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viernes, 30 de junio de 2017

LÁGRIMAS DE UN DESEO...


                       Un día vi unas lágrimas llorar y busqué, indagué, miré alto y descubrí que del cielo venían.  Le pregunté al viento y no contestó, reté a una nube y se evaporó, tapé el Sol con un dedo y se hizo más chiquito, intenté mirar de frente a la lejana estrella y desapareció.  Entonces comprendí que debía preguntar dentro de mí, en ese espacio que existe entre el corazón y el alma, en ese espacio donde los latidos se funden con las ansias y la sangre con el deseo…Ese pedacito de libro en blanco, que mantenemos vacío y que solo la soledad, se atreve a escribir.
                      Y recordé aquella noche que fijé la mirada en la desesperación, aquella noche que mi piel la necesitaba, la noche en que mi Luna gritaba distancia y la sabia Tierra enfriaba mis pies. Recordé una promesa de amor, un juramento de pasión y el desafío de una sinrazón: “Noche que alargas los pétalos del amanecer, crueldad de vida en la intensa existencia del sentimiento, nostalgia hecha con música de ponzoñosos acordes que no dejas que el oxígeno de su amor llene mi corazón. Noche que dibujaste imaginaciones de dulce entrega, de sensual posesión y de un calculado erotismo, pactado en nuestros sueños. Porque hoy tenías que ser mía, mostrar la tersura de tu espalda ante mis manos y la belleza de tanta ternura ante mis ojos, dejar que tus labios siguieran mis instintos y que tu boca guardara húmeda la esperanza de mi deseo. Esta noche tenía que ser tuyo, abrigarte de cariño, sentirme esponja en tu baño y algodón entre tus sábanas. Todo tuyo de principio a fin, desde el primer beso hasta el último suspiro, desde la primera caricia al gemido del amanecer, desde la primera palabra hasta el éxtasis de nuestras almas y desde el primer deseo hasta la copulación de la infinita pasión. Pero hoy no serás mía ni tampoco yo tuyo, el destino no cruzó caminos, el viento no enredó nuestros olores, la Luna ordenó y el mar se calmó…Y el cielo, el cielo se equivocó…¡Cielo que das y quitas vida, que cambias de color y mueves a tu albedrío los días y las noches de amor! ¡Cielo que juegas con los atardeceres y pegas ocasos en diferentes horizontes!¡Cielo que eres naturaleza y por tanto, maravilla y ternura, canto y agua, abrigo y sal…Llévate mi deseo, este deseo que rasga mi corazón y subleva el alma, este deseo que abre mis arterias y arranca malos sudores en mi piel, este deseo tan intenso que mis tintas ya no se atreven a escribir!¡Llévatelo, porque ella no está!”

                   Firmé una carta a la desesperación, un epílogo a mis sentimientos y le dí cárcel a mi corazón. Arrugué mis palabras como papel maltrecho y las tiré a la basura de la ignorancia y el profundo despecho. Pero el reto había sido lanzado, el cielo se llevó mi deseo y hoy cuando lo miro, recibo su poesía, su recuerdo y de su alma, solo caen lágrimas.