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martes, 27 de diciembre de 2016

NO NACÍ PARA ESTO...


             Nunca quise nacer para tener un corazón roto, nunca quise vivir un desamor…Jamás pensé que soñarla, sería perderla y amarla, solo recordarla.  No creí que el olvido doliera y duele, no imaginé la soledad y ahora la tengo, no creí que la memoria fuera tan poderosa y la siento eterna. Si buscar una explicación es refugiarse en los miedos, mejor cierro los ojos y distraigo mis sentimientos. Si envenenar con su recuerdo mi tiempo es perderlo, mejor cierro la boca y dejo que las palabras duerman en el silencio. Si llorar por la música que pegó a mi cuerpo es suicidio, mejor cierro mis oídos y dejo que cualquier viento se lleve sus acordes.

             No nací para ser testigo de una traición, porque nunca lo merecí y cuando la sentí profunda…Solo escuché el desgarrador grito de mi corazón, el eco que tronó mi alma y una lágrima que hirió mi mejilla por siempre. Mis dedos se convirtieron en lápices y cualquier cuerpo en papel, llené noches y noches de lujuria despechada, confundí los deseos de mis salivas en el dulce alcohol y el incesante humo de mis cigarrillos, no daba tregua a mi respiración.   
        

             Tomé de la mano mis cuchillos y desafié cualquier aire que osara entrar, limpié las telarañas de la inocencia y en ella sembré la semilla de la desconfianza, limpié la transparencia de mis ojos y los revestí con los oscuros lentes de la malicia, me reí del pecado y prometí venganza a la vida. Compré cariño y recibí frías caricias, envolví mi corazón en puro acero y nadie lo pudo atravesar, ahogué el entendimiento en copa tras copa y cuando mi alma dijo ¡Basta! Dormí mi vida por cuarenta días y cuarenta noches y me sentí Dios…Porque Él estaba en mí y fue el único que detuvo mi degradación. Gracias, porque yo no nací para esto.