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viernes, 18 de agosto de 2017

TOCARON, UN PEDAZO DE MI ALMA...


                  Tristeza profunda, impotencia bañada en sangre, rencor entre sienes  y angustia que revientas vientres.  Miedo que cabalgas entre las ubres de la inseguridad, fango religioso que haces del ateo un Dios, mente perturbada que posees vidas que no te pertenecen, beso de Judas a la humanidad que llenas de tu hiel nuestra libertad.
                  Naciste etéreo de un esperma del diablo, creciste escondido entre las enredaderas del odio, viviste ignorante porque jamás viste un árbol crecer y ahora que tu saliva rebosa pegada en la espuma de tu lucidez, tomas vidas, deshaces sueños, desgarras almas y decides destinos que en tu idiotez, jamás alcanzarás a comprender.
                 Tu imagen es distante, tus ojos solo miran vacíos, tu boca respira seca y tu alma yace secuestrada en los colmillos del  infierno. Tu palabra no tiene letras y en los suspensivos puntos, tu corazón muere. Tu dicción no es idioma sino el estúpido versar de una maldita conciencia mal educada, tu pensamiento no razona,  tus manos no tocan y tus dedos, solo hieren. Tu piel no ama, solo suda la tensión de la muerte, tu cuerpo no existe pues solo espera la explosión de un cinturón de muerte y destrucción.
                Quizás tu error fue haber nacido. Quizás nuestro error, fue darte un pezón para que vivieras. Quizás el día que mueras, cien vidas, crecerán en paz, tendrán sueños y en su muerte no te recordarán… Quizás hoy seas las más grande vergüenza que cualquier madre haya parido, quizás mañana, solo seas parte de la ceniza de nuestro olvido.
                Hoy, el silencio se convirtió en tarde y la noche en terror.  El tren de la muerte se detuvo en mi estación de vida  y un fundamentalismo equivocado brincó la razón de mi ser humano. Ven, siéntate, habla conmigo y te explicaré: Alá no te espera, pues en su amor no intercambia vidas por otras. Alá piensa más allá de ti porque tu vida no es más importante que las que quitaste, Alá es luz y tú solo una simple explosión de cuerpo sin más y sin menos. Alá despierta cada mañana, se regodea en su obra, besa sus ocasos, dibuja lindos amaneceres  y  te desprecia porque tú, solo eres una marioneta de alguien más, de un alguien que no cree en Él, de un alguien que piensa para manipular, escribe para la ceguera del inmaduro y canta falsas ternuras para las sordas conciencias de la inquietud y la sinrazón de una amarga soledad oculta en el narcisismo de su inventada religión. Alá en su edén, tiene hombres de paz, mujeres que luchan palabras y desiertos que acarician dunas. Alá es Dios y tú un simple hombre. Alá es luz y tú, una sombra más en la página de un Corán mal entendido y que nunca has leído.
                Vejaste, maltrataste, asesinaste y desvirgaste a mi Barcelona. ¡Cuidado! Diste el primer paso y nadie te dio la mano. Tomaste vidas que no te correspondían, sin derecho arrancaste almas, con premeditación y alevosía quisiste sembrar miedos a mi pueblo…Pero debes saber, que ahora somos un millón los que paseamos por “Las Ramblas”, que no tenemos miedo, que la historia de nuestra raza es diferente a la tuya y que en tu velorio estarás solo, tan solo, que ni un buitre será capaz de comerte, ni un sapo gozará escupirte y que ningún grillo cantará una de tus noches en tu supuesto paraíso.
               Barcelona es única, Catalunya es cielo, las Ramblas un símbolo de amor, paz y globalidad. Cada día mil naciones pasean y acarician su piel. Cada día en su calle se escriben versos, anécdotas y viejas charlas de café. Cada día el amanecer es diferente, el ocaso sugerente y las extrañas pisadas dibujan huellas y destinos que escriben poesía en las venas de esta hermosa ciudad. Entren a la leyenda, beban el agua de Canaletas y en su fuente, regresarán a nuestra hermosa Rambla por siempre. Catalunya vive, Barcelona respira y La Rambla vibra universo como nunca.

               Tocaron mi corazón, el corazón de mi Barcelona…Tocaron, un pedazo de mi alma.


miércoles, 16 de agosto de 2017

PRECIOSO AMOR...


             Precioso amor que lejos de mi vida estás, abrazo de cuerpo que no te atreves con la desnudez de mi alma, verso sentido imposible de escribir, molino de agua que das fuerza a una luz que mis ojos no alcanzan a mirar… Pleitesía robada, escondida y refugiada en un corazón que todavía mis dedos no alcanzan a tocar.
            Precioso amor narrado en leyendas y soñado en utopías, calostro de cielo que no te dejas mamar por mis labios, cera fundida en la ceniza de una ilusión, misa de solitarios herejes que arrancan del cáliz la ostia de la esperanza, música para los poetas y pan para el mendigo que busca su maná de luz…Diamante aterciopelado, veta de oro para los sentimientos y cruz de mármol para los que por ti mueren.
           Te busco, te deseo y cuando te encuentro te quiero tocar y no puedo. Te idolatro, te escribo te reflejo en mi Luna y cuando amanece miro espejos que solo retratan mi soledad. Cien arrugas de solitaria pasión enredan mis sábanas, la noche fingió humedad, la cabecera viste orgullosa el rasguño de una uña y mi almohada yace triste y deshilachada. Un pequeño pájaro canta y el nuevo rocío no se atreve con mi ventana y empaña una gota en mis pestañas. El día tiene prisa, el café se hace solo y el pensamiento pide una fría ducha. Sucumbe el puño al anhelo, se prende el cigarrillo y el nervio invade vientre. Sofoca el labio su boca, desenfrena ansia la necesidad de una ternura, la emoción imagina caricias y el don de amar, espera un amor precioso capaz de abrazar.
          Vibra el sueño, el amanecer transforma su horizonte en ocaso, el druida alquimista inventa una magia, el brujo dicta ¡Aquelarre! y el Universo baila la fogata del profundo deseo. La Luna se deshace completa en miel, los árboles en varas de exóticas vainillas y siete cálidos mares funden los icebergs de la distancia. El río envuelve en espiral su montaña, un océano se convierte en piel, un desierto en cabellos de ángel  y siete selvas, en notas de pentagrama. El buey se deshace de su yunque, la jirafa acorta cuello y muerde pasto, el mono mira sorpresa y el búho no tiene cuello que gire, el topo come nubes y el águila perfora abisales cuevas. Se transforma el sentido, lo enseñado en precario y vive la hermosura en el otro lado. Porque si escribo lo que veo al revés, si pienso lo que percibo de otra manera, si huelo por la boca y miro con mis oídos, ese amor precioso estará conmigo. Si bebo cuando como, si exhalo cuando respiro, si escribo cuando leo, si pienso cuando duermo y si amo cuando estás, ese precioso amor estará conmigo.
          Amor precioso, amor que te vistes de verso cuando mi sentimiento escribe, de Luna cuando mi noche expira y de rocío cuando la desnudez pisa mi jardín. Amor precioso, amor que me regalas sueños, que erizas mi piel sin estar, que humedeces mi cama al pensarte y que convenciste al viento de mi cielo, para que me acariciase por tí. Amor precioso, amor que vives en el instante, en el forcejeo diario de un trabajo, en la soledad de mi ocaso y en la reflexión de mi poesía. Amor precioso que solo por tí arranco las venas de mis letras para que su sangre fluya y arrodillo mis bruces al espacio para que deje de existir la distancia. Precioso amor que sueltas mi imaginación en su libertad para que tu brillo me deje dormir pero en su diálogo me da razón, enchina su virtud,  y se rebela, porque solo vive trepada,  entre los pétalos de tu alma.
            Precioso amor, diamante de mi vida…Cortaré fina y elegante una de tus aristas, de ella un espejo eterno haré y en ti siempre me reflejaré, en mi vida te lucharé y aún en mi muerte, retaré al frío mármol con el deseo de una de tus caricias. Porque en ti, infinito escribiré y en la erección de mi último aliento, un postrero verso te recitaré.




martes, 15 de agosto de 2017

UN ALMA Y EL VIEJO TINTO...(UNA METÁFORA)


                 Vi un alma disfrazada de copa, de bohemio cristal y hermoso pedestal.  Su puesta mostraba ingenuidad, su elegancia respiraba educación y su firmeza, seguridad. Caían en ella añejos tintos pero ninguno descolgaba gotas, se repetían en su afán y en el abrazo de aquella copa se avinagraban y perdían color. Una vez, un tinto analítico, quiso encontrar una respuesta. Se dejó caer muy despacito, pidió un momento de aliento y dejó que unos pintados labios lo probaran.  Midió el silencio de aquella boca, atento la miró y cuando se creyó ganador, una escupida gota de bilis lo empañó y se avinagró. Un tinto fresco, joven y juguetón se atrevió, brincó en cascada y salpicó con su energía aquel cristal. La copa con él jugo, poquito tembló y una que otra caricia le dio. El inexperto vino cedió y  en sus carencias se desnudó. Vió la copa su corto bagaje, su bajo precio y lo desechó. Lloró el inmaduro tinto, se sacudió de aquellas perversas caricias, abrió una vieja  barrica y entre sus posos se durmió.
                 Pasaron cien años. El alma seguía viva en su disfraz de copa y los tintos perseveraban en terminar con el supuesto embrujo. Para ella no pasaban los años, erguida y hermosa, sensual y seductora,  embriagaba con su ternura. Caían y caían los más audaces caldos, los desnudaba, les daba una ilusión, los avinagraba y los vomitaba.
                Un día aquel joven tinto, salió de la barrica. Elegante y bien embotellado pasó a iluminar una fina cava de un prestigioso restaurante. A su lado, un poquito más arriba y colgando perversos hábitos, aquella copa. Sus más de cien años marcaban en su etiqueta un excelso sabor, un curtido color y un precioso bouquet. Pero también en tanto tiempo, pensó, reflexionó y premeditó con alevosía un asalto mortal para esa copa, una copa que entendía que no era tal y que quien la tuviera en su posesión, no era inmortal. Maldita copa que destruyó años y años de añejamientos, poesías nacidas entre colores y sabores, historias de trabajadas cepas en las manos de mil hombres y el sublime caldo que los dioses en soleadas vides sembraron.
                Y meditó: “El alma que vive en esa copa es un alma ácida, un alma que vive cuando absorbe ajenas energías, un alma parásita y un alma, nacida para matar. Debía destruir su orgullo y su razón de vida, secar su energía y cuando el fino cristal no aguantara la contorsión en su fuego, la copa se rompería”.  Durante todo ese tiempo aquel viejo tinto se alimentó de profundo odio y rencor, de astillas de podridas maderas y de los calostros de muertos posos. Su negatividad llegó a la altura deseada, solo faltaba un paso más para ser como ella.
                Solo no podía y el dios “Baco” lo sabía. Tenía un plan, una estrategia y el cómo. Solo el dios del vino podría ayudarlo y en ese menester fundió deseos por cien años, en el fondo de aquella vieja barrica. Y “Baco” llamó a “Hefesto”, dios del fuego y la metalurgia. Su lento caminar, cojo y desgarbado, colmaba ajenas paciencias y el tiempo estiraba como podía sus manecillas. Ante el encargo, abrió su taller en la cima del volcán Etna y se puso a trabajar.  Ideó un pequeño artilugio, semejante a un sacacorchos, perforaría el tapón de tal manera  que implementando un pequeño tubito del tamaño de un cabello, entrara aire y avinagrara el añejado caldo. Pasaron seis largos meses. El cirujano instrumento sirvió y el viejo tinto, en su elegante botella se avinagró.
                 De repente, sintió una mano de abrazo en su botella. La hora había llegado. Reconoció al “sommelier”. Estirado de orgullo y labios color amapola, postura tibante y retador de conocimientos, adulador compulsivo y espadachín trapero, fingidor de ciencia y despreciador de favores, cautivador en su idioma y avaro en la propina, fiel paje del sibarita y un enorme monstruo tejedor de ignorancias a los clientes que no probaban sus aconsejados vinos.
                Alardeó conocimientos con aquel viejísimo tinto y no lo probó. Lo descorchó y sirvió una pequeña degustación al exigente cliente. Lo miró, se miraron, los dos asintieron y sin probarlo repartió el caldo en otras tres copas. Ante el reto del “sommelier”, nadie probó el tinto. Llegó el alimento y en la primera copa servida, el caldo empezó a hervir. El escalofrío sentido desanudó la corbata de aquel exigente cliente y el grito al lejano “sommelier”, impactó de admiración a todos los comensales de aquel exquisito restaurante. La mesa temblaba, la copa relamía blanca y gris espuma, su pie de fino cristal bohemio quemaba y el mantel ardía. Explotó la copa, el cliente murió y el “sommelier” se desmayó. La venganza estaba consumada.
                Aquel viejo tinto se etiquetó con el precio más elevado y se vendió como un viejo vinagre con el nombre de “Coraje” y el “sommelier”… El “sommelier” sin trabajo se quedó y ahora recorre viejas cantinas buscando una copa que posea su ácida alma. No será difícil, pues siempre habrá una fina copa para la maldad de un alma, pero ya jamás, un viejo tinto se avinagrará en el lecho de una de mis copas.

                


lunes, 14 de agosto de 2017

AMOR EN AZUL...


                 Pintaré esta medianoche de azul, dejaré que la luna duerma en tus brazos y le pediré al cielo que el horizonte despegue de una vez su infinito y lo escriba en nuestra cama. Secuestraré una estrella y robaré sus destellos, pensaré en el profundo deseo y dejaré que mi cuerpo se impregne de él. Tocaré con mi dedo el viento, miraré de frente al silencio, enredaré tus cabellos en mi corazón y despacito, muy despacito, lamerán cada uno de mis latidos. Nos moveremos entre sedas, sentiremos  entre algodones y vibraremos entre pieles.
                Será un momento de vida, un instante que respirarás en mí, una caricia que aprenderé en ti y un acorde de dos que tensará cuerdas hasta la membrana de nuestras almas. Inventaremos un beso, crearemos pausa en la imaginación y nos beberemos, nos comeremos,…Morderemos instintos, arrancaremos botones, desharemos telas, nos tocaremos, sentiremos y entonces el sentimiento abrirá sus velas y navegará mar, el sudor vencerá nostalgias, la cruel ansiedad apartará recuerdos y el orgasmo de nuestros espíritus, atravesará los oídos del Universo creado.
                Seremos uno, una sola música, dentro de mí, dentro de ti: “Explícame que sientes, dime que sueñas, cuéntame tu anhelo porque tu aliento ya pinta de azul los brotes del amor. Bésame y dibuja en mis labios tus colores, abrázame y escribe tu poesía en mi espalda, poséeme otra vez y deja que nade en tus humedades. Mírame porque en el río de tus ojos dejaré que ruede mi alma, grita porque en mi gemido te arrullaré, eyacula en mí porque el cielo explotará estrellas, la montaña arderá su volcán y el gran mar que un día me vio nacer, cubrirá con su espuma tus entrañas de mujer”.
               Descubriremos una fábula donde no hay cuento, una leyenda donde la historia se pierde y un verso perdido que no encuentra un poeta que lo escriba. Se despegará el pasto de la tierra, mil cráteres volaran de la Luna hacia el viento, un fuego recogerá sus chispas y una por una serán sembradas entre las sábanas de nuestra cama. Se abrigarán los árboles, las rosas contorsionarán sus pétalos y el grillo callará. Llegará el vaho de un ángel y la calidez permeará hogar, veremos caminar al Sol en su amanecer, al viejo pastor despertando a su perro y al cafetalero abriendo su trabajada mano, arrancando un puño de granos.
               Te miraré, me pedirás, consentiré… Y el cielo se abrirá, el Sol detendrá su caminar y tus muslos recibirán todo el rocío de mi erecto amanecer. Detendrá la Luna el sueño y desnudará su cara oculta, enseñará al cielo sus labios, de sus comisuras brotará miel, de sus grietas gotas de ternura encapsuladas en el ámbar de sus besos y de sus ojos, dos lágrimas sudadas de pasión. Las sábanas pedirán perdón y se retirarán, la almohada cederá al nervio y el abrazo, vivirá intenso. Un sereno que perdió sus llaves, mojará su pincel y pintará nuestro portal de azul. Un viejo poeta dejará de escribir y recitará un quinteto  con rimas contagiadas de azul. Una bailarina escuchará nuestra música y rasgará de azul su hielo. Un orgasmo perdido en su historia de miedos, temblará y en su escalofrío verá que en sus venas solo corre sangre de color azul y que siempre se equivocó. Penetrará el verso, acariciará la ternura, una lágrima robará gemido y una sonrisa amanecerá, oliendo a café.


     

                

domingo, 13 de agosto de 2017

BOHEMIA...


                Escribe el medievo entre sangres y batallas, recita el romántico juglar y arranca las hojas de un libro la gótica gárgola del miedo. Vuela tildes el trapecista, ríe el payaso una metáfora y el ilusionista saca una imaginación de la chistera del mago. Cubre la noche un pensar, lo ilumina una vela y una gota de tinto descuelga entre una copa y un labio. El sueño humea candente, la mano acaricia brazo y un dedo se pierde en su palma. La tinta no fluye, el verso esconde sus letras, la nube cambia su color y la lluvia espera.
                Llega la mudanza, descarga un piano, un violín y un viejo saxo. Se resiste la puerta, lucha el cargador, cede la pared y entra el piano. Camina el violín cargado en un extraño hombro y se abraza el saxo a su bufanda a la espera que un joven lo sople para revivir añoranzas. No hay mujer, el hombre duerme, la materia desaparece, el cielo inventa y aparece la bohemia. Media oscura y elegante, olor a ceniza y con zapatillas de guante. Ojos entornados a media asta, botones aterciopelados y brazos de humo, tierno aliento de ambiente y boca llena de conversación, charla y discusión.
                La bohemia penetra, el silencio calla al vacío y el universo imagina. Tocan la puerta y un mensaje la abre. Nadie entra. Tocan otra vez. Alguien suspira pesar y no se atreve. El piano toca un “do” y la entidad entra. Es la “ordinariez”, a su lado la “idiotez” y un poquito más atrás la “ignorancia”. Respingó la bohemia y al ser preguntadas, enseñaron su invitación firmada por la “generosidad” y el “hombre dormido”. Asintió la bohemia y los sentó encima de un rayo dormido, haciéndoles saber que cualquier gemido de su parte, sería respondido por un sublime despertar del rayo. Hecho esto, la bohemia  dispuso al piano, el violín y el saxo en la tarima de las estrellas. Contento el piano, afinó sus teclas, el violín acicaló sus cuerdas y el saxo…  El saxo a un lado haciendo gárgaras con el imaginado jugo de un limón, solo esperando a ser soplado.
              Sin tocar, penetró punzante un viento que venía del norte, un aire con colmillos de hielo  y un cielo tan gris que la tarima de estrellas oscureció su color. Se dibujó en el techo el trueno de una luna, voló la duna del desierto y se transfiguró un relámpago del Partenón.  El vaho era intenso, el ambiente excitó la bohemia, el saxo tragó humo y el violín relinchó dulce. Habló un acorde del piano, exhaló ronquez el saxo y el caramelo del ocaso, prendió su cigarrillo. Una estrella se bajó de su tarima, el meteorito recién llegado lo entendió, su mano extendió, la estrella se contorsionó y pegados empezaron un lento baile…La puerta giraba y giraba y las entidades llegaban.
             Un solsticio se enamoró de una pirámide, mientras un equinoccio buscaba algo semejante a una serpiente, una espuma buscaba su mar y solo encontró los labios de una vieja luna. Un viejo destello cojeaba y preguntaba por el baño, la “ignorancia” mostró su dedo y señaló la entrepierna de la “idiotez”. Desfiló un trueno asiático y como no sabía qué hacer, se fue. Llegó una nostalgia llena de lágrimas y se sentó a un lado del “olvido”. Primero le dio un abrazo, después le secó una lágrima y luego la empujó. En la inercia abrazó a un caballero llamado “precipicio” y junto a él se quedó.
             Y llegó el viento del sur, el calor y la música. La bohemia transformó su cara, el ambiente penetró calidez, la tarima vibró y el cielo sonrió un nuevo color. La cumbia vibró y el piano se excitó, la salsa llegó y el violín brincó cuerdas, la samba movió sus caderas y el saxo…El saxo solo bailó y bailó…Y recordó su juventud. La bohemia era fiesta, las estrellas luces, los meteoritos se transfiguraron en incandescentes colas de cometas, las lunas desnudaron sus velos y los soles reventaron sus cráteres como espinillas de cielo…Y tocaron la puerta y no giró. Tocaron otra vez y la luna más sabia la abrió. Llegó la mujer, la perfección de la creación, la ternura hecha ser, el cariño en toda su dimensión y el beso en toda su seducción. La bohemia era sublime, la mujer y el universo, la mujer y la naturaleza…La mujer y… ¿El hombre?...El hombre seguía dormido ante tanta belleza. Porque en la bohemia de la hermosura, el hombre siempre duerme, siempre espera un sueño que solo sueña y lo único que hace es  sentarse encima de un rayo y esperar junto a su ordinariez, su idiotez y su ignorancia. Hombre que naciste para amar y ser amando, revienta de una vez el cauce de tu río enseñado y fúndete en la bohemia de la hermosura porque si no, otros cielos, con tu misma entrepierna, la disfrutarán.


              
               

                

viernes, 11 de agosto de 2017

LA FUENTE DE LOS DESEOS...


            Gime la belleza cuando es cómplice de la caricia, grita el deseo cuando despunta la ilusión, hierve la pasión cuando el sueño casi se toca y llora un alma en el portal de una generosidad. Camina el dedo entre piel y cabellos, suda el labio un beso y recorre una lágrima su viejo trayecto. Respira un aliento su soledad, aguanta el yunque su martillo, pide auxilio el corazón y en un rincón asume su forma fetal el silencio de una vida.
            Un ombligo se esconde y el vientre lo abraza, nada escalofríos el ansia, el pecado duda principios y el latido, se mueve quedito. Surge la imaginación y dibuja una fuente, dispara salvas la razón, llora una nube y el trueno, prende el motor. El agua se ilumina de mil colores, se asusta la serpiente y se aferra a su árbol, sale el topo de la tierra y enseña sus gafas, un viento despega el horizonte y la gárgola del miedo, toma por asalto mi fuente.
            Se acerca un jorobado y maloliente mendigo, extiende la mano y pide un centavo a un traje de oscuro azul que poseía  a lo que parecía, una especie de persona. La persona se lo niega. Se abre la tierra, lo engulle y el mendigo se asombra. Se cierra la tierra.  El cielo cambia de color y desprende su maná, vuela el meteorito y explota en la cola de un cometa, surge el rayo  y detiene su luz a dos centímetros de aquella mano. Bajan las hadas de un cielo lejano y en ella se posan. Sus alitas chispean, sus ojitos miran brillo y sus manitas, acarician ternuras. Baja un ángel envuelto en polvo de estrellas, a su izquierda el cuerno de la abundancia y a su derecha, el portal del primer agujero negro creado. En su pecho se deshoja un libro, el libro de la eternidad escrita. Sus brazos pintan hinchadas las venas del Universo infinito y sus piernas galopan engreídos músculos. Exhibe el ser  fortaleza y guerra, consiente mesura la impertinente arrogancia  y esculpe contorsionada piedra, la leyenda de una nueva alma.
          Endereza el jorobado su vertebral columna, ya sus ojos miran cielo y sus lágrimas son de verdad. Sus manos no pedirán, solo darán. Sus dedos ya no señalarán aceras, caminarán espaldas. Su olor saldrá de las alcantarillas y será fragancia de calles. Se llenaran sus dedos de tinta y en cada alma escribirá su historia. El ángel mira y lo invita. Le enseña el cuerno y en una cajita se lo regala, lo invita a pasar a su derecha, el ex mendigo duda, el ángel lo empuja y el gran agujero negro lo absorbe con toda su fuerza.
         Llega a un nuevo mundo, un mundo regido por los centauros. Se siente uno de ellos, poderoso y firme de convicción. Gran amante y de suprema inteligencia. Noble y cazador, fuerte y de gran vigor, pura sangre de familia y escritor por estirpe. Valedor de principios, negociador de almas y tocador de corazones. Se vio feliz, dichoso y realizado en un mundo extraño. Un día, cansado de ser tan feliz, decidió tomarse un “expresso” en la terraza de un viejo café. Sentado, discutía consigo y en silencio divagaba con sus pezuñas sin herrar y su hermosa crin. De repente, sintió un hormigueo en una de sus patas. Dejó que sus dientes urgaran entre sus pelos  y sorprendido vió una diminuta cucaracha intentando trepar por su poderosa extremidad. Intentó morderla y gritó el diminuto animal como un chasquido de pisada. Se admiró y la miró: Estaba vestida, de un traje azul oscuro que recordaba. La cucaracha lo miraba. Sus ojos salidos a punto de reventar querían hablar pero en ese mundo las cucarachas no podían hacerlo. El centauro comprendió, recordó y le dio una oportunidad. La tomó entre sus dientes, cuidando de no lastimarla, la posó dentro de su taza de café, la cucaracha nadó entre la tibieza de aquellos molidos granos y en la espuma escribió la palabra “perdón”. El centauro entendió y terminó por recordar: “Un día te pedí un centavo, diez veces menos de lo que valía un botón de tu traje y me lo negaste.  Solo quería lanzarlo a esa fuente para que un deseo me concediera, el deseo de ser como tú. Hoy me pides perdón y en mi corazón penetra el cielo, pero ya no quiero ser como tú. Te regalo el cuerno de la abundancia, te regalo una oportunidad, te regalo el don que un día un ángel me dio”.  Y el gran agujero negro invirtió su poder. Succionó al centauro y a la cucaracha. Viajaron juntos hasta el poder de la fuente y la vida repitió su encuentro.

         Un hombre de traje azul oscuro, estaba sentado junto a la fuente. Un jorobado y mal oliente mendigo se le acercó. Alargó su mano. El hombre la tomó, la besó y una moneda le mostró.  En su extrañeza el jorobado lo miró y el hombre no habló, solo de reojo observó el trinar de la fuente y con  aprendida habilidad tiró la moneda, cayendo justo en el centro de sus aguas. El mendigo entendió, caminó y observó el lento viaje de la moneda, hasta posarse elegante en su final. La fuente vibró, cambió colores y chispeó fuegos artificiales. La tierra se abrió y a nadie tragó. Se llenaron de hadas, estrellas fugaces y los cielos de mil mundos abrazaron el acontecimiento. El hombre se convirtió en centauro y el mendigo en un ángel vestido con un hermoso traje azul oscuro de mil botones. Desapareció el agujero negro de la enseñanza, los cometas recogieron sus colas y viajaron lejos, mil estrellas recogieron una por una las motas de su polvo y unas tintas, se impregnaron en leyenda.  La lección estaba aprendida, el sueño dado y la fuente…La fuente, solo espera otra moneda.


jueves, 10 de agosto de 2017

PINCELADAS...


                     Nada el viento en una pincelada de nube, frota el unicornio su cuerno en el velo de la Luna y palidece la cara del Sol ante la inminente noche. Vuela el silencio y grita la ilusión cuando el ocaso confunde el  horizonte. Despacito penetra sienes una melodía, poco a poquito el acorde baila en una suave música y las ceras prenden su magia en un ambiente querido. La espera agradece ansia y la puerta ya tiembla tu llegada, la pregunta al tiempo no respeta misericordia alguna y el vaho penetra constante el cristal de mis ventanas.
                     Cruzas la puerta sin abrirla porque del sueño naces. El vestido es olvido y la desnudez de tus pies camina puntitas sobre mi aire. Tu aliento rasga mi camisa y la mirada enciende mi cuerpo, desvaneces cabellos y en mi pecho se convierten  en pincel, aprietas labios y el profundo deseo me pervierte, te respiro y mi alma se embriaga, te toco y tu piel brinca entre gotas de sudor, te contorsionas y empinas elegancia en tu espalda…Me sueño dentro de ti y de mi pecho arranco el pincel.
                     Con ternura, mojo sus pelos en tu lengua y en mis labios, en mi añejo tinto y en una gota del escurrir de mi vela. Con suavidad lo camino en tu piel, recorro tu cuello y pinto el color de mis labios. Lo extiendo en tu espalda y salpican música las chispas de mi tinto, las candentes gotas de mis ceras y el sublime cariño, envuelto en el óleo de mi pasión. Grita la noche, derrite en chocolate su oscuridad y las estrellas funden varas de mil vainillas. El pincel humedece intenso sus cabellos, respingas firme tus muslos y las manos abren el lienzo de un maravilloso firmamento. Nada el pincel, suda mi frente, la Luna se esconde, los sabores se mezclan y el color penetra tu edén. La piel se eriza, el escalofrío abre poros y los olores pecan en la sublime metamorfosis del  placer. El suspiro es chocolate y la vainilla excita sus varas, nace el beso por doquier y la caricia duerme alma, el acorde vibra, la música se eleva y el tiempo se ahoga en mi sueño. Salta el gemido el precipicio de la intensidad, asoma quedito el orgasmo y se contiene firme una eyaculación. Me sientes, te siento. Me muevo dentro de ti. El pincel te pinta, adorna de arcoíris tu ombligo, de espuma de mar tu pubis, de rojo fuego tus caderas y de azul cielo, la erección de tu clítoris. Se atreve el viento y en su huracán arranca las cerdas de tus cabellos, lanza el mar sus remolinos y engulle la firmeza del precioso pincel. Inventa la Luna un abrazo, un abrazo que ya huele a pinceladas, de un buen café.