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viernes, 20 de enero de 2017

AMOR INTESTADO


            Amamos, prometemos, soñamos…Y cuando la despedida cruza nuestra puerta, ni siquiera un testamento dejamos:   Una eterna caricia, de esas caricias que recorrían nuestra piel cuando nos conocimos, el sonido de una carcajada saliendo del cine, el sabor de aquella cena que enamoró nuestra noche con su romanticismo, aquel baile que arrancó sensualidades escondidas o simplemente el recuerdo de ese olor a café en aquellos abrigados amaneceres. No tenemos el detalle de dar o de quedarnos con algo…Solo la obligación de un pronto olvido y un abnegado deseo por repartir esas culpas, que siguen  escribiendo remordimiento  en nuestra memoria.
             Nos convertimos en audaces cazadores de sombras y en perseguidores de unos sueños de libertad, que apenas estamos sembrando y apresuramos en su cumplimiento. No queremos pausas, no queremos reflexión…No queremos el abrazo ajeno y ni la misericordia del amigo, solo nos convertimos en vacíos existenciales caminando entre las piedras de ajenas incomprensiones. ..Y lloramos porque no nos dejaron nada. El recuerdo es vago y la soledad se hace eterna. Llega la desidia a componer nuestro abandono, viajan las viejas ilusiones por el túnel de un tiempo que ya no es nuestro y en el afán por abrazar nuestra destrucción, soltamos los miedos para que bailen en ajenos infiernos.
              Si te aman de verdad, dejarán huella, sino olvídala…No valía la pena. Y tú, si amas, ama con el alma y sino, mejor deja que alguien lo haga. Porque en la pureza del amor no vive la mentira, no existe la mediocridad, no se abraza con hipocresía y el egoísmo nunca es bandera…En el amor hay que dar y reivindicar generosidad, tienes que respirarla y exhalar lo profundo de su aliento, tienes que escribir día con día tus deseos en su corazón y conseguir que su alma necesite tu pasión. Solo así tu amor no será intestado, porque aún en la despedida, siempre estarás.