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jueves, 29 de septiembre de 2016

MEMORIA DE VIDA


         Engreída memoria, putrefacto baúl que día con día retas mis emociones, cicatriz de vida y silencio de mis deseos.  Te guardé un atajo para que en él, camines tus recuerdos. Insulté tu permanente orgullo para que tu rencor,  no destile más hiel en mi corazón. Medité despacio tu osadía y comprendí  que nunca podré arrancar los miedos que siembras en mi alma.

         Llegaste con el permiso del cielo, enraizaste tus neuronas en mi cerebro y fotografiaste mi vida. Demandaste supervivencia y te di oxígeno, reclamaste espacio y el Creador te dio eternidad. Envolviste ajenos y superfluos sentimientos en tu archivo, vengaste imágenes cada vez que cerré los ojos y envenenaste mis oídos cuando no quise escuchar.

          Inmortal memoria que tratas por igual a pobres y ricos, a intolerantes y a los poetas de la libertad, a sabios y a los homicidas de nuestra sociedad, a solitarios y a los amantes de la concupiscencia. Memoria que eres letal cuando afilas los ganchos de tus garfios, que resplandeces tu belleza entre las sombras de la nostalgia y que pones cada noche, tu ruleta rusa en mi cabeza.
        
          Despiadada memoria que rompes las reglas del querido desconocimiento, infiel maraña de neuronas que desafías mi destino en tu reflejo, maldita suerte de virtud que engañas la experiencia con la fuerza del remordimiento. Permanente memoria de vida, te confieso que a veces quisiera atraparte entre mis puños  y exprimirte hasta que tus gemidos ericen mi alma.