domingo, 19 de noviembre de 2017

APARIENCIA CONSENTIDA.


                  ¡Huíste! Trepaste tu vida sobre la línea roja de un surreal caparazón, te disfrazaste de apariencia y le compraste una máscara a la oscuridad. Caminaste sobre un alambre mientras sus púas sangraban tus huellas, cambiaste de piel, escondiste tu mirada y cuando un dedo logró tocar tus labios lo quemaste con la hiel de tus comisuras. En la virtualidad encontraste un desahogo, en el secreto una conquista y en aquella foto, una imagen que dibujó la última mentira de tu alma. En tu osadía propagaste el engaño, en tu falsa miel provocaste tentación, en tus copiados versos una ilusión y en tu pesadilla, sembraste ajenos sueños que dormían cada noche en la utopía de tu Luna.

                   Pero un día aquel hombre se atrevió y te cazó. El mar cruzó, un viento desafió y cien consejos desechó. De viejo desaliñado y cojo se vistió, compró un bastón unas gafas y un perro, en tu portal esperó y al ver que el tiempo en su contra apostaba, sentó un deseo en aquel parque, en un banco a la sombra del gran sauce llorón y a un lado de la quimera del último aquelarre de una pasión anunciada.

                   Una y otra vez repetía la impertinente nube su tormenta mientras el trueno se apiadaba de aquel pobre hombre. De mirada perdida y agrietados labios, solo esperaba que el espejismo de tu atracción  se mostrara contundente en aquel tradicional balcón. Las manecillas marcaban minuto a minuto su prisa mientras que sus latidos arañaban los segundos perdidos en cada gota de sangre. El portal abrió su puerta, tu moño de los lunes espantó aire mientras una absorta mirada, te leía, te pensaba y te imaginaba. Con normalidad, tiraste la basura, miraste el teléfono, recogiste de la calle un pequeño papel de ajena desidia, miraste tu buzón y cerraste la `puerta.

                    Sorprendido aquel hombre se llenó de preguntas, inquietudes y malos pensamientos. Imaginó su irreal apariencia en un espejo y comprendió una inmadurez que jamás había abrazado, una inseguridad que no tenía porque mostrar y una mentira que no tenía que prolongar. Él era como era y así se presentaría, pero presintió que algo andaba mal: ella no era la de aquella foto, su apariencia distaba mucho de la que cada noche dibujaba en sus sueños y tanta elegancia escrita, no correspondía a ese tipo de alma. Decidió tocar aquella puerta y así lo hizo.

                     Tocó vehemente el bastón la madera, las gafas perdían oscuridad y el perro sentado en aquel portal,  solo miraba el desenlace de aquel cuento. Por fin decidió salir y de frente olió la vergüenza de la sutil hipocresía: demacrada imagen sumergida en los dedos de sus propios infiernos, piel escamada de miedos y consentida soledad en el refugio de un profundo desamor. Y aquel hombre tuvo que hablar, tiró su bastón, plegó sus gafas y dejó correr al perro que terco en su averiguación,  siguió sentado en aquel surrealismo.

                     Penetró dura la mirada, los dientes apretaron labios, se preguntó y se respondió, reclamó y sumiso asintió, exclamó y lanzó su mano a la conquista. Dejó que sus uñas afilaran el desafío, poco a poco en tu cara las posó y lento rasguñó, rasgó y te humilló: la miel en costra se convirtió, tus lágrimas chorrearon cera, un temblor vibró y una comisura en tu labio se abrió. De tu mirada la tristeza arrancó, de tu piel cada escama quitó y entre sus manos ese moño de los lunes se desintegró.

                     La palabra silenció su voz porque en tu corazón una canción estaba naciendo, el ruido era intenso, el acorde perverso, el pentagrama lleno y la melodía, dulce cielo abrigando ternura de Luna. Cayó tu máscara, tu blusa, el sostén que escondía tus hermosos pechos, tu pantalón, tus bragas y el silencio de tanta hipocresía. Se rompió el espejo, los enanos crecieron, el horizonte se despegó de su mar, se abrió tu alma y en ella sus labios te absorbieron. Nunca por tus versos  preguntó, jamás tocó un pixel de tu autoestima pero en sus brazos nació lo que ahora eres, una poesía de amor, una melodía escrita por la ternura y una mujer que no necesita ninguna apariencia para explicar lo que siente, lo que es y lo que ama.


                     Aquel hombre cumplió el sueño de conocer el verso de esa poesía que noche tras noche excitaba su Luna y tú, rompiste por siempre con la tristeza, con el miedo, con tu inseguridad y  con tu apariencia, una apariencia consentida.


sábado, 18 de noviembre de 2017

VEN Y HABLEMOS...


               Ven y hablemos de nuestro amor, de cómo escriben tus besos, de cómo sientes mis caricias, de cómo se pegan tus pechos en mi piel y de cómo convertimos un silencio, en dulce gemido. Hablemos de ti y de mi, de tus lágrimas cuando recorren mi mejilla, de mi sonrisa cuando queda tatuada en tus dientes, de tus cabellos cuando entrelazan mis manos y de tus sueños cuando los visto de ilusión.
              Que no queden en palabras nuestros sentimientos, en verso nuestro deseo y en promesa lo que por ti yo siento. Necesito tu complicidad, estar cerca del brillo de tu mirada y sentirte tan cerca de mi corazón que cuando te vistas de mar sea capaz de ser el viento que te enchina, que cuando enceles el reflejo de mi Luna solo tenga ojos para ti y que cuando te empapes con mi rocío, el primer gemido sea el de mi alma.
              Ven y hablemos, dibujemos un nuevo amanecer, ese amanecer que nunca respira soledad, en el que la lluvia duerme en nubes de viejas nostalgias, en el que mi locura te viste de sedas y transparencias, en el que tus labios se pintan en mi taza de café y en el que el deseo se deshace despacito entre nuestras sábanas.
              Que se abra el libro del amor, que los latidos corran, que el beso suspire labios en cada rincón de `piel y que nuestras miradas se cierren en el profundo sentir. Escúchame porque ya mis tintas nadan en sudor, un sentimiento está creciendo, la música compone seducción y tu desnudez ya posee mi corazón. Tócame despacito que tu calor abrió mi alma y en sus papilas relame fuerte pasión, el profundo deseo por tu amor.
             Ven y hablemos, inventemos cada noche, cada Luna y cada momento. Descubramos que una rosa tiene mil pétalos, que un aliento se puede abrazar, que un beso penetra su lujuria hasta la garganta  y que cada una de tus caricias roba ternura de los ángeles antes de recorrer mi piel. Ven y hablemos porque el tiempo nos regala un espacio, la vida una oportunidad y el amor, un lazo eterno de libertad. Ven y hablemos porque en cada una de tus pisadas pinté mis huellas, en cada uno de tus besos dibujé mis labios y en cada una de tus caricias, escribí deseo en mi piel. Ven y hablemos porque el añejo tinto ya descuelga sus gotas en nuestras copas y la pureza del fuego ya crispa entre secos leños. Ven y hablemos de amor, de cómo se hace, de cómo se siente y de cómo se sufre…Ven y hablemos de nosotros dos.


           

              

EL MERCADER DE SENTIMIENTOS


                 Como cada otoño, dispuso el mercader su mesa. Deslizó el largo mantel cual aviso de una prometida elegancia y puso un candelabro en cada una de sus esquinas. Los vistió de rojas y blancas velas, de la brasa de un viejo leño sacó fuego, una por una las prendió y dejó que la sutileza de sus flamas crearan el obligado ambiente.  Un extraño frío afiló su aire y aquel viejo hombre, abrigó de una ajena piel su espalda. Árboles sin hojas y gris cielo, un río bajando en silencio sus piedras y nieve fotografiada en lejanas montañas. Sentó su cansancio y esperó.

                 El tímido Sol se atrevió y poco a poco un horizonte se reflejó en su espejo, un gran espejo a un lado de aquella vacía mesa.  Puso el incipiente día sus aceras y de ciegas farolas las llenó. Algunas fachadas vibraban sus pinturas y otras las lloraban. Algún portal se quejaba y otros barrían con esmero una querida soledad. Una ventana se medio abría empapada en helado rocío, otra bajaba su persiana y muchas lamentaban el constante acoso del impertinente polvo. Ya el sereno guardaba sus llaves cuando un elegante caballo detenía su medieval caballero en frente de la mesa de aquel mercader.  La respuesta no se hizo esperar:

-          Aquí no hay nada para usted mi distinguido amigo.
       No se inmutó y con detenida atención observó aquella mesa. Vacío sobre el blanco mantel, cansadas velas goteaban de color rojo y blanco, un mercader sin nada que vender y una triste mirada clavada en su apariencia.
-          Le dije que no tengo nada para usted amigo. No pierda su tiempo y no me haga perder el mío. Lo único que hay aquí son sentimientos, pero ya todos los vendí y solo me queda esta enorme tristeza.
Atónito el caballero acicaló su bigote, después la perilla y habló.
-          Quiero comprar su tristeza.
-          ¿Qué le hace pensar que la quiero vender?
-          Usted ya no puede con ella. Es demasiado grande. Y yo la necesito.
-          Es muy valiosa. No se la venderé. Ya es parte de mí.
-          Se la cambio por mi caballo. Es un pura sangre de realeza extranjera.
-          No
-          Tome mi mano
        Con sumo respeto aquel mercader tomó la mano de aquel gentil caballero y sintió una gran aspereza caminar por su piel, un sudor gélido se apoderó de su alma y mirando aquellos inertes ojos, le preguntó.
-           Con el debido respeto… ¿Por qué necesita tanta tristeza?
-          Porque necesito valorar tanta alegría, tanta felicidad y tanta dicha.
-          Pero entonces…
               Aquel gentil caballero no lo dejó terminar…
                 -     En cualquier momento mi alma extenderá su mano, el tiempo una lágrima me regalará y partirá. Veré el cielo del que nací, el viento del que un día me enamoré, aquella nube que de sonrisas mojó mi tierra y acariciaré las plumas de aquella águila que en su vuelo me llenó de paz. Renovaré el compromiso con la vida y dejaré que el verso se escriba sólo, más allá de la muerte.  Pero no lo haré sin haber conocido la tristeza, la profunda tristeza que usted tiene.
-          ¿Nos conocemos?
Asintió el caballero y no dio más información.
Puso el pie en aquel estribo, acarició su caballo y se marchó.
-          ¡Vaya usted con Dios! (gritó con educación el mercader)
El caballero con un gentil ademán contestó.
      Aquel mercader atesoró mucho tiempo aquel sentimiento. Fue una dura compra  que por años dio sentido a su vida. Todos los días aquel hombre su vacía mesa montaba. Sus candelabros, sus velas y el crujir de una fogata escribían la tristeza de una vida que jamás vendería porque cuanto más profunda, más amaba su felicidad cuando la tenía.
      Tres otoños después aquel gentil caballero pasó por enfrente, el mercader lo sintió desde antes y en medio de su camino se atravesó.
-          Disculpe amigo…
       Sus palabras temblaron. Aquel caballero era un quejido de vida encima de un caballo, su apariencia afable se había desdibujado en mil pedazos, su elegancia pintaba costras de un mal parido destino y su mirada, ni ojos tenía.
-          ¡Por Dios Señor! ¿Qué ha hecho con su vida?
-          Hace diez otoños, escondí sentada mi alma en aquel portal mientras a usted observaba. Lo vi cruzar este enorme espejo y lo seguí.
-          ¡Claro! Ahora lo recuerdo… ¡Usted me vendió esta enorme tristeza!
-          Lo seguí hasta aquella plaza, una plaza donde los sentimientos de miles de personas eran subastados. Gente de almas tristes y otras con corazones rebosantes de generosidad; personas que como yo, nos desprendimos de sentimientos que no queríamos en nuestras vidas, pero no entendíamos que esos sentimientos se complementan y que para tener alegría también hay que sufrir tristezas porque sino, en el camino esa alegría deja de tener significado, se convierte en rutina y tu vida deja de tener sentido.
-          ¡Qué bien habla usted mi gentil caballero! ¡Venga acompáñeme!

       Y aquellos dos hombres cruzaron una vez más aquel espejo: el moribundo caballero acicalaba tembloroso su incipiente barba y el mercader angustiado por su amigo, temblaba sus pasos en cada respiración. Llegaron a la plaza y un viejo sabio explicaba con verbal intensidad sus enseñanzas. Seguido con suma atención por los más jóvenes, hizo una pausa y con un sutil ademán, invitó al gentil y al mercader a sentarse junto a él. Y el sabio prosiguió:

               “Al principio ni el vacío existía. Sentado, un viejo silencio respiraba su aliento. El espacio era intención y el tiempo una ilusión. Despacito latía una energía en la nada, una energía pura y eterna. El silenció la poseyó y poquito a poquito en su regazo, dormida se quedó: empezó a imaginar y en cada caricia del silencio un nuevo sueño la penetró, se emocionó, lloró, tembló, sonrió y empezó a crear, a crear, a crear…
                 Creó todo lo que sentía, lo que en su sueño vivía y lo que su gran poder de sugestión le permitía. Sintió el silencio el profundo escalofrío de la primera creación, vibró potente la energía y ocurrió la gran explosión, el Big Bang creador, el todo imaginado y la gran expansión de aquellos sueños. Y esto es lo que somos, una pequeña parte de los sueños de una energía pura y eterna.”

                 Una vez terminado, se dirigió al gentil caballero y con tierna mirada le habló.

-          Usted también es parte de ese gran sueño, un sueño Universal, un sueño donde los colores de las emociones pintan los más profundos sentimientos, donde las caricias no se explican sino que están y donde la tristeza vive con la felicidad, la generosidad con la envidia, el odio con el amor, la pobreza del espíritu con la riqueza del alma y la ilusión con la depresión. Porque sin uno no existiría el otro. Usted vendió su tristeza y jamás pudo explicar su felicidad porque nunca la sintió. Es menester que los sentimientos convivan y así tomen su exacto valor, es menester que se complementen y así poderlos sentir en su intensidad…Es menester que ambos estén en el sueño y así poderlos explicar.

                Y dirigiéndose al mercader, le ordenó devolver aquella gran tristeza al gentil caballero y seguidamente sentenció:

-          Cruce el espejo y no se asuste: se romperá en mil pedazos y ya no podrá volver. Ahora será feliz, pues sentirá tristeza, una lágrima caerá por su mejilla y sabrá sentirla, un escalofrío recorrerá su espalda y podrá dibujar un sentimiento, su energía se regenerará y la próxima vez que se atreva a soñar, explicará la felicidad que por siempre ha tenido y que nunca ha sentido.

                Y así lo hizo aquel gentil caballero. El espejo se rompió en mil pedazos y por siempre comprendió que para sentir algo, debes haber sentido su cara oscura, que para gozar, antes hay que sufrir, que para ganar, antes hay que luchar y que para vivir, a veces hay que morir.


              


viernes, 17 de noviembre de 2017

SIN PRISA, SIN PAUSA Y SIN ROPA


                      Amaneció amargo el café, con olor a tierra y escondido en la desnudez de una taza. Mi ventana se abrigó de rocío mientras un viejo Sol despuntaba su calor, abría una sábana su timidez y un pensamiento caminaba impertinente de sien a sien. Le pedí a mi mano una caricia y solo pudo despeinar aún más mis cabellos, solicité clemencia al espejo y un diferente olor a mi sudor, el tiempo de reojo me miró, el aire pesó su consistencia y despacito la garganta tragó mi saliva.

                     El café evaporó su calor, el último sorbo no era opción, la rutina espera sola y sabia, los dedos enredan llaves, abre mi puerta su intimidad y camina mi sombra entre tantas,  por las columnas de un conquistado asfalto. Endurece su caparazón el alma y una enredadera la trepa, el corazón late costumbre y un musgo de sangre lo envuelve, la música abandona su melodía y adopta el metálico grito de la impotencia consentida. Van las ruedas y vienen los pies, canta una sirena y se prende rojo un semáforo, corre el ladrón de un pan y el policía lo reprime con su tanque, el oxígeno se reparte y la Tierra medio vive.

                     El pobre poeta sube al metro, empujones, jalones y tirones. Angustiado el hierro  cierra sus puertas, todo se mueve: el aire, cien alientos, traseros que vibran y otros sientan cansancio, a su derecha una blusa tiene frío y eriza sus naturales botones, se aferra una mano al acero y otra se funde en un abrazo con su antibacterial, una voz anuncia la próxima estación y los cuerpos toman sus decisiones. Se abren las puertas, salen, entran, empujan, soban, el masaje no es anunciado, una mano se equivoca de bolsillo y una cartera grita,  las miradas llenan sus reojos, el olor roba perfumes y el sudor llora compungido su pudor. El pobre poeta reflexiona, pone su mente en blanco y mira al vacío imposible, quiere escuchar ese latido de alguien diferente, ese gemido que explique por lo menos un verso, esa pequeña tilde que le dé una esperanza de amar…Esa parada de estación que abra de una vez,  las sábanas de su timidez.

                     Y el metro abre su gran boca, engulle sombras y a otras, solo las deja ir. En sus paredes los dibujos escriben leyendas, un afilado carbón pinta deseos y una guitarra, acaricia con sus acordes los dedos de una belleza. El poeta embelesa su placer en aquellos ojos color miel, el escote es infinito y un dorado castaño resbala cabellos bajo un sombrero a la moda. Un hombre de abrigo y bastón deja caer unas monedas, el poeta sonríe, la belleza mira y recita con seductora pausa  los acordes de un sentimiento. Arde temerosa una complicidad, las sombras van y vienen, nadie detiene su prisa, el poeta respira profundo y atreve una mano, la belleza sonríe y seduce con un pícaro beso de aire. Calla sus acordes, tiemblan los dedos, el poeta habla:”deja que tu alma toque porque le pediré a la mía que escriba”. Y la belleza contesta:”Mi alma está desnuda, la música abriga su frío y si en ella escribes, no me lastimes”.

                    No discutieron las miradas, iniciaron el camino, un silencio los envolvió en su neblina y viajaron a la eternidad. Cruzaron siete cielos y en cada horizonte se olieron, nadaron mares y conquistaron las más altas montañas, en sus nieves curtieron piel, en sus ríos mojaron labios y en verdes valles posaron huellas y anhelos. El poeta escribía en su Luna y la belleza contagiaba estrellas con sus acordes.

                   El abstracto silencio rompió su monotonía, las miradas hablaron, se postró solícito el portal y el poeta la invitó a entrar. Asintió con prudencia la belleza y aquella puerta se abrió todavía con el olor de un café en su amanecer. Cálido ambiente, un deseo que respira prisa, descansa la guitarra en el primer sillón y junto a ella caen sordas unas llaves. Tiembla el poeta su timidez, ella lo enfrenta mientras una mano desabrocha despacito su blusa, se acercan los labios, el poeta duda, su perfume seduce y la tentación vibra. Siente profundo el primer beso, una garganta traga y quiere más, los músculos se tensan, se pierde el abrazo de una mano entre sus cabellos, cae la blusa, la camisa desgarra seda por doquier, se pegan las pieles, el sudor grita y un alma se abre y empieza a escribir sobre su cuerpo. Corren los sentimientos, caminan despacito las caricias, brincan besos de rincón a rincón, la contorsión es intensa, cada suspiro es más seducción, las sábanas deshacen solidez y muestran satinadas arrugas en el suelo, la desnudez brilla y un gemido muestra su lágrima: un alma se abre y despacito compone el éxtasis de una música, el clímax de un acorde de pasión y la profunda excitación de la pasión por un deseo.

             El poeta escribió y la belleza tocó, sin pluma ni guitarra, sin miedos ni timideces, sin prisa, sin pausa y sin ropa.
                  


                     

                   
                   

              

jueves, 16 de noviembre de 2017

ADÓPTAME



                    Escúchame porque hace tiempo vengo siguiéndote
                    En cada pared y en cada árbol marco territorio y ni cuenta te has dado.
                    Siempre a tu lado, he lamido lágrimas y envestido tristezas
                    Porque nunca olvido ese cuenco de agua que para mí, amanece cada día en tu portal.
                   
                    Fijas la mirada en tinieblas que no escriben tu valía
                    Buscas un ápice de ternura en las piedras del hielo
                    Imaginas una caricia, tu piel grita el deseo y enmudece el tiempo
                    Sueñas en soledad, sonríes almohadas y abrazas entre puños tus sábanas.

                    Caminas rápido entre enredaderas, vacíos y añejos tintos
                    Descubres frío en tus noches y apariencias que explican tus días
                    Tus ojos ya no expresan, tus labios no escriben besos y tu alma calla.
                    Trabajas, respiras y como siempre a la misma hora, barres el portal de tu casa.

                                                      ADÓPTAME

                    Explícame tu vida que yo te contaré de mi soledad
                    Háblame de tu casa que yo te dibujaré mis calles
                    Dime qué comes y te pintaré mis sucios pedazos de pan
                    Respírame  profundo que yo con mi lenguita te llenaré de caricias.

                    Contigo lloraré y cuando te sientas solo ahí estaré
                    Seré tu amigo, tu “hola”, quien acompañe tu café y tus “buenos días”
                    Abrazaré tus noches y cuando escribas, en silencio te miraré
                    Te acompañaré en tu vida y te seré fiel hasta mi muerte.

                                                     POR    FAVOR
                                                      ADÓPTAME




                   

                   

                    
                    

                   

                   

            

martes, 14 de noviembre de 2017

LA ERÓTICA NOSTALGIA DE UN DESEO.


                      Llora un miedo porque no tiene un regazo, vibra tímido un temblor porque no tiene piel, mastica saliva una boca porque no encuentra el beso y resbala una lágrima la tristeza porque la poseyó un recuerdo. Grita el puño porque no tiene una mano que lo apriete, rasguña fango un pie porque no encuentra su huella y un cuerpo se deshace en sudor, porque el deseo es más intenso que la distancia.

                      Y brota un sentimiento, el más fuerte, el más alto y el más rápido. El ansia que retrata pasión, el incansable querer del profundo abrazo, la cristalina penetración de una mirada y el romántico perfume de un alma encelada. Nace una osadía, emerge seductor el calor de una tentación y dejas que la piel contorsione ese sabor a saliva de caramelo.

                      Sientes la fiebre del pecado, el verso escondido de aquella poesía que excita tus sentidos, el gemido de un aliento atravesando tus sienes, la ternura acariciando tu espalda y los primeros acordes de aquella erótica melodía, que una noche explicó por vez primera tus humedades... Y quieres atreverte y tus ojos cierras, imaginas intenso ese deseo y a él te abrazas en el silencio de tu soledad. Desnudas tu cuerpo, empiezas a tocarte, emana sentimiento la caricia y la piel enchina cada uno de sus poros para ser amada. Camina la mano entre tus pechos y erizas placer en tus pezones, resbalan los dedos por tu cuerpo y redondean de miel tu ombligo, la emoción suaviza el primer quejido y el deseo ya besa labios de ternura. Se abre la boca de la pasión, tu lengua moja labios y la blancura de tus dientes los aprieta más y más. El momento es imaginación, el sueño te toca, el latido seduce y una suave melodía humedece con jarabe de vainillas tus dedos.

                      El dulce ambiente te abriga, las ceras chorrean en rojo, respiras profunda, exhalas destellos de alma y el instante llega: viaja tu mano al edén de tu mar, tus dedos se juntan, emerge duro el clítoris del amor, lo frotas suave, tierno, en silencio, sintiendo, abrazándote y amándote como quizás nadie jamás te escribió. Entras en la intimidad de tus humedades, en el clímax de tu cielo, en el olor de tu sudor y en el cáliz de tu profundo deseo. Las piernas se tensan, tus pies estiran un escalofrío, la espalda se arquea, los cabellos se desvanecen,  la contorsión grita, tu garganta te exhala toda, respira el suspiro y una sensación de máxima excitación recorre cada rinconcito de tu cuerpo. Sientes que llega, que te abraza, que te posee y te mira en el vaivén de su penetración. El deseo te alcanza en la plenitud de mujer, tu cuerpo se expande y el sueño te mima. Aprietas muslos, el aire encoge espacio, el tiempo calla y la profunda pasión abre una poesía; saltan rimas y versos, juglares y hadas, el sentimiento se desborda en intenso placer, bailan comas y tildes, la belleza pinta mar, un grito comparte boca, el orgasmo gime y el ocaso dibuja en oro, la erótica nostalgia de un deseo.


                  

                     

lunes, 13 de noviembre de 2017

A LA VENTA EN AMAZON.COM




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LA LIBERTAD SIEMPRE VENCE


                                  Escribo en silencio un profundo sentimiento, leo en el cielo el espejo de mi mar y despacito pongo una tilde en el primer escalofrío de mi alma. Escucho el grito de mi país cuando la intolerancia enjuicia sus libertades, recito en letras cada latido que emana mi tierra y cuando la reflexión llega, escondo miedos en los sueños de mis ilusiones. Se desbarata la rima y se convierte en cuento, llora triste una leyenda porque se transformó en historia y cuando la poesía recoge tintas escribo uno por uno, los gemidos de mi alma.

                                  ¡Yo pago la última!, gritó el infierno y un nervioso congreso sentó sus diputados. El susurro equilibró idiotez, sonó el martillo en la tribuna, un papel desordenado en letras temblaba, una boca escupía palabras y  un pensamiento se quejaba por no haberlas razonado. El tiempo pedía su pausa, un espacio caminar su aire y unos ojos a medio cerrar se atenazaban con fuerza al ronquido de un sueño. El surrealismo fue el primero en tomar esa última copa y ante los ojos de todos pintó con sus óleos, el dulce deceso de una democracia que quizás jamás fue.

                                 Y se levantó el dictador, pajes y reyes le arrodillaron pleitesía y el conjuro tomó forma de gran brujo. Se constituyó en constitución, de ella se disfrazó y sobre su cubierta  se peinó. Ya los artículos eran botones, los versículos lentejuelas y las leyes, jirones de lino y viejo tergal. Caminó calles y ordenó silencio a las aceras, sumisión a las farolas y olvido a las vivas piedras de cada fachada. Pidió a sus pajes cambiar el color del cielo, a los reyes pulir sus tanques y a sus vasallos, limpiar con esmero cada detalle que oliera a rebelión.

                                 Pasó el tiempo. Salió un día de palacio y estupefacto vió que las aceras hablaban, las farolas brillaban más limpias que nunca y que las piedras de aquellas fachadas recordaban, escribían y leían una y otra vez, sus propias memorias. Entró en cólera y arrancó aquellos botones que colgaban entre jirones de lino y viejo tergal, desnudó a medio pueblo, confeccionó una blanca túnica y en Senado se transformó. Compró los mejores jueces, comió con los mejores letrados, deshizo y compuso viejos artículos a su antojo, relamió cien veces su maltrecha barba y cuando la vieja mano apretó su arrugado puño, se dio cuenta que las aceras eran más y más, que las farolas se multiplicaban por miles y que las piedras de aquellas fachadas se habían convertido en la Historia de Libertad de todo un país.

                                “Si no puedes tapar el sol con un dedo, jamás con tu mano arrancarás el alma de un pueblo porque cuando la necedad del poder se convierte en ley, la codicia en territorio y la razón en perpleja ignorancia…La libertad siempre vence.”




                                


sábado, 11 de noviembre de 2017

LA INSPIRACIÓN, VIVE EN TÍ.


               Perdida estaba  una inspiración entre libros, viejas estanterías y balbuceantes chispas de ardientes ceras. Buscaba un pensamiento acogedor, un abrazo entendido o una promesa que por contrato del alma se atreviera a escribirla. Reciclaba tiempo y miraba una luna por la primera ventana, acicalaba cara en el viento o dejaba que el desdén  del aire jugara con sus cabellos. Nacida en el quinto cielo del tercer universo, contaba estrellas y por sus destellos las clasificaba, recogía plumas en alas de ángel y dormía su espera, respiraba luz y siempre sudaba ternura en su piel para aquél que osara poseerla.
               Ya el pintor dibujaba en carbón el ocaso de aquel impertinente Sol de verano, el músico afinaba ajenas cuerdas para su bohemia, un escultor moldeaba el horizonte y lo pegaba silencioso a su mar, una bruja despeinaba su escoba y el poeta esperaba la caída de un hielo en su esperado whiskey. La noche retaba al nuevo cielo y de colores hablaban, un extraño viento susurraba sus esquinas, el osado polvo recostaba sus motas en portales y el sereno juntaba sueño y llaves en una maltratada mochila de nocturnas experiencias.
                Y caminaba solo un viejo pensador de sentimientos, un huraño cautivador de letras y un malvado cazador de perdidos sentidos.  Un extraño aire disfrazado de nube lo envolvió, un sudor frío recorrió su espalda, chorreó el cielo sus ceras y en su cara poco a poco, una luz desarrugó la impertinencia de sus ansias. Se acordó de un pecado llamado vida, de una cálida mirada que hacía mucho tiempo recorrió su cuerpo, de aquella mano que sostenía caricias en cada uno de sus dedos y de aquella sonrisa que explicaba un amanecer, en el húmedo beso a  una ajena piel.
               Al lado de su árbol de siempre se iba a sentar cuando un rayo en dos lo partió, la tierra se abrió, el vigente trueno tartamudeó dos veces su eco y un ángel lo empujó entre alas al abismo de la profunda ilusión. El sueño envolvió de azul su caída y el vacío en arcoíris se transfiguró. Sonrojado el precipicio, no mostraba sus paredes. El silencio silbaba infinito y poco a poco sus ojos se cerraban a la nostalgia de un trance anunciado. De repente escuchó un ronco saxo lejano, el tiritar suave de las teclas de un piano y la exclamación consistente de siete trompetas. Era tal la belleza de aquella melodía que su piel enchinó, abrió poro a poro su piel, transpiró  un pellizco de sudor en cada vértebra y convirtió su saliva en miel.
               Su gran vacío se transformó en una enorme playa, una playa que acogía en sus arenas la espuma de siete mares, los corales de todos los océanos y los horizontes de cinco cielos. Maravillado aquel pensador, llenó puños de sal, acarició miradas de colores y una y otra vez dejó que sus pies mojaran sus huellas en aquellas siete espumas. Como nunca, sintió. Como jamás, imaginó. Navegó en sueños de mil corales, en cuentos de pequeñas hadas y voló los cielos de cien universos. Ya no era cautivo del tiempo ni medidor compulsivo de distantes espacios, no solo miraba estrellas sino que comprendía sus destellos…No admiraba Lunas, las poseía con cada verso que recitaba.
               Su cuerpo expandió su forma, el pecho se abrió y en él penetró la Luz. Asomó su cara el alma, el latido fue intenso, la piel fue papel, el sudor tinta y los dedos, finas plumas de ave. La inspiración lo poseyó tan profundo que cada una de las arterias vibró su acorde y nació la melodía de un sentimiento siempre buscado, extrañado y nunca escrito. Mostraba el éxtasis una pasión y una musa caminaba a su derecha. Desnuda en velo de luna, el erotismo la gemía. El hombre la sentía y la escribía. La tocaba y la escribía. Las caricias forraban ternura en piel, las miradas pecaban y la musa consentía. El deseo se plasmaba en cada verso y aquel sentimiento escrito excitaba cada gota de sus tintas hasta el compartido orgasmo. Aquel hombre escribió a la musa del amor.
               Embravecían sus olas aquellos mares, la brisa se llenaba de su sal y una segunda musa caminaba por su izquierda. Desnuda y llena de los más hermosos corales, del séptimo mar había venido. El clímax de la libertad estaba ya escrito en sus ojos. Su cadencia, elegante. Su seductora contorsión, pedía a gritos que la escribieran y aquel hombre la escribió. Y vió que era necesaria y otra vez la escribió. Y vió que había que luchar por ella y otra vez la escribió. Y sintió que era única y la escribió…Y la escribió como bandera de pueblos, como protectora de vida, como promesa de lucha y como fin de la felicidad. Aquel hombre escribió a la musa de la libertad.
               Alisó el cielo su color, quitó sus nubes y dejó que los vientos embravecieran su poder. Fue tanto su atrevimiento que arrancaron el espejo de cada uno de los mares y  de todos hicieron uno. Lo postraron enfrente de aquel hombre y de él una tercera musa salió y le habló: “Mírate y escríbete, porque las tintas deben ser tatuadas en ti para que las puedas respirar, el sentimiento lo debes sentir para que lo puedas hablar y la nostalgia de tu música debe rasgar las cuerdas de tu alma para que cuando te reciten, te conozcan.”
               Y aquel viejo pensador de sentimientos, aquel huraño cautivador de letras y aquel malvado cazador de perdidos sentidos, se escribió. Y escribió sus miedos, sus lágrimas, alguna perdida sonrisa y alguno de sus tantos sueños. Escribió como era el fuego de su corazón y a veces el frío que recorría su alma. Escribió en letras la música que escuchaba cuando lo sentían, describió cada caricia que el amor le había dado y escribió con tinta de sangre lo que para él significaba la palabra Libertad.
            Desde entonces aquel hombre no tiene miedo al escribir porque ya sus miedos relató,  jamás escribe una ternura que no haya sentido porque seguro en un sueño la acarició y ya no está a merced de la inspiración porque en él, siempre vive.




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