte en pequeño y perfecto ombligo y veo como entra al lienzo. Dos hadas, campanitas de mis cuentos, adoptan  y contornean dos suaves pezones y entran al lienzo. Llegan elfos convertidos en dedos, mariposas en bellos vellos y un millón de rosas, seguidas por mil abejas sin aguijón, mil colibríes y mil hormigas. Cada abeja, copula el polen de mil rosas y es tal la intensidad que desprenden sus pétalos. Cada colibrí los toma y cada hormiga los junta en su nido y los transforman  en piel…Y entran al lienzo.
              El instante es sublime, el velo es recorrido y el trueno no grita, solo gime y gime y gime. Se asusta el rayo porque ese no es su trueno, ríe el Arcángel  y ante mí, aparece la pintura más genial que un cielo puede crear: tu cuerpo.
             Hierven los sentidos, el deseo es confusión en el escalofrío intenso de la pasión, el roce es querido por cada poro, la poesía tiembla y el mar ya no salpica. El vigor de hombre crece y crece, la garganta enchina su saliva, la tilde su multiplica pero no se atreve con el lejano verso. Mi cuerpo se abre en canal, las piernas vibran, se contorsiona el espíritu, el sentimiento enaltece su tinta y la boca se abre a la dulce lujuria por poseer cada gramo de tu piel. El instinto se rebela, el niño salvaje entra en tu selva y el lienzo se mueve. La estaciones se juntan, hielo en la distancia, calidez de fuego en el sueño, primavera en la esperanza y otoño,  al caer otra vez el velo y amanecer sin ti a mi lado.
            Deja que el cielo te pinte siempre en su lienzo y fluye en mí.


               

                

viernes, 14 de julio de 2017

EL ANZUELO...


                  Creí escuchar el trinar de un río al envolver sus piedras, el destello del artista sobre unas teclas de piano y el cruel estremecimiento de un pulmón por hacer cantar su gaita.  Creí  escuchar al viento esconder el tambor del trueno, al infierno crujir sus leñas y al cielo formar nubes de colores. Creí creer que sentía lo irreal, que una ilusión era abrazable y que el sueño de una imaginación se podía alcanzar. Y el pensamiento puso orden, el corazón coraje y mi alma blandió su espada.
                 Buscó el sentimiento esa aguja en el pajar de mi vida, esa afilada punta que se llena de  tintas y ahora me escribe, ese delgado metal que de tanto en tanto atraviesa mi corazón y sangra sus miedos…Ese punzante dolor,  que asfixia mi destino. No la encontró el sentimiento pero sí la perseverancia, la tomé en mi mano y la puse alargada sobre el yunque de la esperanza, la moldeé y le di forma de anzuelo. La trampa estaba lista, solo faltaba la carnada.
                 Saldré en busca del ser, de ese complemento que para mí escribió el Amor, de ese libro abierto que me seduzca…De esa canción, con forma de mujer, que me enamore.  Saldré y le diré al mundo que no estaba muerto, solo distraído en la posesiva fiesta de mi soledad, que en el reciente tiempo solo viví para mí y que a partir de ahora, mi poesía solo quiere hablar de ti. Le pediré a la Luna que cada noche refleje en mi espejo tu rostro, a las estrellas que contorneen con su luz tu cuerpo y lo fundan entre mis sábanas, al cometa que viaje más fuerte y me traiga tu aliento y al meteorito, que entre en mi atmósfera, que se parta en mil pedazos y bombardee sin cesar, el escalofrío que todavía siente mi cuerpo.
                 Arrodillaré la humildad de mi sencillez ante el espejo que solo tus ojos son capaces de ver, la pureza de mis sentimientos ante la primera lágrima de rocío de tu amanecer y a mi dulce ternura ante el intenso vaho que pintaré en tu alma cada vez que pienses en mí. Saldré en busca de mi felicidad y te encontraré, cruzaré mares y caminaré océanos, llenaré mis puños con las arenas de tus cercanos desiertos y mis sentidos,  del olor de tus cafetales. Les explicaré a mis consentidos acordes que ya envejecieron y que no caben en el nuevo pentagrama de mi vida, al recuerdo que de una vez se disfrace de olvido y al sereno de mi soledad, que de una vez tiré las llaves al caudal más profundo.

                 Abriremos el gran teatro del sueño, donde el telón es ilusión y la tarima puro deseo. Fundiremos cuerpos en pasión, cada acto será instinto y cada verso resbalará quedito en nuestra piel. Cada sudor será contado, cada gota exprimida y cada caricia, pervertida en cada línea de nuestras manos. El cuento vibrará, la leyenda se escribirá y la prosa de la compartida eyaculación, salpicará versos por doquier.  La música se compondrá, el equinoccio abrazará solsticio, la nube cambiará de forma a cada mirada y el juglar del amor brincará. La respuesta no encontrará su pregunta, se morderán  lenguas y los dientes lamerán, callará el tiempo y el espacio se pegará, el dedo recitará piel, el cabello estremecerá su beso y la poesía cantará…Lancé mi anzuelo, lo mordiste, fuiste mía…Y Dalí te pintó.


jueves, 13 de julio de 2017

EL VERSO DESAHUCIADO...


                    Un poeta dejó su verso en el fondo de una taberna, pegado a una sucia pared, encima de la barra. Desconsolado, arrastraba sus letras por la vieja madera. Hundía sus pies en el podrido aserrín y sus tildes, perdían fuerza entre tanto hollín. El humo del barato tabaco lagrimaba sus ojos, el irreverente grito lastimaba sus pequeños oídos y nadie le daba una copa que desecara sus labios. Se abrió la vieja puerta del oeste y la niebla entró. En ella creyó ver la cara de su inminente muerte pero el tabernero lo calmó y le dio tres gotas de su mejor whiskey. Lo abstracto abrió su teatro, el impresionismo gozó y aquel hombre le sirvió diálogo. El verso le contó su abandono, la dejadez de su poeta y la vergüenza que sentía en sus letras…Le contó su tristeza por no poder ser y la lenta agonía de su tinta. Miró con atención el tabernero como despacito se escurría y juntó cada una de sus gotas en el vaso más pequeño. Sonrió el verso y asintió el viejo desgarbado, le guiñó un ojo y se puso a limpiar su vieja barra.
                    Brincaba el verso entre humos y avinagrados aperitivos, brillaban sus comas, vibraban los puntos, las vocales gemían y las consonantes gritaban pero nadie lo escuchaba. El desgarbado, atendía a otros clientes, a los que si pagaban, el bullicio se hacía cada vez más intenso y apenas alcanzaron sus manitas para taparse los oídos. Sintió dolor en su cabecita y la intrínseca  definición de sus palabras, también se diluía. Y el verso se preguntaba: “¿Por qué me guiñó el ojo si ya no me atendería?¿Por qué por un momento lo sentí cómplice de mi abandono?¿Por qué? De repente de aquella añeja y podrida madera, salió una hormiga y otra y otra. Se consumó el ejército, la fila era india y más agujeros hacían. Sacaban aserrín y algunas sobras de comida pegada, patinaban en alguna gota y no paraban de orinarse, para que el olor las guiara y la fila jamás se rompiera. Enfrentó a la líder y rápido le contestó su mirada: “Nosotras solo trabajamos, a ti te escribieron para que alguien sintiera y nadie te sintió, te crearon en una emoción, en un momento de locura, pero eres pasajero y como tal, tu destino es morir” “¡Apártate, tenemos prisa, llega el húmedo trapo o el insecticida!”. El verso entendió, lloró, lanzó una humilde y triste mirada al tabernero, un ultimátum a la vida y un epílogo a su sentido.
                   Y llegó borracho el poeta. El recuerdo de su verso desahuciado, atacó de repente su vaga moral. Se acercó y el verso soltó un tímido aliento. El tabernero, absorto, observaba. El poeta descosido lloraba, lo tomó en sus dedos y susurró: “Sabía que no tenías sentido, te escribí en un sueño y jamás te pude alimentar, te creé en mi utopía y así morirás, siempre te extrañaré y en tus letras quizás un día, yo también falleceré”. Se fue el poeta y con él, la tiniebla de la taberna.
                   Corrió el hombre desgarbado, lo tomó en sus manos, le dio respiración boca a boca, le contó que en sus noches de soledad, también escribía, que lo llevaría a su casa y que lo reviviría. Abrió sus pequeños ojitos el verso y asintió. Su latido era tenue, pero una ilusión marcó el aire de su garganta. La taberna cerró puertas, aquel hombre cruzó sus llaves en la cerradura y caminó hacía su casa, con el verso en el bolsillo de aquella extraña camisa. Llegó, se puso cómodo, abrió el botiquín y arrancó de una bolsa, unos suaves algodones. Ahí recostó al verso, prendió tres velas y se sirvió una copa de un viejo y añejo tinto. Las gotas descolgaban por las paredes de aquel empañado cristal y el desgarbado, las tomaba con su dedo y al verso se las daba. La emoción era mutua, el tabernero lo sentía revivir y al verso, le gustaba aquel tinto. Los ojitos se abrieron, él observada quedito, ya respiraba intenso, él observaba impaciente, ya latía sangre, el observaba prisa…Y habló: “Hazme un favor, solo escríbete, porque ahora eres mío y te quiero tener”. El verso se levantó, con un pedacito de algodón limpió sus lágrimas, ordenó sus letras, sus comas y sus puntos. Puso cada tilde en su lugar, gimió y se escribió: “ El amor no es un sueño, el sueño es poderlo abrazar cuando llega. El amor no es una utopía, la utopía jamás será vivida. El amor es un fin, no un medio. El amor es obra del Creador y en él, nos realizamos…El amor ya está creado para ti, no lo inventes”.
                  Y aquel hombre, tabernero desgarbado y de buenos sentimientos, se enamoró de aquel verso. Lo estampó en todas sus paredes, en su mesa, en sus sábanas y debajo de la cama. Cuando terminó lo acogió de nuevo en sus manos y dado el permiso, lo escribió en su alma. A partir de entonces su vida cambió y se enamoró. Primero del Sol, de la Tierra y de su Luna, después del rocío, del viento y de cada pájaro…Y después, de la que ahora es su pareja, un ser que siempre estuvo ahí y jamás supo abrazar, un ser que por siempre  en él vivirá, que definirá su destino y que ya no tendrá por qué inventarla, pues para él fue creada.



          

miércoles, 12 de julio de 2017

NACÍ IRREVERENTE...


                      Desvaneció la nube su algodón, las estrellas se escondieron en otro mar, el cielo se quedó solo, el firmamento lloró y llovió vacío. No había olor, no existía ningún sabor que tocara labios ni mano alguna que inventara una caricia. Y el vacío creó un velo de nada y a él me aferré. Soltó la energía que siempre se transforma y en él volé. Atravesé el silencio de los colores, el plasma de una inquietante soledad y el intenso aire del viento muerto. El cuerpo era transparente y mis ojos lo miraban, el alma brillaba y mis manos la tocaban…Mi corazón latía fuerte pero no estaba.
                      Desapareció lo conocido y emergió el ansia del conocimiento, se arrugó el pensamiento y se abrió infinita la mente, murió la razón y mi conciencia se expandió en el Todo. Y el Todo era Nada y el viaje seguía puntual, sin tiempo. No caminaba el miedo sino la esperanza, no era el instinto quien gobernaba sino la eterna sabiduría cósmica. La inteligencia sideral, acurrucó mi forma y en posición fetal, pude besar mi espíritu. Atravesé la puerta de mi esencia y una cascada de palabras, llenó mi mente. Comprendí que yo era Todo, único, excelente y con el poder heredado de mi Creador. Entendí que no hay más religión que la que no es invento del hombre, que no somos ilusión sino el gran sueño de la Creación, que una lágrima vale oro si sale del alma, que una sonrisa es basura si nace de la hipócrita fingidez  y que el pecado es la sublime y miedosa burla de mi raza…Un castigo lleno de pena y sin misericordia alguna, un castigo de pobres y un reto de ricos…Un negocio de la desigualdad.
                      Entendí y el viaje siguió. Mi velo empezó a oler, los ojos a mirar el agua del  nacimiento, los labios acercaron a mi lengua un raro y exquisito sabor, las manos empezaron a tocar el terciopelo de una música y mis oídos lo escucharon. Se entumecieron los dedos, agrandaron huellas y se enredaron en un gran cordón umbilical, un cordón forjado en hilos de plata, con piel de cuarzo y con destellos de corales y negras amatistas. Desintegró el velo su consistencia y fuerte,  me até al umbilical. Enredó todo mi cuerpo y tenaz se apretó en mi garganta, la falta de oxígeno desvanecía mi ya corta conciencia. Por primera vez, sentí miedo, me sentí humano…Me sentí morir, antes de nacer.
                     De repente el inconsciente vibró, vi a mi ego germinar, a mi nuevo corazón latir y a mi madre llorar. La intensa luz me sacó del agua y un montón de guantes me recibieron, les dí un par de lágrimas para que se calmaran, escupí mucosidades y me dejé abrazar. Escuché trivialidades, dejé que me pusieran en una horrible cuna, medio reí para que mostraron su idiotez y en mi primer sueño, de tanto en tanto un pequeño gemido les canté, para que me dieran de un excitante comer. Yo, esta vez, nací entendido, por eso…Nací irreverente.