Translate

martes, 16 de mayo de 2017

MUJERES, VAMPIROS Y OTRAS BELLEZAS...(PARTE 1)


             Dicen que cuando una mujer dice que “no”, es que quiere decir que “si” y no es cierto…Cuando una mujer dice “no”, es “no”, solo que está buscando una respuesta para quizás cambiar de opinión. Es como el viento cuando cambia de dirección, no es porque quiera, sino porque el cielo cambia las condiciones a su alrededor. Cuando un hombre dice “si”, la Luna se ríe, el Sol quema y los instintos son razón…Y cuando el pensamiento vence su agónica ignorancia, no sabe porque dijo “si”. Es como el rayo que espera su trueno, a veces suena, a veces no y no sabe porqué. Dicen en mi pueblo que las brujas no existen pero de haberlas, haylas. Dicen que los vampiros se quedaron en negras leyendas leídas en tormentosas noches, pero que la sangre no solo corre, también hay quien la bebe.
         En un pequeño pueblo, tras unas montañas que desde aquí no se ven, vivía un tierno niño. Y era tierno porque así se llamaba. Un pueblito sin prisas, con su río y encantadores arroyos, Solo el padre de la parroquia, respiraba inquietudes y amenazaba tiempo. Nació nuestro niño y comentó su madre “es tierno” y el párroco más preocupado por sus diezmos que por salvar almas de quien sabe que inventados pecados, así lo bautizó.  Tierno estaba marcado, dos firmes lunares tatuaban su cuello. Creció y crecieron. Vivió y distinguió cada día más su galanura, su educación y su profundo respeto por los demás. Solo era diferente y en su distinción lo buscaban vírgenes y no tanto, jóvenes y maduras, independientes y afligidas doncellas. Todas querían ser la primera en poseer su preciada piel y en besar sus lunares. Pero Tierno buscaba algo más, alguien diferente, alguien que le diera lo que realmente necesitaba, alguien que le regalara su sangre. Sufría por ello y no sabía porque. Estudió, escondió sus noches en letrados conocimientos y lloró bajo cada Sol que conoció. Se sentía cómodo bajo tinieblas de Luna, entre tenebrosos bosques y compartía anhelos que no entendía, con lobos y rapiñas. Tampoco lograba desgranar su historia pues le parecía haber vivido cien vidas. Tierno era un vampiro y no lo sabía.
          Hombres y mujeres lo buscaban pero en sus lecturas sobre bisexualidad no se hallaba cómodo. Tenía razones para pensar que la belleza y la hermosura eran cautivas de una mujer, pero también el vigor de un hombre en su mirada, lo excitaba. Noche tras noche masturbaba su sexualidad, potente en imaginación y sublime salpicador de sábanas, callado y pausado en su relajación, emotivo e intenso en su adicción, dibujador mental de vaginas y pezones, pintor de voyeristas y masculinas erecciones, contorsionador de realidades y soñador de ajenas humedades. Su pene era bandera de amante sin dueña ni dueño, sus dientes apretaban fuerte los labios del orgasmo y sus piernas temblaban en cada eyaculación. Promiscuo y pasional, Tierno se amaba y no entendía a quién, porque no se conocía. Debía amar a un hombre, tenía que amar a una mujer… (Continuará).