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martes, 2 de mayo de 2017

MIAUUUUUUU !!!!!.....


                 Dicen que a veces la luna se viste de largo. Es un vestido rojo, de púrpuras reflejos, hecho de las más finas sedas y caros algodones. Cuentan que así es, cuando la noche se embriaga en la fiesta del cielo. Apoteosis de luces y colores, derroche de burbujas y chocolates, baile de fresas y vainillas y contorsión de vientos hechos miel.
                 Danza de frescas y esponjosas nubes, explosión de mares cósmicos y encogimiento de negros agujeros. Nuevas y enanas, constelaciones y galaxias, colas de cometas arrasando polvo de estrellas por doquier, viento de laser desparramando vida hasta los confines del Universo creado, ángeles llenando vacíos y demonios escondidos en los más profundos infiernos.
                 Respira el último reflejo del Sol y exclama una pequeña poesía a su hermosa Luna: “Preciosa gatita, esta noche esconderé mi Luz, dejaré que el mundo duerma y me convertiré en el gato de tus sueños. Caminaré calles y tejados, saltaré oscuras estrellas, escribiré mi leyenda en cien bares, descubriré las letras de tus noches y dejaré que el cielo nos enamore”.
                 Dicho esto, el Sol se puso su gabardina y el sombrero de piano, ese sombrero que le robó a Humphrey Bogart. Invitó al saxo a la primera copa, a la guitarra a la segunda y a las trompetas, hasta morir en brazos de su Luna. No fue fácil, atravesó ese tubo de bares y cantinas y una tras otra llenó su hígado, una tras otra envalentonó su orgullo y una tras otra fue escribiendo un pedacito de sueño.
                 Llegaron sus venas al clímax de tanto alcohol, despidió a las trompetas y contrató un mariachi. Cantó y cantó, lloró y rió, desafinó y bailó. Y la resaca llegó, el amanecer tocó su puerta y el mañanero se antojó. Esperó…

                 Poco a poco la Luna bajó y subió el Sol. El horizonte se estremeció y el mar se arrugó. La copulación vivió y la Luna inventó un último gemido: ¡MIAUUUUUU!.