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jueves, 19 de mayo de 2016

PIEL INDÍGENA


       Desperté, abrí la ventana de mi amanecer  y el viento llenó mis pulmones del aroma de tu café. Recorrí con mis dedos el rocío pegado a los cristales y sentí la melosidad de tus labios. El horizonte se llenó de las luminosidades del relámpago y escuché los tambores de tu pueblo.

      Piel atigrada que arrancaste el sol de tu tierra y lo convertiste en perfume de ángeles. Osadía de mujer que desafías día con día las tradiciones del tiempo, ojos que invaden de canela mis sabores  y escriben las hazañas de una raza,  con su grandeza.

      Literatura nacida entre ancestrales lenguas  y furiosos volcanes, idioma que hablas de extrañas emociones y exaltas las virtudes de tus selvas. Razón de ser que guardas las llaves del profundo y antiguo conocimiento en tus canciones. Bendita alma nacida de los jugos de los dioses, tersa mujer que en tu dolor pariste el fuego de sus olimpos.

      Miel de raras vainillas y exótico ámbar de históricas resinas., suave ternura que amamantas las tradiciones de nuestra vieja tierra y sufrimiento de estirpes por volver a ser. Todavía tus brazos acarician las mágicas raíces de tus brujos y chamanes, aún tu fragancia entrelaza olores a cacao y dulces dátiles, todavía tus cabellos mecen sus noches sobre grandes hojas de plátano que abrigan tu cuerpo en la hamaca de tu luna.

       Resplandor cobrizo que insultas las arrogancias de nuestros orgullos, valentía fundida en el carbón de tus montañas que retas la inmovilidad de las “inteligencias” de algunos políticos, maestra del arte y la poesía que llenas esta tierra con la música del universo, dura imagen de la supervivencia que retratas los límites de la humanidad en cada uno de tus versos.

       Malinche escondida entre rabias y envidias, deseo de mujer que excitas sueños y abres el camino de la tolerancia en cada una de tus lágrimas, piel indígena que das color a los desconocidos paisajes del profundo erotismo…Piel indígena que noche tras noche haces el amor con la naturaleza y permites que sus gemidos abracen nuestras ilusiones.