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domingo, 19 de marzo de 2017

EL BAÚL...


             Sé que hoy abriste ese baúl, ese baúl que guarda nuestra pequeña historia juntos, ese baúl lleno de sueños incompletos e ilusiones perdidas entre las telarañas de su madera. Sus clavos ya muestran la herrumbre de una perdida existencia, sus herrajes son fríos y torpes, su madera  ya no reconoce la tinta que un día la barnizó y escupe aserrín por los poros de su silencio.
             Lo miraste por fuera y engulliste saliva tras saliva en su interior, temblaban tus dedos en el sudor de tus manos, pestañeabas ese viejo amor y en tu memoria empezaron a vibrar las neuronas en el recuerdo de aquel baile de vida. Una y otra vez mordiste tus labios, una y otra vez el escalofrío preñaba tu piel y una y otra vez perdías tus ojos en encontrados olores de una distancia que jamás se acortó.
             Sentí cuando tu lágrima cayó sobre mi cara en aquella foto. Leí tu pensamiento y en el interior del alma, allí donde todavía guardo tus versos, sentí mi poesía arrugarse, sentí como entraba en tus puños y sentí como caía sin vida en la oscura alcantarilla del desecho. Y fue entonces que sentí el gemido de mi corazón, el dolor en mi pecho  y la estaca de aquel abandono, clavada en mi espalda.

             Se reveló la luna, embraveció mi mar, gritó desesperación el viento, enfureció el rayo y devastó música el trueno. El cielo ocultó sus ángeles, el miedo encendió infiernos y la esperanza se convirtió en ácida lluvia. Bailaron las brujas y aullaron los lobos sin luna, las serpientes regalaron su viscosidad al sueño, los caminos borraron sus huellas y el destino se detuvo. Vió el mundo el fuego en tus manos, relinchó el aire en aquella chispa y murió  el sentimiento al quemar nuestro baúl. Tu osadía pintó pecado, pero tu ignorancia se estrelló en el muro de mis estrellas. Tu maldita obsesión por olvidarme, despertó mi Sol y el cielo abrió su azul, a cada ángel le dio su arpa y a cada reflejo de Amor su luna. Recogió en sus brazos mi maltrecho cuerpo, tocó mi corazón con su intensidad y volvió a latir con más fuerza que nunca, le dijo al viento que poseyera mi alma y volé más alto que el águila real, besó mi memoria y la llenó con las cenizas de aquel baúl, mordió mi lengua y escribió en mi palabra: “El olvido, es solo para cobardes”.