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lunes, 19 de diciembre de 2016

ENTRE TURRONES, UVAS Y BURBUJAS...


          Sentí la noche cerrada entre los ecos de la melancolía. Vi pasar una vez más la nostalgia de un año vivido, de un año caminado entre las nubes de los sueños…De un año que ya escurre su agonía en los fríos de sus recuerdos.
          Rasguñé la esencia de mi pereza y puse los pies a trabajar, la mente a repasar y dejé que los sentimientos de “ un mundo mejor”  se escribieran solos. Cargué mi mochila, prendí mi cigarrillo y decidí mirar calles, observar vidas y callar mis vicios de soledad.
          Despilfarro de luces y colores, calles revestidas que gritan la urgencia de un próximo voto, cohetes y pólvoras que nacen en la ignorancia de nuestros impuestos…Oscuridades que pasamos a su lado y no vemos, pobrezas que no alcanzan a pagar el sutil papel de un recibo y están sin luz… Ya nuestras manos no sienten las incesantes quemaduras de esas maltrechas ollas, de esas ollas que no alcanzaron un aguinaldo que las llenara de alimento, porque vivimos en el lado ciego de un mundo que es más que la riqueza que día con día nos muestran, que es más  que el falso glamour que nos venden en revistas y periódicos, que es más que lo que aparenta el vecino, que tardará seis meses  en pagar su hipocresía y  en ver que no le sirvió para nada. Porque el mundo en el que vivimos, el verdadero mundo…Sufre cada día para comer, sueña cada noche en una esperanza y su Navidad es sentimiento, el sentimiento que nace de la pureza del corazón  y nunca muere en la eterna energía de cada una de sus almas.
        Compramos un mundo y nos engañaron, pero no hay derecho a devolución. Queríamos un mundo de amor y paz, un mundo donde la tierra se conectara con el cielo, donde el mar abrazara el dulce derritir de las nieves y donde las montañas desafiaran su hermosura solo con el viento del universo…¡ Nos engañaron!...Nos lo llenaron de sangre, atentados por doquier, muerte y soledades que ni siquiera conocemos su razón…Racismos desquiciados, locuras soportadas por leyes que ni siquiera escribimos, fundamentalismos que rayan esquizofrenias colectivas…Un mundo donde el ladrón que te roba la cartera en el metro, es lo mejor que te puede pasar.
        Reflexionemos la razón de ser de la Navidad, una razón que se hunde en la mediocridad de las religiones porque el poder político y económico ya las venció. Una razón que sobrevive porque existe una burbuja llamada familia que todo lo puede, que todo lo une y que en su abrazo esconde miedos y apaga infiernos. Cuidémosla, porque tiende a desaparecer. Y  somos nosotros los que poco a poco la sometemos al silencio del olvido, porque en el juicio queremos ser juez y parte, queremos ser razón y dominio…Queremos ser y no dejamos ser.  Es entonces que nos llenamos de divorcios, extrañas uniones, querencias que rayan lo sobrenatural, amores que van y vienen…Y cada Navidad esa familia, esa familia es diferente y por lo tanto, distinta en sus fundamentos. Poco a poco pierde vitalidad, año con año reinicia sueños y en Navidad sabe, que solo las cenizas del tiempo perpetuarán un recuerdo que en su olor, recita olvido.
        

         Por lo pronto, voy a disfrutar de mi turrón y de mis doce uvas sumergidas en las burbujas de la esperanza, de una esperanza que nació sin semilla…De una esperanza que agoniza en nuestro mundo.  Mi deseo es que el próximo año, sea algo más que tiempo, un poquito más que un sueño y mucho más que la paz que nos quieren vender… Un propósito de año nuevo: Escriban, lean, reflexionen, amen en la profundidad, sean mejores y quizás nuestro mundo cambie y lo podamos vender sino,  nos tendremos que quedar con él. Feliz Navidad y próspero 2017, con todo mi corazón un abrazo.