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viernes, 5 de mayo de 2017

CAMINOS DE VIDA...


                    Hubo unas y quizás otras, viví una historia y quizás sea difícil no recordarla, me secuestró un destino que jamás quise escribir y por eso mi corazón en cada latido, soltaba una lágrima. Sentía mis pies caminar sin una huella dejar, porque sus pisadas no eran firmes, solo eran llevadas por ajenos vientos. Crucé mares, buscando una razón que explicara mi existir, llené cicatrices de arena en desiertos que por calientes, solo quemaban mi alma y cuando por fin el refugio de la soledad abrazó mi silencio entendí el profundo sentir de la reflexión, del íntimo conocimiento y aprendí, a escribir un sueño.
                   Mientras escribía, dejé que los miedos fluyeran, que las emociones brincaran páginas, que los sentimientos jugaran en el laberinto de un imposible amor y que las ilusiones empezaran a tomar forma. Respiraba después de cada punto y exhalaba los suspensivos. Dejaba que la música pusiera las tildes y entre copa y copa de tinto, besaba mi nueva historia. De mil maneras dibujé un rostro, unas manos, unos ojos y unos labios…De mil colores pinté su alma y cuando el lienzo ya resplandecía hermosura, escuché a lo lejos un latido, ese latido que empezaba a bombear sangre en mis versos, ese latido único, ese latido que solo era para mí.
                   Corrí a la puerta de mi nueva vida y ahí estabas. Hermosa y bella, no hubo explicación, no existió duda, vivió el beso, sonrió la mirada y mis entrañas se vistieron de esperanza. No hay una estrella en el cielo capaz de hacer brillar mi historia como tú, no existe una nube con tanto algodón en sus brazos ni una Luna que refleje con tanto amor, el escalofrío de mis sentimientos como tú.  Froté mis ojos y ahí seguías, me juraste y te juré, me esperaste y te esperé, me vestiste de ternura y te recubrí con mi dulzura, me regalaste tu alma y en ella, día con día escribo este sueño, este sueño que por tanto tiempo  tembló tintas en mis dedos, arrancó tiempo a mi soledad y rasguñó una y otra vez mis ceras, hasta chorrear lágrimas de nueva vida.
                   Caminos de vida, caminos que dejamos que vayan y vengan sin escribir su dirección. Caminos vacíos que no penetran huellas, caminos que solo respiran el polvo de la ignorancia, la desesperanza y el conformismo. Escribe un sueño en tu camino, déjalo crecer en incontenible anhelo y cuando la ilusión tome tu alma, sentirás ese latido, que por siempre te esperó.