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viernes, 18 de agosto de 2017

TOCARON, UN PEDAZO DE MI ALMA...


                  Tristeza profunda, impotencia bañada en sangre, rencor entre sienes  y angustia que revientas vientres.  Miedo que cabalgas entre las ubres de la inseguridad, fango religioso que haces del ateo un Dios, mente perturbada que posees vidas que no te pertenecen, beso de Judas a la humanidad que llenas de tu hiel nuestra libertad.
                  Naciste etéreo de un esperma del diablo, creciste escondido entre las enredaderas del odio, viviste ignorante porque jamás viste un árbol crecer y ahora que tu saliva rebosa pegada en la espuma de tu lucidez, tomas vidas, deshaces sueños, desgarras almas y decides destinos que en tu idiotez, jamás alcanzarás a comprender.
                 Tu imagen es distante, tus ojos solo miran vacíos, tu boca respira seca y tu alma yace secuestrada en los colmillos del  infierno. Tu palabra no tiene letras y en los suspensivos puntos, tu corazón muere. Tu dicción no es idioma sino el estúpido versar de una maldita conciencia mal educada, tu pensamiento no razona,  tus manos no tocan y tus dedos, solo hieren. Tu piel no ama, solo suda la tensión de la muerte, tu cuerpo no existe pues solo espera la explosión de un cinturón de muerte y destrucción.
                Quizás tu error fue haber nacido. Quizás nuestro error, fue darte un pezón para que vivieras. Quizás el día que mueras, cien vidas, crecerán en paz, tendrán sueños y en su muerte no te recordarán… Quizás hoy seas las más grande vergüenza que cualquier madre haya parido, quizás mañana, solo seas parte de la ceniza de nuestro olvido.
                Hoy, el silencio se convirtió en tarde y la noche en terror.  El tren de la muerte se detuvo en mi estación de vida  y un fundamentalismo equivocado brincó la razón de mi ser humano. Ven, siéntate, habla conmigo y te explicaré: Alá no te espera, pues en su amor no intercambia vidas por otras. Alá piensa más allá de ti porque tu vida no es más importante que las que quitaste, Alá es luz y tú solo una simple explosión de cuerpo sin más y sin menos. Alá despierta cada mañana, se regodea en su obra, besa sus ocasos, dibuja lindos amaneceres  y  te desprecia porque tú, solo eres una marioneta de alguien más, de un alguien que no cree en Él, de un alguien que piensa para manipular, escribe para la ceguera del inmaduro y canta falsas ternuras para las sordas conciencias de la inquietud y la sinrazón de una amarga soledad oculta en el narcisismo de su inventada religión. Alá en su edén, tiene hombres de paz, mujeres que luchan palabras y desiertos que acarician dunas. Alá es Dios y tú un simple hombre. Alá es luz y tú, una sombra más en la página de un Corán mal entendido y que nunca has leído.
                Vejaste, maltrataste, asesinaste y desvirgaste a mi Barcelona. ¡Cuidado! Diste el primer paso y nadie te dio la mano. Tomaste vidas que no te correspondían, sin derecho arrancaste almas, con premeditación y alevosía quisiste sembrar miedos a mi pueblo…Pero debes saber, que ahora somos un millón los que paseamos por “Las Ramblas”, que no tenemos miedo, que la historia de nuestra raza es diferente a la tuya y que en tu velorio estarás solo, tan solo, que ni un buitre será capaz de comerte, ni un sapo gozará escupirte y que ningún grillo cantará una de tus noches en tu supuesto paraíso.
               Barcelona es única, Catalunya es cielo, las Ramblas un símbolo de amor, paz y globalidad. Cada día mil naciones pasean y acarician su piel. Cada día en su calle se escriben versos, anécdotas y viejas charlas de café. Cada día el amanecer es diferente, el ocaso sugerente y las extrañas pisadas dibujan huellas y destinos que escriben poesía en las venas de esta hermosa ciudad. Entren a la leyenda, beban el agua de Canaletas y en su fuente, regresarán a nuestra hermosa Rambla por siempre. Catalunya vive, Barcelona respira y La Rambla vibra universo como nunca.

               Tocaron mi corazón, el corazón de mi Barcelona…Tocaron, un pedazo de mi alma.


miércoles, 16 de agosto de 2017

PRECIOSO AMOR...


             Precioso amor que lejos de mi vida estás, abrazo de cuerpo que no te atreves con la desnudez de mi alma, verso sentido imposible de escribir, molino de agua que das fuerza a una luz que mis ojos no alcanzan a mirar… Pleitesía robada, escondida y refugiada en un corazón que todavía mis dedos no alcanzan a tocar.
            Precioso amor narrado en leyendas y soñado en utopías, calostro de cielo que no te dejas mamar por mis labios, cera fundida en la ceniza de una ilusión, misa de solitarios herejes que arrancan del cáliz la ostia de la esperanza, música para los poetas y pan para el mendigo que busca su maná de luz…Diamante aterciopelado, veta de oro para los sentimientos y cruz de mármol para los que por ti mueren.
           Te busco, te deseo y cuando te encuentro te quiero tocar y no puedo. Te idolatro, te escribo te reflejo en mi Luna y cuando amanece miro espejos que solo retratan mi soledad. Cien arrugas de solitaria pasión enredan mis sábanas, la noche fingió humedad, la cabecera viste orgullosa el rasguño de una uña y mi almohada yace triste y deshilachada. Un pequeño pájaro canta y el nuevo rocío no se atreve con mi ventana y empaña una gota en mis pestañas. El día tiene prisa, el café se hace solo y el pensamiento pide una fría ducha. Sucumbe el puño al anhelo, se prende el cigarrillo y el nervio invade vientre. Sofoca el labio su boca, desenfrena ansia la necesidad de una ternura, la emoción imagina caricias y el don de amar, espera un amor precioso capaz de abrazar.
          Vibra el sueño, el amanecer transforma su horizonte en ocaso, el druida alquimista inventa una magia, el brujo dicta ¡Aquelarre! y el Universo baila la fogata del profundo deseo. La Luna se deshace completa en miel, los árboles en varas de exóticas vainillas y siete cálidos mares funden los icebergs de la distancia. El río envuelve en espiral su montaña, un océano se convierte en piel, un desierto en cabellos de ángel  y siete selvas, en notas de pentagrama. El buey se deshace de su yunque, la jirafa acorta cuello y muerde pasto, el mono mira sorpresa y el búho no tiene cuello que gire, el topo come nubes y el águila perfora abisales cuevas. Se transforma el sentido, lo enseñado en precario y vive la hermosura en el otro lado. Porque si escribo lo que veo al revés, si pienso lo que percibo de otra manera, si huelo por la boca y miro con mis oídos, ese amor precioso estará conmigo. Si bebo cuando como, si exhalo cuando respiro, si escribo cuando leo, si pienso cuando duermo y si amo cuando estás, ese precioso amor estará conmigo.
          Amor precioso, amor que te vistes de verso cuando mi sentimiento escribe, de Luna cuando mi noche expira y de rocío cuando la desnudez pisa mi jardín. Amor precioso, amor que me regalas sueños, que erizas mi piel sin estar, que humedeces mi cama al pensarte y que convenciste al viento de mi cielo, para que me acariciase por tí. Amor precioso, amor que vives en el instante, en el forcejeo diario de un trabajo, en la soledad de mi ocaso y en la reflexión de mi poesía. Amor precioso que solo por tí arranco las venas de mis letras para que su sangre fluya y arrodillo mis bruces al espacio para que deje de existir la distancia. Precioso amor que sueltas mi imaginación en su libertad para que tu brillo me deje dormir pero en su diálogo me da razón, enchina su virtud,  y se rebela, porque solo vive trepada,  entre los pétalos de tu alma.
            Precioso amor, diamante de mi vida…Cortaré fina y elegante una de tus aristas, de ella un espejo eterno haré y en ti siempre me reflejaré, en mi vida te lucharé y aún en mi muerte, retaré al frío mármol con el deseo de una de tus caricias. Porque en ti, infinito escribiré y en la erección de mi último aliento, un postrero verso te recitaré.




martes, 15 de agosto de 2017

UN ALMA Y EL VIEJO TINTO...(UNA METÁFORA)


                 Vi un alma disfrazada de copa, de bohemio cristal y hermoso pedestal.  Su puesta mostraba ingenuidad, su elegancia respiraba educación y su firmeza, seguridad. Caían en ella añejos tintos pero ninguno descolgaba gotas, se repetían en su afán y en el abrazo de aquella copa se avinagraban y perdían color. Una vez, un tinto analítico, quiso encontrar una respuesta. Se dejó caer muy despacito, pidió un momento de aliento y dejó que unos pintados labios lo probaran.  Midió el silencio de aquella boca, atento la miró y cuando se creyó ganador, una escupida gota de bilis lo empañó y se avinagró. Un tinto fresco, joven y juguetón se atrevió, brincó en cascada y salpicó con su energía aquel cristal. La copa con él jugo, poquito tembló y una que otra caricia le dio. El inexperto vino cedió y  en sus carencias se desnudó. Vió la copa su corto bagaje, su bajo precio y lo desechó. Lloró el inmaduro tinto, se sacudió de aquellas perversas caricias, abrió una vieja  barrica y entre sus posos se durmió.
                 Pasaron cien años. El alma seguía viva en su disfraz de copa y los tintos perseveraban en terminar con el supuesto embrujo. Para ella no pasaban los años, erguida y hermosa, sensual y seductora,  embriagaba con su ternura. Caían y caían los más audaces caldos, los desnudaba, les daba una ilusión, los avinagraba y los vomitaba.
                Un día aquel joven tinto, salió de la barrica. Elegante y bien embotellado pasó a iluminar una fina cava de un prestigioso restaurante. A su lado, un poquito más arriba y colgando perversos hábitos, aquella copa. Sus más de cien años marcaban en su etiqueta un excelso sabor, un curtido color y un precioso bouquet. Pero también en tanto tiempo, pensó, reflexionó y premeditó con alevosía un asalto mortal para esa copa, una copa que entendía que no era tal y que quien la tuviera en su posesión, no era inmortal. Maldita copa que destruyó años y años de añejamientos, poesías nacidas entre colores y sabores, historias de trabajadas cepas en las manos de mil hombres y el sublime caldo que los dioses en soleadas vides sembraron.
                Y meditó: “El alma que vive en esa copa es un alma ácida, un alma que vive cuando absorbe ajenas energías, un alma parásita y un alma, nacida para matar. Debía destruir su orgullo y su razón de vida, secar su energía y cuando el fino cristal no aguantara la contorsión en su fuego, la copa se rompería”.  Durante todo ese tiempo aquel viejo tinto se alimentó de profundo odio y rencor, de astillas de podridas maderas y de los calostros de muertos posos. Su negatividad llegó a la altura deseada, solo faltaba un paso más para ser como ella.
                Solo no podía y el dios “Baco” lo sabía. Tenía un plan, una estrategia y el cómo. Solo el dios del vino podría ayudarlo y en ese menester fundió deseos por cien años, en el fondo de aquella vieja barrica. Y “Baco” llamó a “Hefesto”, dios del fuego y la metalurgia. Su lento caminar, cojo y desgarbado, colmaba ajenas paciencias y el tiempo estiraba como podía sus manecillas. Ante el encargo, abrió su taller en la cima del volcán Etna y se puso a trabajar.  Ideó un pequeño artilugio, semejante a un sacacorchos, perforaría el tapón de tal manera  que implementando un pequeño tubito del tamaño de un cabello, entrara aire y avinagrara el añejado caldo. Pasaron seis largos meses. El cirujano instrumento sirvió y el viejo tinto, en su elegante botella se avinagró.
                 De repente, sintió una mano de abrazo en su botella. La hora había llegado. Reconoció al “sommelier”. Estirado de orgullo y labios color amapola, postura tibante y retador de conocimientos, adulador compulsivo y espadachín trapero, fingidor de ciencia y despreciador de favores, cautivador en su idioma y avaro en la propina, fiel paje del sibarita y un enorme monstruo tejedor de ignorancias a los clientes que no probaban sus aconsejados vinos.
                Alardeó conocimientos con aquel viejísimo tinto y no lo probó. Lo descorchó y sirvió una pequeña degustación al exigente cliente. Lo miró, se miraron, los dos asintieron y sin probarlo repartió el caldo en otras tres copas. Ante el reto del “sommelier”, nadie probó el tinto. Llegó el alimento y en la primera copa servida, el caldo empezó a hervir. El escalofrío sentido desanudó la corbata de aquel exigente cliente y el grito al lejano “sommelier”, impactó de admiración a todos los comensales de aquel exquisito restaurante. La mesa temblaba, la copa relamía blanca y gris espuma, su pie de fino cristal bohemio quemaba y el mantel ardía. Explotó la copa, el cliente murió y el “sommelier” se desmayó. La venganza estaba consumada.
                Aquel viejo tinto se etiquetó con el precio más elevado y se vendió como un viejo vinagre con el nombre de “Coraje” y el “sommelier”… El “sommelier” sin trabajo se quedó y ahora recorre viejas cantinas buscando una copa que posea su ácida alma. No será difícil, pues siempre habrá una fina copa para la maldad de un alma, pero ya jamás, un viejo tinto se avinagrará en el lecho de una de mis copas.

                


lunes, 14 de agosto de 2017

AMOR EN AZUL...


                 Pintaré esta medianoche de azul, dejaré que la luna duerma en tus brazos y le pediré al cielo que el horizonte despegue de una vez su infinito y lo escriba en nuestra cama. Secuestraré una estrella y robaré sus destellos, pensaré en el profundo deseo y dejaré que mi cuerpo se impregne de él. Tocaré con mi dedo el viento, miraré de frente al silencio, enredaré tus cabellos en mi corazón y despacito, muy despacito, lamerán cada uno de mis latidos. Nos moveremos entre sedas, sentiremos  entre algodones y vibraremos entre pieles.
                Será un momento de vida, un instante que respirarás en mí, una caricia que aprenderé en ti y un acorde de dos que tensará cuerdas hasta la membrana de nuestras almas. Inventaremos un beso, crearemos pausa en la imaginación y nos beberemos, nos comeremos,…Morderemos instintos, arrancaremos botones, desharemos telas, nos tocaremos, sentiremos y entonces el sentimiento abrirá sus velas y navegará mar, el sudor vencerá nostalgias, la cruel ansiedad apartará recuerdos y el orgasmo de nuestros espíritus, atravesará los oídos del Universo creado.
                Seremos uno, una sola música, dentro de mí, dentro de ti: “Explícame que sientes, dime que sueñas, cuéntame tu anhelo porque tu aliento ya pinta de azul los brotes del amor. Bésame y dibuja en mis labios tus colores, abrázame y escribe tu poesía en mi espalda, poséeme otra vez y deja que nade en tus humedades. Mírame porque en el río de tus ojos dejaré que ruede mi alma, grita porque en mi gemido te arrullaré, eyacula en mí porque el cielo explotará estrellas, la montaña arderá su volcán y el gran mar que un día me vio nacer, cubrirá con su espuma tus entrañas de mujer”.
               Descubriremos una fábula donde no hay cuento, una leyenda donde la historia se pierde y un verso perdido que no encuentra un poeta que lo escriba. Se despegará el pasto de la tierra, mil cráteres volaran de la Luna hacia el viento, un fuego recogerá sus chispas y una por una serán sembradas entre las sábanas de nuestra cama. Se abrigarán los árboles, las rosas contorsionarán sus pétalos y el grillo callará. Llegará el vaho de un ángel y la calidez permeará hogar, veremos caminar al Sol en su amanecer, al viejo pastor despertando a su perro y al cafetalero abriendo su trabajada mano, arrancando un puño de granos.
               Te miraré, me pedirás, consentiré… Y el cielo se abrirá, el Sol detendrá su caminar y tus muslos recibirán todo el rocío de mi erecto amanecer. Detendrá la Luna el sueño y desnudará su cara oculta, enseñará al cielo sus labios, de sus comisuras brotará miel, de sus grietas gotas de ternura encapsuladas en el ámbar de sus besos y de sus ojos, dos lágrimas sudadas de pasión. Las sábanas pedirán perdón y se retirarán, la almohada cederá al nervio y el abrazo, vivirá intenso. Un sereno que perdió sus llaves, mojará su pincel y pintará nuestro portal de azul. Un viejo poeta dejará de escribir y recitará un quinteto  con rimas contagiadas de azul. Una bailarina escuchará nuestra música y rasgará de azul su hielo. Un orgasmo perdido en su historia de miedos, temblará y en su escalofrío verá que en sus venas solo corre sangre de color azul y que siempre se equivocó. Penetrará el verso, acariciará la ternura, una lágrima robará gemido y una sonrisa amanecerá, oliendo a café.


     

                

domingo, 13 de agosto de 2017

BOHEMIA...


                Escribe el medievo entre sangres y batallas, recita el romántico juglar y arranca las hojas de un libro la gótica gárgola del miedo. Vuela tildes el trapecista, ríe el payaso una metáfora y el ilusionista saca una imaginación de la chistera del mago. Cubre la noche un pensar, lo ilumina una vela y una gota de tinto descuelga entre una copa y un labio. El sueño humea candente, la mano acaricia brazo y un dedo se pierde en su palma. La tinta no fluye, el verso esconde sus letras, la nube cambia su color y la lluvia espera.
                Llega la mudanza, descarga un piano, un violín y un viejo saxo. Se resiste la puerta, lucha el cargador, cede la pared y entra el piano. Camina el violín cargado en un extraño hombro y se abraza el saxo a su bufanda a la espera que un joven lo sople para revivir añoranzas. No hay mujer, el hombre duerme, la materia desaparece, el cielo inventa y aparece la bohemia. Media oscura y elegante, olor a ceniza y con zapatillas de guante. Ojos entornados a media asta, botones aterciopelados y brazos de humo, tierno aliento de ambiente y boca llena de conversación, charla y discusión.
                La bohemia penetra, el silencio calla al vacío y el universo imagina. Tocan la puerta y un mensaje la abre. Nadie entra. Tocan otra vez. Alguien suspira pesar y no se atreve. El piano toca un “do” y la entidad entra. Es la “ordinariez”, a su lado la “idiotez” y un poquito más atrás la “ignorancia”. Respingó la bohemia y al ser preguntadas, enseñaron su invitación firmada por la “generosidad” y el “hombre dormido”. Asintió la bohemia y los sentó encima de un rayo dormido, haciéndoles saber que cualquier gemido de su parte, sería respondido por un sublime despertar del rayo. Hecho esto, la bohemia  dispuso al piano, el violín y el saxo en la tarima de las estrellas. Contento el piano, afinó sus teclas, el violín acicaló sus cuerdas y el saxo…  El saxo a un lado haciendo gárgaras con el imaginado jugo de un limón, solo esperando a ser soplado.
              Sin tocar, penetró punzante un viento que venía del norte, un aire con colmillos de hielo  y un cielo tan gris que la tarima de estrellas oscureció su color. Se dibujó en el techo el trueno de una luna, voló la duna del desierto y se transfiguró un relámpago del Partenón.  El vaho era intenso, el ambiente excitó la bohemia, el saxo tragó humo y el violín relinchó dulce. Habló un acorde del piano, exhaló ronquez el saxo y el caramelo del ocaso, prendió su cigarrillo. Una estrella se bajó de su tarima, el meteorito recién llegado lo entendió, su mano extendió, la estrella se contorsionó y pegados empezaron un lento baile…La puerta giraba y giraba y las entidades llegaban.
             Un solsticio se enamoró de una pirámide, mientras un equinoccio buscaba algo semejante a una serpiente, una espuma buscaba su mar y solo encontró los labios de una vieja luna. Un viejo destello cojeaba y preguntaba por el baño, la “ignorancia” mostró su dedo y señaló la entrepierna de la “idiotez”. Desfiló un trueno asiático y como no sabía qué hacer, se fue. Llegó una nostalgia llena de lágrimas y se sentó a un lado del “olvido”. Primero le dio un abrazo, después le secó una lágrima y luego la empujó. En la inercia abrazó a un caballero llamado “precipicio” y junto a él se quedó.
             Y llegó el viento del sur, el calor y la música. La bohemia transformó su cara, el ambiente penetró calidez, la tarima vibró y el cielo sonrió un nuevo color. La cumbia vibró y el piano se excitó, la salsa llegó y el violín brincó cuerdas, la samba movió sus caderas y el saxo…El saxo solo bailó y bailó…Y recordó su juventud. La bohemia era fiesta, las estrellas luces, los meteoritos se transfiguraron en incandescentes colas de cometas, las lunas desnudaron sus velos y los soles reventaron sus cráteres como espinillas de cielo…Y tocaron la puerta y no giró. Tocaron otra vez y la luna más sabia la abrió. Llegó la mujer, la perfección de la creación, la ternura hecha ser, el cariño en toda su dimensión y el beso en toda su seducción. La bohemia era sublime, la mujer y el universo, la mujer y la naturaleza…La mujer y… ¿El hombre?...El hombre seguía dormido ante tanta belleza. Porque en la bohemia de la hermosura, el hombre siempre duerme, siempre espera un sueño que solo sueña y lo único que hace es  sentarse encima de un rayo y esperar junto a su ordinariez, su idiotez y su ignorancia. Hombre que naciste para amar y ser amando, revienta de una vez el cauce de tu río enseñado y fúndete en la bohemia de la hermosura porque si no, otros cielos, con tu misma entrepierna, la disfrutarán.


              
               

                

viernes, 11 de agosto de 2017

LA FUENTE DE LOS DESEOS...


            Gime la belleza cuando es cómplice de la caricia, grita el deseo cuando despunta la ilusión, hierve la pasión cuando el sueño casi se toca y llora un alma en el portal de una generosidad. Camina el dedo entre piel y cabellos, suda el labio un beso y recorre una lágrima su viejo trayecto. Respira un aliento su soledad, aguanta el yunque su martillo, pide auxilio el corazón y en un rincón asume su forma fetal el silencio de una vida.
            Un ombligo se esconde y el vientre lo abraza, nada escalofríos el ansia, el pecado duda principios y el latido, se mueve quedito. Surge la imaginación y dibuja una fuente, dispara salvas la razón, llora una nube y el trueno, prende el motor. El agua se ilumina de mil colores, se asusta la serpiente y se aferra a su árbol, sale el topo de la tierra y enseña sus gafas, un viento despega el horizonte y la gárgola del miedo, toma por asalto mi fuente.
            Se acerca un jorobado y maloliente mendigo, extiende la mano y pide un centavo a un traje de oscuro azul que poseía  a lo que parecía, una especie de persona. La persona se lo niega. Se abre la tierra, lo engulle y el mendigo se asombra. Se cierra la tierra.  El cielo cambia de color y desprende su maná, vuela el meteorito y explota en la cola de un cometa, surge el rayo  y detiene su luz a dos centímetros de aquella mano. Bajan las hadas de un cielo lejano y en ella se posan. Sus alitas chispean, sus ojitos miran brillo y sus manitas, acarician ternuras. Baja un ángel envuelto en polvo de estrellas, a su izquierda el cuerno de la abundancia y a su derecha, el portal del primer agujero negro creado. En su pecho se deshoja un libro, el libro de la eternidad escrita. Sus brazos pintan hinchadas las venas del Universo infinito y sus piernas galopan engreídos músculos. Exhibe el ser  fortaleza y guerra, consiente mesura la impertinente arrogancia  y esculpe contorsionada piedra, la leyenda de una nueva alma.
          Endereza el jorobado su vertebral columna, ya sus ojos miran cielo y sus lágrimas son de verdad. Sus manos no pedirán, solo darán. Sus dedos ya no señalarán aceras, caminarán espaldas. Su olor saldrá de las alcantarillas y será fragancia de calles. Se llenaran sus dedos de tinta y en cada alma escribirá su historia. El ángel mira y lo invita. Le enseña el cuerno y en una cajita se lo regala, lo invita a pasar a su derecha, el ex mendigo duda, el ángel lo empuja y el gran agujero negro lo absorbe con toda su fuerza.
         Llega a un nuevo mundo, un mundo regido por los centauros. Se siente uno de ellos, poderoso y firme de convicción. Gran amante y de suprema inteligencia. Noble y cazador, fuerte y de gran vigor, pura sangre de familia y escritor por estirpe. Valedor de principios, negociador de almas y tocador de corazones. Se vio feliz, dichoso y realizado en un mundo extraño. Un día, cansado de ser tan feliz, decidió tomarse un “expresso” en la terraza de un viejo café. Sentado, discutía consigo y en silencio divagaba con sus pezuñas sin herrar y su hermosa crin. De repente, sintió un hormigueo en una de sus patas. Dejó que sus dientes urgaran entre sus pelos  y sorprendido vió una diminuta cucaracha intentando trepar por su poderosa extremidad. Intentó morderla y gritó el diminuto animal como un chasquido de pisada. Se admiró y la miró: Estaba vestida, de un traje azul oscuro que recordaba. La cucaracha lo miraba. Sus ojos salidos a punto de reventar querían hablar pero en ese mundo las cucarachas no podían hacerlo. El centauro comprendió, recordó y le dio una oportunidad. La tomó entre sus dientes, cuidando de no lastimarla, la posó dentro de su taza de café, la cucaracha nadó entre la tibieza de aquellos molidos granos y en la espuma escribió la palabra “perdón”. El centauro entendió y terminó por recordar: “Un día te pedí un centavo, diez veces menos de lo que valía un botón de tu traje y me lo negaste.  Solo quería lanzarlo a esa fuente para que un deseo me concediera, el deseo de ser como tú. Hoy me pides perdón y en mi corazón penetra el cielo, pero ya no quiero ser como tú. Te regalo el cuerno de la abundancia, te regalo una oportunidad, te regalo el don que un día un ángel me dio”.  Y el gran agujero negro invirtió su poder. Succionó al centauro y a la cucaracha. Viajaron juntos hasta el poder de la fuente y la vida repitió su encuentro.

         Un hombre de traje azul oscuro, estaba sentado junto a la fuente. Un jorobado y mal oliente mendigo se le acercó. Alargó su mano. El hombre la tomó, la besó y una moneda le mostró.  En su extrañeza el jorobado lo miró y el hombre no habló, solo de reojo observó el trinar de la fuente y con  aprendida habilidad tiró la moneda, cayendo justo en el centro de sus aguas. El mendigo entendió, caminó y observó el lento viaje de la moneda, hasta posarse elegante en su final. La fuente vibró, cambió colores y chispeó fuegos artificiales. La tierra se abrió y a nadie tragó. Se llenaron de hadas, estrellas fugaces y los cielos de mil mundos abrazaron el acontecimiento. El hombre se convirtió en centauro y el mendigo en un ángel vestido con un hermoso traje azul oscuro de mil botones. Desapareció el agujero negro de la enseñanza, los cometas recogieron sus colas y viajaron lejos, mil estrellas recogieron una por una las motas de su polvo y unas tintas, se impregnaron en leyenda.  La lección estaba aprendida, el sueño dado y la fuente…La fuente, solo espera otra moneda.


jueves, 10 de agosto de 2017

PINCELADAS...


                     Nada el viento en una pincelada de nube, frota el unicornio su cuerno en el velo de la Luna y palidece la cara del Sol ante la inminente noche. Vuela el silencio y grita la ilusión cuando el ocaso confunde el  horizonte. Despacito penetra sienes una melodía, poco a poquito el acorde baila en una suave música y las ceras prenden su magia en un ambiente querido. La espera agradece ansia y la puerta ya tiembla tu llegada, la pregunta al tiempo no respeta misericordia alguna y el vaho penetra constante el cristal de mis ventanas.
                     Cruzas la puerta sin abrirla porque del sueño naces. El vestido es olvido y la desnudez de tus pies camina puntitas sobre mi aire. Tu aliento rasga mi camisa y la mirada enciende mi cuerpo, desvaneces cabellos y en mi pecho se convierten  en pincel, aprietas labios y el profundo deseo me pervierte, te respiro y mi alma se embriaga, te toco y tu piel brinca entre gotas de sudor, te contorsionas y empinas elegancia en tu espalda…Me sueño dentro de ti y de mi pecho arranco el pincel.
                     Con ternura, mojo sus pelos en tu lengua y en mis labios, en mi añejo tinto y en una gota del escurrir de mi vela. Con suavidad lo camino en tu piel, recorro tu cuello y pinto el color de mis labios. Lo extiendo en tu espalda y salpican música las chispas de mi tinto, las candentes gotas de mis ceras y el sublime cariño, envuelto en el óleo de mi pasión. Grita la noche, derrite en chocolate su oscuridad y las estrellas funden varas de mil vainillas. El pincel humedece intenso sus cabellos, respingas firme tus muslos y las manos abren el lienzo de un maravilloso firmamento. Nada el pincel, suda mi frente, la Luna se esconde, los sabores se mezclan y el color penetra tu edén. La piel se eriza, el escalofrío abre poros y los olores pecan en la sublime metamorfosis del  placer. El suspiro es chocolate y la vainilla excita sus varas, nace el beso por doquier y la caricia duerme alma, el acorde vibra, la música se eleva y el tiempo se ahoga en mi sueño. Salta el gemido el precipicio de la intensidad, asoma quedito el orgasmo y se contiene firme una eyaculación. Me sientes, te siento. Me muevo dentro de ti. El pincel te pinta, adorna de arcoíris tu ombligo, de espuma de mar tu pubis, de rojo fuego tus caderas y de azul cielo, la erección de tu clítoris. Se atreve el viento y en su huracán arranca las cerdas de tus cabellos, lanza el mar sus remolinos y engulle la firmeza del precioso pincel. Inventa la Luna un abrazo, un abrazo que ya huele a pinceladas, de un buen café.



                     

domingo, 6 de agosto de 2017

DIARIO DE UN POETA...(PARTE 1 ).

DIARIO DE UN POETA (PARTE 1)
                 Quizás no pueda escribir lo que quieran leer, quizás mis dedos entumecieron tintas  o quizás mi alma esté de parto. Es posible que escribir un libro sea una explicación a mi vida o quizás la excusa para que mi muerte no sea en vano. Quizás una brizna de mis letras deba ser parte de un más allá que no comprendo o quizás parte de un más acá que escalofría mi corazón. Escribir es mi vida, mi vida es expresión, mi destino  es saber quién soy y en mis comas me delato, en los puntos me conocen y en los suspensivos, marco la diferencia en los porqué de mi vida. Amo profundo y en lo profundo siento, en el amor me extraño y en la extrañez, escribo. Mi verso no solo es relatado, es vivido, exprimido y saboreado hasta la excitación de sus tildes. Y por eso a veces las tintas fluyen sin permiso, sin decoro y sin aviso…Porque mis suspensivos me rebasan, me transparentan y me aman. Dejo que lo hagan y escucho una lágrima de agua, la perversión de mi Luna y la candente música que solo el azul puede tocar, esa música que nació del cielo y vibra en el arpa de mil ángeles, esa música que solo tiene un acorde, el acorde que un día El Creador decidió inventar y que en sus dedos empezó a vibrar. La copió el ángel de mi guarda y con celo cada noche junto a él la escucho, la vibro, me emociono y lloro.  Por eso ahora no escribo, porque en el parto de mi primer libro estoy. No hay doctor ni comadrona que me asista, no hay pensamiento, no hay inspiración, solo recopilación, miedo, nervio y profunda pasión.
               Mañana tengo una cita. Una cita con mi historia, con mis cuentas pendientes y con mi hija. Hace muchos años me dijo “Papá, llévame contigo” Le abrí los brazos y le dije “Ven”, pero el destino sepultó mi escrito y abrió un libro en blanco para ella. Un libro que desde entonces no supo cómo escribirlo, no supo cómo abrirlo y no supo cómo guardarlo. Hoy la vida me da la oportunidad de asaltar su estantería, buscar ese libro, abrazar su mano y juntos empezarlo a escribir. Un libro que de seguro tendrá rasguños en su tapa, polvo entre sus páginas y lágrimas pegadas en cada uno de sus índices. Un libro sin título, con pocas letras sin frases y con muchas faltas de ortografía, solo porque un día el destino volteó su cara y le dijo no al amor de un padre con su hija.
               Ya mis ceras se cansaron de chorrear, el añejo tinto descansó sus gotas en el nudo de mi  estómago y el sueño impertérrito ya quiere abrazar mis pestañas. La lluvia cae en el silencio y mi jardín la bebe con desmesurada ansia, la Luna me guiña un ojo, el espejo del cielo lo refleja y cuando miro mi árbol, el búho gira su cuello. La noche me exprime, el sueño me posee y la imaginación agoniza colores. Dulces sueños.


            


viernes, 4 de agosto de 2017

CAZADOR DE LUNAS...


         
            Fuè un instante y todo se iluminò.....De repente sentì mis fracasos y vi su mano...De pronto me llenè de angustia pero sentì placer, recordè làgrimas y me fotografiè en locas sonrisas...Sumido en ese caos leì el dibujo de mis poesìas...Sentado en el cuarto oscuro de la Historia percibì tenues luces de paisajes que entrelazaban envidias, orgullos y esperanzas...Y ahì estaba su mano.

             No podìa abrir mis ojos pero lo sentìa todo. No eran palabras, eran sentimientos. No eran realidades, eran emociones....Y en un segundo se alborotò el mundo con el profundo silencio del relàmpago...Y entonces no estaba solo. Las imàgenes pervertìan mi mente porque màs que un sueño lo que estaba viviendo era la pesadilla de mis recuerdos...Y ahì estaba su mano.

             La Historia escupiò sus visceras en el limbo...Y ahì estaban amigos, conocidos y hasta vecinos...Y abrazaba cuerpos de mujeres que escribieron en mi corazòn...Y en su desnudez, reconocìa cada una de ellas y en cada una sentì lo que sentìa y asì se humedeciò mi cuerpo...Una tras otra con sus pasiones y sus defectos, con sus caricias y sus desprecios...A cada una volvì a tenerla en mi abrazo, a cada una compartì otra vez mi deseo...A cada una recordè...A cada una besè y en el èxtasis me perdì...Y ahì estaba su mano.

            Y tambièn estaban mis padres y en sus palabras recitaban educaciones y principios que quizàs ya olvidè pero que ahora en la memoria me dan la oportunidad de renacer.

            Y sentì miedo...Pero ese segundo seguìa latiendo con intensidad en mis entrañas...Y vi a mis maestros enseñàndome todo lo que me podìan enseñar y en esa locura saludè los "buenos dìas" a vecinos, escuchè al sereno cerrar calles y al cartero entregar malas noticias...Y ahì estaba su mano.

           Y el relàmpago cesò... Y quise cerrar el momento antes de que llegara el ensordecedor Trueno pero no pude porque ahì ya no estaba su mano...Ahì estaba Èl...Tomò la desvanecida luminosidad del rayo, lo llenò de energìa y lo deposito en mi corazòn: El miedo cesò y el Trueno viviò en un eterno abrazo en mi corazón.         
 
           Y en ese abrazo sentí su alma tocar las últimas notas del adiós y poco a poco se abrieron páginas en las estrellas..... La suave brisa del nuevo amanecer rompió mi cara y escribió...."Si la amas...Déjala libre"....Y me convertí en un cazador de Lunas. El cielo sonrió y una poesía recitó:

Cazador de Lunas que disparas pasiones
Hombre que hostigas presas en tu admiración
Vengador de sentimientos y adulador del viejo Amor.
Corrupto ángel en el desenfreno erótico del voyerismo.

Impertérrito rockero en el arte del romanticismo
Etéreo fetiche que rompes las flechas del deseo
Dulce hippie que enarbolas paz y Amor
Suave yonkie que sonries a las tristezas.

En tus conquistas clavas las uñas de tu acero
En tus versos exprimes las cuerdas de tu guitarra
En tu poesía arrancas pasiones donde no hay nada
En tus sentimientos rasgas las nostalgias de tus emociones.

Te juzgan porque abrazas donde otros no pueden
Te señalan porque envidian tu poder de persuasión
Te idolatran porque quisieran ser como tu
Te persiguen por si alguna vez dejas una presa en el camino.



Cazador de Lunas, gran poseedor de poesía
Amante solicitado, caballo español de noble sangre.
Caballero de día y poeta en las noches de ternura
Estudioso de la vida....Curioso en el arte.

Tu arma es la sensibilidad
Tu mano es parte del abrazo en la indecencia social
Tu corazón diluye humedades en la lluvia
Tu alma escribe historias de lunas.
  
Estirpe de héroes que respiran seducción
Cónclave de la razón por satisfacer pasiones
Alma poseída por el don del sentimiento
Cazador de lunas.......Sangre de tigre, que persigues Amor.




miércoles, 2 de agosto de 2017

EL BAILE DE LA MARIONETA...


                  Grita el ruido, corre el silencio interior y el pensamiento se disfraza de araña. Teje la tela y tensa fuerte sus hilos hasta la vibración de la oscuridad. Caracolea el nervio su ansiedad, la neurona duerme ideas y en el espectáculo del ridículo no hay esperanza. El cuerpo está cansado, el músculo duele, pesa el párpado y encoge su latido el oxígeno. Humea incesante y sin sentido el cigarrillo, el vacío penetra la boca del estómago y el aliento solo disimula su existencia. Pierde camino la saliva y en su dormir babea comisuras, expanden su brillo las arrugas y cicatrizan las perdidas muecas del orgullo. La sociedad ríe, los contados amigos desaparecen, la virtualidad se adueña del tiempo  y una lágrima de soledad vence cualquier mirada.
                La genética de tu sangre dictó sentencia pero no la lees, abrazas duda, cierras ojos y sientes el fluir callado por todo tu corazón. La negra nube exhala bocanadas de lluvia, el trueno atosiga y las sombras poseen tus miedos. Conoces el limbo de los sentimientos y el infierno de la soledad, la ictericia del olvido en tu piel y el vago recuerdo fluye entre tus sienes y levanta costras en las cicatrices de tu alma. Le juras viento al mar cuando es la Luna, dueña de sus mareas,  le pides a tu hiel que cambie de sabor cuando  tus sentidos están vencidos, a tus ojos que cambien los colores cuando tu alma está encogida y al teléfono, una llamada que cambie tu vida.
                Y empieza el baile de la marioneta, de una marioneta de carne y hueso con alma de cartón, de una marioneta llena de hilos que cuelgan de la nube más lejana, todos frágiles y quebradizos, delgados e inconstantes, hipócritas, y a veces solo pintados. La marioneta está sola y a ellos se aferra. No ve más allá y espera que algo los mueva para sentirse viva.

                La mesa está puesta y el alcohol hierve sus grados, la copa respinga confianza y el mantel disimula sus manchas. Arden los labios en un cigarrillo encendido al revés, contesta infamias el aliento a la menta y susurra quedita maldición un pequeño caracol que brinca del aperitivo. La oscuridad dirige la orquesta y la sombra toca un piano sin teclas, canta el borracho y afina su vómito, escupe sangre la flauta y una camarera urga en su nariz entre viejas verrugas de bruja. Tus hilos se mueven y pides una botella. Nadie te oye, todos bailan y un jorobado te da una media vacía que todavía escurre gotas entre las costras de sus labios. Te sientes vivo entre la mierda, te atreves y bailas. Una figura trasvestida de quien sabe qué, coge tu mano, la pone en su seno izquierdo, se contorsiona y tienes una erección. El oscuro director pide un minuto de silencio, tus hilos se empiezan a romper, los quistes del cantinero brincan en su piel y el anciano saxo pierde su dentadura en un viento vecino. No te sientes real, la conformista silla abriga tu trasero, el sopor ya recorta el cartón de tu alma y la flatulencia expande sus gases por doquier. Tu corazón duerme, no hay luz ni salida, tocas fondo y ya no bailas. Se rompen más hilos, revienta un cliente lleno de granos, la música rechina entre sarro de muelas, tu paciencia rebasa límite y solo escuchas el chasquido de tus hilos al romperse. Esperas y la sorpresa es que ya no hay sorpresas, en tu teatro ya no hay sueños, se fue el oxígeno de tu respiración y el pecho duele. Ya no aguantas, gritas, desesperas orgullo, levantas tus ojos y tu mirada observa el miedo tembloroso del único hilo que te queda, el hilo de la vida. Renace el nervio, el instinto da fuerza y levantas los brazos. Lo entrelazas entre tus dedos, lo aseguras en tus manos y el corazón empieza a latir. Más abajo, nada hay. Solo una opción, subir y subir. El hilo aguantará, el cielo lo tensará y en su paso, muchos vientos lo silbarán. Su color cambia del negro al gris, del gris a destellos de plata, de poderoso titanio a dorada eternidad. Síguelo y sé su marioneta, la marioneta del único ser capaz de mover tu hilo… Tu Creador.


lunes, 31 de julio de 2017

ARENA DE PASIÓN...


                Se reflejó el ocaso en tu cuerpo, acarició tu piel y la convirtió en espejo de mar, doró tu sudor y en cada una de tus gotas, nació un arcoíris. Susurraba atenta la mirada, codicioso de cerquita te respiraba, mientras mis labios sabían a tu sal. Esperé tu suave movimiento y robé arena bajo tu vientre. Con ella llené mis manos, cerré puños, apreté deseo y tus ojos me sonrieron. Abrí las manos y entre mis dedos escurrió tu calor, en mis palmas quedaron tatuados los cristales de tu sal y en mis yemas, vibraron los temblores de la pasión.
                Se ocultaba el Sol en una maravillosa naturaleza, el mar empujaba su marea y ya nuestros pies, vestían espuma. Las caracolas rugían ecos de lejanas olas, los pequeños cangrejos burbujeaban y los delfines  acercaban horizonte con sus saltos. La brisa avisaba romance, la palmera abrigaba sus cocos y el pelícano observaba quedito su próxima presa. El cielo se llenó de colores, azules, morados, intensos rojos y vehementes amarillos, bailaban y deshacían hilos entre los algodones de diminutas nubes.
               Enterré mi mano en la arena y dejé que despacito caminara hacia ti, en tu hombro emergió y en la caricia lo rodeó, lo mimó y al sentir tanta suavidad un escalofrío de mí se apoderó, viajó por mi brazo y se fundió como látigo en mi corazón. Sentí música y deseo, esperanza y pasión, magia y el sabor de una sal, cristalizada en tu exótica humedad. Preguntaban mis ojos, tu boca brillaba, mi mano contestaba y lamía tu espalda, se arqueaba tu cuerpo y caminaban mis dedos en tu bronceado. Abriste tu alma, suspiraste, el aire enceló su oxígeno, tu lengua abrazó despacito los labios del deseo, la osadía tomó mi mano debajo del bikini y la perdí entre tus muslos. El suspiro fue el baile de un juglar consentido, tu mirada ardía, las pieles erizaban brisa y entrelazamos salivas. Se pervirtió la succión, mi mano acariciaba y tus dedos jugaban eróticas escondidas en mi cuello, entre mis cabellos, en las ternuras de mi cara y pellizcando los vellos de mi pecho. Contorsionó la emoción, mi mano arrancó tu bikini y el ocaso brilló sedas en tu pubis, mi boca viajó, tu sudor se erizó, latió duro mi vigor y la ballena resopló cielo desde el fondo del mar. El cuerpo gimió, la marea nos abrazó, el delfín brincó tanto que el horizonte cosió de hilos dorados y la palmera bebió en ajenos cocos. Pintamos de intensos óleos aquella arena, dibujamos caricias de sal en nuestros cuerpos, la caracola expandió su eco,  el pelícano encontró su presa y el mar embraveció su espuma.

                En el abrazo nos miramos, acompañamos el ocaso y juntamos labios. La naturaleza nos envolvió en un sublime silencio. Emulsionaba aquella arena sus cristales, amanecía tímida la Luna y el olor a mar, era olor a ti. Imaginamos un sueño, juntamos nuestros índices y señalamos una pequeña nube. Creamos una fogata en nuestra playa y la llenamos de chispas, le rezamos al viento y se las llevó, se prendió la nube y soltó sus hilos de algodón. De reojo miramos nuestra Luna y le pedimos un deseo. Ella entendió, se desvistió y su velo de sedas nos regaló. El mar soltó toda su brisa y tejió una cama de sedas e hilos de algodón. Nos miramos y besamos eternidad en aquella arena de pasión.


domingo, 23 de julio de 2017

EL MIMO DE UN MIMO...


                        Corría un día cualquiera y el que escribe, pensaba en no hacer nada. Pero claro, hacer nada es pensar y pensar es hacer algo. Entonces, decidí no ser pensamiento y pensar lo que otros piensan…Y para eso no hay mejor manera, que leer a otro u otra. Quería algo diferente, algo que me abstrayera de mi mundo y me transportara lejos de mis quejas. Me dirigí a un viejo mercadillo, de esos que casi no hay y los que hay, venden más ilusiones que libros. Pero bueno, me adentré en la tarea y busqué. Escuché consejos, vagas valoraciones y alguna que otra enseñanza de la gitana de turno al leer mi mano. Pero era yo quien buscaba leer, no que me leyeran. Dicen que el que busca encuentra y en mi afán lo logré. Era pequeño y viejito, escondido, descarapelado y poco leído. Título borrado y autor desconocido, sin prólogo ni epílogo, sin duras tapas y casi sin latido. Lo tomé, lo compré y lo abracé entre mis manos…Respiró.
                        Caminé a mi casa, me puse cómodo, les di lugar a mis gafas, me serví una copa de un añejo tinto (por desgracia, no tan viejo como aquel libro) y prendí un cigarrillo. La curiosidad de abrir un libro que crees olvidado y casi nunca leído, era suficiente como para que poseyera un par de horas de mi vida. Y dejé que así fuera.
                       Contaba una pequeña pero hermosa historia. La dirigida y destinada vida de una doncella que aún sabiéndose adinerada y casi casada con un príncipe que de azul nada tenía, nunca perdió la esperanza de encontrar un amor puro y verdadero, ese amor que la hiciera sentir y vibrar…Ese amor que la llenara de paz.  Y un día algo ocurrió, un encuentro inesperado llegó a su vida y de tal manera la marcó, que quiso escribirlo. En sus palabras lo transcribo:
                      “Corría un día cualquiera de un mes que respiraba el incipiente otoño. Las grandes ruedas del carruaje rechinaban entre perdidas calles, los caballos pedían clemencia pero mi diligente acompañante solo mis órdenes seguía. Media tarde, los mercaderes ya empacaban los sobrantes, el deshollinador miraba de reojo las sucias manos de su trabajo y una secuencia de nubes, amenazaban con tapar el ocaso de mi día. De repente un fugaz destello atrajo mi atención. ¡Deténgase! Se detuvo y suspiró un “¿Y ahora qué?”, los caballos aplaudieron, recogí mi vestido y bajé del carruaje. Era en la esquina, un enorme cristal emergía pegado a no sé qué. Flotaba sobre la acera, era grueso y solo un resquicio de Sol entre tanta nube, parecía darle poder. Me acerqué, toqué su gran solidez, su vigor, su frío y un aliento de suavidad. No había más pero la hermosura de aquel destello me estaba seduciendo. Miré, detenida lo observé y nada pasó. Me di media vuelta, los caballos cerraron los ojos y sentí algo detrás de mí, como alguien observándome. Regresé mi media vuelta y ahí estaba. Blanca cara de nieve, labios intensos y afresados, grandes ojos y pestañas cubriendo cejas. Encerado cabello y manos de blancos y negros guantes. ¡Era un Mimo! Sonrió, sonreí, me miró y lo miré. Despacito, con elegancia, puso su mano derecha en el cristal, luego la izquierda. Guante blanco, guante negro. Hice lo mismo, mano con mano. Acercó sus labios y un beso me regaló. No tocó el cristal pero se empañó y en el vahó bajó sus grandes pestañas y un corazón dibujó. Me acerqué más y mi boca se pegó al cristal. Quería sentir, necesitaba sentir. El Mimo cerró sus grandes ojos, los abrió y los cerró de nuevo. Entendí y cerré los míos, quizás así lo sentiría. La malicia entornó mis párpados y entre sombras seguía sus movimientos. Él lo sabía y actuó. Ladeó sus manos y las sentí en mi cara, recorrió mis hombros y el vestido cedió. Mis manos pegadas al cristal, mis dedos lo empapaban y no lo podía acariciar. Tocó mis pechos y ericé una dulce contorsión, inhalé ternura y suavidad, me estaba tocando y yo no podía atravesar aquel cristal. Siguió el Mimo con sus mimos, el excitante escalofrío recorría mi cuello, el mimo se detuvo, la ansiedad rasguñaba mis uñas y el Mimo mimaba la virginidad de mi vida. Abrió la boca y escuché su canción, ensanchó la orquesta sus vientos, el piano enloqueció teclas, la batería compitió con la trompeta y el violín emergió distante entre los acordes de un viejo violonchello. Cerró sus ojos y dos negras lágrimas viajaron por su blanca cara, sonrió y en las comisuras de sus labios se detuvieron. Su lengua las abrazó, las encerró en su boca, pensó, imaginó, copió aquel destello y con un enamorado beso en el cristal lo tatuó. De nuevo cerró sus ojos, el destello se hacía cada vez más intenso, entre luces se desnudó, abrió el pecho y me mostró su corazón. Sus latidos eran enormes, vigorosos y llenos de amor. El destello seguía, el cristal se agrietó, escuché la explosión de una exhalación, la fusión del trueno con el temblor de la Tierra, la eclosión del rayo en el mar y la fugacidad de mil cometas atravesando mi Luna. Gritó un gemido y vi su alma, blanca de labios rojos y pestañas gigantes, se abrió ante mí y ví un túnel hecho de cien caleidoscopios brillantes, hermosos e infinitos. El cristal se desmoronó y fui abrazada por el amor, por la eternidad y por el mimo de un Mimo. Y yo sentí.  Desde entonces cuando duermo, vibro, cuando sueño siento su abrazo y cuando vivo entiendo, que el amor es otra cosa.
             Amar no es tocar, sino sentir que te toca hasta que tu piel lo respire.
             Amar no es latir, sino dejar que tu corazón mueva su sangre.
             Amar no es tener, sino dejarte leer hasta que exprima las letras de tu alma.”



             

sábado, 22 de julio de 2017

EL DRAGÓN DE LAS SIETE CABEZAS...


                   Marca la lluvia tus pasos y enlodas el camino. Tus huellas son tan profundas que ni el fuerte viento se atreve a borrar, el sudor huele a cansado, el sueño deviene dormido y hasta el respirar, es lastre en tu vida. El miedo cierra tus ojos y no lo miras, sientes pero no saboreas, te tocas y no reconoces piel, piensas y el tiempo no tiene ideas, cierras tus manos y solo aprietas vacío.
                  Entras a la cueva de tu dragón y pierdes aliento entre los humos de su jazz. El dragón despierta y es poderoso. Tiene siete cabezas y largas garras. Su exhalación es putrefacta, su carmesí cada vez más morado, sus ojos son ventanas de azufre y sus siete lenguas, están llenas de serpientes. En sus arterias corre el veneno de la sangre y en sus venas, nitrógeno líquido. No late porque su corazón paga alquiler al infierno, no siente porque no tiene alma y jamás derrama misericordia porque su espíritu, no tiene ángel. Es un dragón sin nombre porque los tiene todos, un dragón sin apellidos porque jamás nació, pero vive en tí.
                  Estás sentado en su cueva, en su bar, en su antro de alcantarilla. Degustas el whiskey de la hiel, mientras entre sus hielos rasgan codiciosas, negras cucarachas. Tu noche es oscura, el humo tiniebla y los acordes, puñaladas del recuerdo. Y tú, sumido en el letargo miras a ninguna parte, dibujas tu pesadilla con mesas, vasos y viejos saxos, disimulas que tienes vida en el  tibio beso de un cigarrillo y ni una lágrima te compadece porque tu ángel, te quitó el alma, la guardó entre sus alas y espera.
                  Hierve la cueva, las paredes queman, el ruido silba entre tus oídos, la música estremece, vive el pecado en soledad y gimen tus entrañas. El cielo grita ¡Es tiempo!, el inconsciente envía un mensaje ¡Más bajo nada hay!, tus valores se rebelan, aflora una vieja educación, los principios se ponen de pie y tu corazón expulsa un primero e intenso latido. El dragón lo siente y su primera cabeza abre la boca, toma impulso y suelta un mordisco. Lo esquivas, tomas su lengua de pequeñas víboras, dejas que sorban tu whiskey sabor a hiel y en su convulsión, muere. Era la cabeza de la envidia y la mataste con su propio veneno. Suelta el dragón una segunda cabeza, la cabeza de la posesión. Tu libertad desenvaina su espada y la corta de cuajo. No sintió, no hubo sangre, solo unas gotitas de perdidas lágrimas con sabor a viejos brazos. Confundido el dragón, lanza la tercera, la cuarta y la quinta. Vuela  el egoísmo por doquier, la intolerancia se esconde entre el humo y la amargura, supura el fuego de su pus. Abrazas imaginación, la llenas con tus colores y pintas el paisaje que quieres en tu vida. Ellas lo ven y en él quieren entrar, pero en tu lienzo está el poder del mar, de sus remolinos y de sus grandes olas. Una por una son engullidas, ahogadas y llevadas muertas a las abisales fosas.  La sexta cabeza tiene dos lenguas, la del rencor y la del remordimiento tienen sus propias serpientes. Se arrastra quedita, en silencio, despacito y traicionera empieza a envolver tu cuerpo. Al no encontrar tu alma, recorre el cuello en busca de tu mente, pero ahí está tu ángel, buen tejedor de bufandas y excelente sastre. Sorprendido te miras en el cristal de tu mesa y una hermosa bufanda te adorna, una bufanda hecha de lana virgen, tejida a mano y con olor a olvido. Una bufanda que educa tu mente y deshace por completo la sexta cabeza.
                   Y tu ángel susurra, lo escuchas, sabes que tienes alma, te sientes y hueles tu piel. De reojo miras lo que queda del dragón. Su séptima cabeza es poderosa, las serpientes erizan cascabeles y absorben en sus lenguas todo el veneno de las arterias del dragón. El ataque final está por iniciar. Estás con tu ángel, con tu alma y con todo tu ser. La séptima cabeza escribe desamor, abandono y la venganza de seres acomplejados que de ella se alimentan, seres que imponen jefaturas sin sentido, guerras por capricho y hambre por genocidio. La espada es blandida entre alas, tu alma es trinchera y todo tu ser ya está preparado. La lucha es intensa, el corazón late energía, la piel se enchina y la palabra fluye. Tu ángel te admira, te enseña y te abraza. En tu pesadilla aparece un hermoso sueño. Mil poetas escriben amor, cien Lunas se desvisten, diez gobiernos tatúan la palabra libertad en su bandera y los dedos de tus manos se transfiguran en amigos que te apoyan. Y tanto poder se funde en el acero de la espada. Tu ángel toma Universo y corta las venas del dragón. El nitrógeno líquido lo congela. El ángel grita y el dragón muere. Termina tu pesadilla y fluye el sueño, termina el miedo y fluye la fe en ti mismo…Termina el humo y vuela el oxígeno, otra vez en tu vida.



                 

jueves, 20 de julio de 2017

ENTRE SEDAS Y ALGODONES...


                     Entre suaves luces y blancas sábanas perfumo tu cuerpo, dibujo atrevida una caricia y en mi pecho sostengo tu mano. Tus ojos brillan, vibra la inquieta ternura y los sentidos se llenan de una exquisita paz. Una dulce brisa se convierte en transparente niebla, escurren sedas, cae nieve de algodón y el verso empieza a escribir una poesía. El sabor del momento es intenso, el silencio se hace fuerte y gatea el instinto. Escucha la piel y se relamen los labios, la mirada toca, el beso quiere y el ansia espera. Penetra el calor y el sudor, exhibe una gotita. Cala hondo el aliento, el nervio ilusiona, el latido jadea y el cuerpo escribe deseo.
                     Muestra su velo la Luna, consiente el vaho una lágrima en su ventana y despacito el reloj, detiene sus manecillas. Canta la sirena los algodones de su mar, enreda el viento su cariño entre las sedas del cielo y la pasión muerde el anzuelo del profundo deseo.  Me tocas y se eriza la miel, te miro y el mar cambia de color, me respiras cerquita y vuela un ángel, te beso y las estrellas se convierten en música…Los ojos se cierran, el beso es profundo, las salivas se envuelven en un sublime tango, el sabor huele a vals y tus labios lo saben, vive la belleza en todos tus rincones y mi lengua la baila una y otra vez. Porque de velo de Luna está hecha tu boca, de algodón tus labios y de seda  tu elegancia.
                     Vibra el paisaje, las rosas se deshacen de sus pétalos, azota fuerte el viento la ventana y el corriente aire tapiza nuestra cama. Embravece el mar su sal y el cometa la reparte, gira su cabeza el búho y el árbol tapa sus ojos. Se extiende la noche, gime quedito el fuego de un volcán y mil golondrinas anidan su amor. Fluye el tierno abrazo y entre mis manos, se deslizan tus cabellos, la exhalación es inmediata y en el arqueo pierdo mi boca entre tus pechos, los sigo y los persigo, los acaricio y los beso, los toco, los huelo, pierdo mis sentidos en tus pezones y me lleno de hombre.  Deslizo mi vigor en tu espalda y en la firmeza de tus muslos desahogo fuerza. La fricción es intensa, la contorsión seduce alma y tanta sensualidad enrojece mi  tímido corazón. Tu caricia excita tentación, se desenfrena la mirada y en la piel se funde de pasión, la humedad empapa, el  poro se llena de ternura y el espíritu grita, gime y desafía a quien pueda escribir su verso.
                    El poeta lo escribe, un ángel lo lee y el cielo lo recita. Mil pétalos se llenan con sus letras. La Luna recoge su velo, lo huele y se excita. Absorbe el mar su sal y en cada cristal contempla una caricia que sabe a espuma de piel. Libera el tiempo sus manecillas y amanece. La brisa es tierna, el rocío pinta un abrazo en la ventana y ya huele a café. Los ojos se abren y las miradas explican que hoy, el amor se hizo… Entre sedas y algodones.



                     

martes, 18 de julio de 2017

...Y EL CIELO SONRIÓ.


                 El perdón necesitaba ser perdonado porque no nació en el corazón, la caricia envuelta y devuelta por necesidad del egoísta deseo y la pregunta, sentada en el portal de la esperada respuesta, lloraba una palabra.  El orgullo perdió su capacidad porque no hubo perdón ni devolución de caricia, tampoco la respuesta indicada llegó…Solo ese profundo silencio que desbarata el alma y la llena de vacío.
                 La mirada desparrama lágrimas, la oscuridad se convierte en malla de acero de tu coraza, tiemblan las manos y se acortan sus líneas de vida. Tu soledad ya no llora, solo suda intensa, el cielo se abre, te da una oportunidad y no la ves porque los ojos cansados, no transparentan la sal de sus gotas.  Arrecia la lluvia, la humedad huele a mojada tierra y en ella clavas tus pies. El núcleo vibra, el pasto crece y en tus piernas sientes el escalofrío de un amor natural, puro y generoso. Caminas despacito, observas de frente, escuchas viento y enjuagas tu sal. El paisaje es tuyo y el ocaso lo pinta de un ardiente rojo. Sientes infinito y tu alma lo sabe, tocas brisa y tu corazón late. Cierras pestañas pero no piensas, la imaginación no nace y ves como el sueño se pierde por los recovecos de tu mente.
                 La Tierra es sabia y entre sus árboles, nace un violín. Tiene forma de pequeña mujer y cuerdas de garganta de ángel. El espíritu del bosque lo afinó, la miel de una abeja reina le dio brillo a su madera, el sauce llorón lo bautizó en el sentimiento y cien lianas se fundieron para crear sus cuerdas. Lo pusiste en tu pecho y ya su jalea, empapó vellos y resbaló en el vientre. Su música brilló, su estampa enrojeció ante el Sol en su puesta, sus cuerdas cantaron y tu alma quedita, venció miedos. Poco a poco, tus manos lo acariciaron, envolvió tu caricia y te regaló la composición de la exquisita ternura. El corazón le pidió perdón porque sin querer provocaste una excitación, se ruborizó y te mandó un beso, ese beso que solo la música tatúa en el recuerdo, ese beso que los labios se abren al recibirlo y ese beso que la lengua baila suavidad, pegado al pétalo de su rosa.
                Nació la pregunta y la respuesta fue verso. El violín se transfiguró y creció. Vibraron las cuerdas, latió la madera y tanta miel se convirtió en mujer. Bella, hermosa, tierna y desnuda. El ocaso se difuminó y emergió radiante la Luna, los destellos eran estrellas, los cometas cabellos y su piel cambiaba de color como sus ojos cambiaban miradas. Alzó la mano y su dedo apuntó a una abertura en el cielo. Ya los ojos no miraban tierra, veían mujer, seguían su dedo y apuntaban a ese pedacito de Universo.  Sonrió la Luna y el Sol se durmió. Del vacío cayeron sedas con cara de sábanas, nubes con sabor a cama y sonidos de violín, con olor a poesía.
                En tus brazos se estremeció y los ojos se cerraron cuando sentiste su piel. En tu interior creció la imaginación y el sueño empezó a prender, salivó el deseo y el orgullo desapareció en un viejo y aprendido teatro de vida. Ya no buscaste respuesta porque no había pregunta que soltar, tenías tu espacio y pediste callar al tiempo. Le dijiste al amor que se hiciera, a la eternidad que fotografiara el momento y al cielo, que en su inmensidad los absorbiera.
               Y llegaron los tres Reyes Magos del Amor: el mar, una vieja estrella y la Luna. Llegó primero el mar, bravo y cansado, intenso pero relajado, espumoso y salado. Puso su alta marea al servicio de tu lecho, su profundidad entre los abrazos y su dulce sal, entre los labios. Renqueante llegó una vieja estrella. Todavía luminosa mostraba con decoro sus añejas puntas, un libro abierto en su vientre leía su historia y un reloj de arena en sus manos enseñaba cada gramo de su sabiduría. Puso el ambiente a su media luz y una por una prendió las ceras de su larga vida. Se sentó, los vió y recordó…Y en su vieja y bien formada educación, se convirtió en fugaz para no molestar.  En su huída, un millón de sus hijas se convirtieron en lluvia y despacito, mojaron sus cuerpos de pasión.
               El viento enfureció y la ventana se abrió. Entró el resplandor, el aire gimió, las paredes se agrietaron, enloqueció la música, las rosas desprendieron pétalos, el grillo se sorprendió y calló, un delfín brincó siete mares, la morsa comió zanahorias y el conejo se escondió. El Universo vibró, expandió su cola el cometa, el león aulló y la serpiente cambio siete pieles. El camaleón fue actor, el juglar carnicero de besos, el lenguado lengua de sal y la cama, un edén. Llegó la Luna y se posó a sus pies. Desnudó mares, activó cráteres y dejó que la lava fluyera por sus piernas. Sus antiguos ríos empezaron a salpicar, sus valles a recibir tanta humedad y desvistió su natural sensibilidad. El poro se abrió, la piel sudó, una lágrima sintió y la rima bailó… Le dio sensualidad y ella contorsionó, te dió seducción y la sangre llenó el espasmo, desvistió su manto, los abrigó y les prestó su orgasmo, lo sintieron profundo, eyacularon juntos, soltó un gemido y tú un abrazo, te hizo suyo y entraste en su alma, la hiciste tuya  y sus tintas escribieron versos en tu corazón…Fueron uno y el Cielo, sonrió.




                

domingo, 16 de julio de 2017

DESHEBRANDO UN HILO...


            Vibra el eco y en su astucia rebota frecuencias entre las paredes del cansancio, sume sus rodillas el letargo y amenaza consistente, la desidia. Baila la nostalgia en viejos acordes, en aquellos en los que la vida no respiraba flaquezas, en aquellos en que la felicidad era casi completa y la soledad solo un incomprendido espejismo.
           Las decisiones condicionaron destinos, ajenos orgullos tomaron diferentes atajos y en mi camino se abrió el telón de un teatro distinto, la vibración de una escondida vocación y el abrazo a la exhalación de un cielo, que guía el dolor de mis lágrimas y que tomo como reto. En su exhalación está la fuerza del viento del Universo, el profundo tambor del trueno en el último mundo desconocido y el fuego de un millón de lavas, que supuran la sangre del corazón de los más viejos planetas. A ella me aferro porque en su poder conseguiré, en su profundidad me realizaré y en su infinito, un día eternizaré mis sentimientos.
           Despacito dejo que mi alma abra los ojos, enchino sus pestañas para que vea claro y en cada retina siembro una gotita del elixir de la esperanza que copié de un sueño,  ese sueño que nació compartido, creció poquito a poquito con mucho dolor y murió en las manos de su realizador, como don de vida, como genio o como eterno amante de todo lo creado…Ese sueño que siempre pende de un hilo.
           Y en la sublime exhalación de mi cielo, vive ese sueño. Desnudo mi cuerpo y tomo su hilo. Se queman mis manos y cimbra el pecho, se marca en el vientre y lo enredo entre los dedos de mis pies. Es delgado, largo y fuerte. Me suelta una de sus hebras, la hebra del conquistador de libertad, el héroe nacido de fértil tierra, ese fabuloso humano que murió en el dar y esa bandera que no lleva su nombre, pero que en ella están escritas las cuatro huellas de la sangre de sus dedos al agonizar. Una segunda hebra brinca y azota mis dientes. La hebra del sabio de la palabra, del pensador de verdades y proxeneta de la ignorancia. Un ser solo, antisocial, lector de libros sin estantería y observador de viejas  miradas. Un ser que enseña a ser y en la virtud, te predica lo que serás por lo que haces. Un ser que es maestro, el primer alumno del Universo y el último consejero de tus defectos…Por eso, cuando duermes, los convierte en refranes para que los entiendas y te reinventes.
            Tiembla el hilo, vibra y un escalofrío que cierra ojos invade mi cuerpo. Es la tercera hebra, la hebra del soñador de amor. La sorpresa es agradable pues el soñador, no se acompaña solo de romanticismo. En su larga cabalgata destila dulces letras la poesía, infinidad de sentires la prosa, hermosas cadencias las rimas y suaves perfumes, la épica y voraz leyenda. Pero su cola es larga y profunda…Y aparece el erotismo que siempre suda piel, la seducción  que cuando no contorsiona muerde labios, la sensualidad que refleja alma y sale por los poros, el deseo disfrazado de juguetón juglar y la pasión que en su caja de regalo, los mantiene a todos juntos en el lazo de la ternura.

            La emoción traiciona prisa, exige la música grito de trompetas, ronquez de saxo y salpicar melódico de piano. El relámpago del sueño saca su espada y se deshebra siete veces, cada una un color, cada visión un arcoíris de sensaciones…Cada hebra una explicación. Veo al sabio, al amante, al conquistador de libertades, a mi verdadera vocación, a mi Creador, a mi sueño y me veo a mí: Realizado, vivido, con el don de mi cielo aprendido y ejecutado, con la enseñanza dada y con mi muerte explicada…Deshebra ese hilo, aprende y tu vida tendrá sentido.


sábado, 15 de julio de 2017

FLUYE EN MÍ...


                 Extiende su bruma la tiniebla y envuelve la mente, grita el aire un patético silencio, calienta mi cara el humo del cigarrillo y te imagino acostada, solo pensando.  A lo lejos ya clarea su ocaso el horizonte y una leve brizna de luna, asoma un tímido reflejo. Yo te pienso, cierro mis ojos y te siento, abro mis manos y en el destino marcado, veo tu dibujo. Pinto tu rostro y en mi entrecejo, te desnudo. El cielo te respira y abre su lluvia para que unas gotitas de tu aliento, recorran mi piel. Acelera la noche su manto y expira el Sol su puesta, fijo la mirada en una pequeña nube, le doy forma, cambio su color e imagino que suda. Una estrella, la más grande, vigila quieta, espera temblorosa en sus destellos y plasma una hermosa fotografía en mi Universo. Y en mi fantasía, se convierte en lienzo, fluyen carbones y dulces óleos, se pinta de música y ternura, huele a vainilla y sabe a miel…El destello atraviesa la nube, se uniforma el color, la silueta  es deseada y nace un rostro, ese rostro que un día escribí, el rostro de una ilusión, el rostro de mi sueño, tu rostro.
                Extasiado te contemplo y pellizcándome, en él me juro. No es un sueño, eres tú hecha mensaje por el cielo. No es una ilusión, es tu cara, iluminada por una estrella. No es una distorsión, son tus facciones perfectamente marcadas. No es distracción, es mi destino… Lanzo mi mano, te acaricio y siento una cicatriz en tu mejilla, esa cicatriz que siempre enseña el camino de una lágrima hasta la comisura de tus labios. Dejo un dedo de silencio en la mitad de tu boca y tu mirada se abre. Tus ojos transparentan y en la retina veo el escribir sin parar de tu alma, tu blanco es intenso  y en tu cristalino no hay ningún vaho. Avanzo mi dedo, recorro tu naricita y ya toco frente. Se detiene en tu tercer ojo y en pequeños círculos lo abrazo, lo excito y le doy el poder de sentirme. Tu boca se abre, los dientes afloran su pureza y tu lengua me manda una promesa. Absorto,  le pido al cielo que expanda el lienzo, al tiempo que lo detenga por siempre y al espacio,  que se llene de viento y lo haga infinito.
                La música agiganta sus notas, el mar salpica sus espumas y lo llena de sal, el cometa afila su cola y se llena con el polvo de mil estrellas, el relámpago ilumina escondidos rincones y espera el trueno su grito final. Mis ojos no dan crédito, la Luna tampoco y mengua su luz, las estrellas se convierten en ardientes ceras y chorrean por doquier. Se revientan las sábanas del cielo, cruje la cama del Universo y el lienzo se abre eterno. Llega un ángel y carga tintas, un sabio del Centauro, afila carbones, un plebeyo de Casiopea carga los aceites y el más bello de los Arcángeles, frota por todo su cuerpo el pelo de sus pinceles. La orgía celestial es inminente y la Luna en su menguante, empieza a crecer sin parar, el mar ya no sabe qué salpicar pero pone a bailar a sus corales y arrecifes, el dormido Sol no se atreve ni siquiera a chispear y el cometa arrecia su fuerza por todo el lienzo y le da vida. Se juntan las nubes, deshilan su algodón y se hacen seda en un gran velo. Tapan el lienzo y la emoción me cubre por completo. Los seres menores se divierten, el gnomo se convierte en pequeño y perfecto ombligo y veo como entra al lienzo. Dos hadas, campanitas de mis cuentos, adoptan  y contornean dos suaves pezones y entran al lienzo. Llegan elfos convertidos en dedos, mariposas en bellos vellos y un millón de rosas, seguidas por mil abejas sin aguijón, mil colibríes y mil hormigas. Cada abeja, copula el polen de mil rosas y es tal la intensidad que desprenden sus pétalos. Cada colibrí los toma y cada hormiga los junta en su nido y los transforman  en piel…Y entran al lienzo.
              El instante es sublime, el velo es recorrido y el trueno no grita, solo gime y gime y gime. Se asusta el rayo porque ese no es su trueno, ríe el Arcángel  y ante mí, aparece la pintura más genial que un cielo puede crear: tu cuerpo.
             Hierven los sentidos, el deseo es confusión en el escalofrío intenso de la pasión, el roce es querido por cada poro, la poesía tiembla y el mar ya no salpica. El vigor de hombre crece y crece, la garganta enchina su saliva, la tilde su multiplica pero no se atreve con el lejano verso. Mi cuerpo se abre en canal, las piernas vibran, se contorsiona el espíritu, el sentimiento enaltece su tinta y la boca se abre a la dulce lujuria por poseer cada gramo de tu piel. El instinto se rebela, el niño salvaje entra en tu selva y el lienzo se mueve. La estaciones se juntan, hielo en la distancia, calidez de fuego en el sueño, primavera en la esperanza y otoño,  al caer otra vez el velo y amanecer sin ti a mi lado.
            Deja que el cielo te pinte siempre en su lienzo y fluye en mí.


               

                

viernes, 14 de julio de 2017

EL ANZUELO...


                  Creí escuchar el trinar de un río al envolver sus piedras, el destello del artista sobre unas teclas de piano y el cruel estremecimiento de un pulmón por hacer cantar su gaita.  Creí  escuchar al viento esconder el tambor del trueno, al infierno crujir sus leñas y al cielo formar nubes de colores. Creí creer que sentía lo irreal, que una ilusión era abrazable y que el sueño de una imaginación se podía alcanzar. Y el pensamiento puso orden, el corazón coraje y mi alma blandió su espada.
                 Buscó el sentimiento esa aguja en el pajar de mi vida, esa afilada punta que se llena de  tintas y ahora me escribe, ese delgado metal que de tanto en tanto atraviesa mi corazón y sangra sus miedos…Ese punzante dolor,  que asfixia mi destino. No la encontró el sentimiento pero sí la perseverancia, la tomé en mi mano y la puse alargada sobre el yunque de la esperanza, la moldeé y le di forma de anzuelo. La trampa estaba lista, solo faltaba la carnada.
                 Saldré en busca del ser, de ese complemento que para mí escribió el Amor, de ese libro abierto que me seduzca…De esa canción, con forma de mujer, que me enamore.  Saldré y le diré al mundo que no estaba muerto, solo distraído en la posesiva fiesta de mi soledad, que en el reciente tiempo solo viví para mí y que a partir de ahora, mi poesía solo quiere hablar de ti. Le pediré a la Luna que cada noche refleje en mi espejo tu rostro, a las estrellas que contorneen con su luz tu cuerpo y lo fundan entre mis sábanas, al cometa que viaje más fuerte y me traiga tu aliento y al meteorito, que entre en mi atmósfera, que se parta en mil pedazos y bombardee sin cesar, el escalofrío que todavía siente mi cuerpo.
                 Arrodillaré la humildad de mi sencillez ante el espejo que solo tus ojos son capaces de ver, la pureza de mis sentimientos ante la primera lágrima de rocío de tu amanecer y a mi dulce ternura ante el intenso vaho que pintaré en tu alma cada vez que pienses en mí. Saldré en busca de mi felicidad y te encontraré, cruzaré mares y caminaré océanos, llenaré mis puños con las arenas de tus cercanos desiertos y mis sentidos,  del olor de tus cafetales. Les explicaré a mis consentidos acordes que ya envejecieron y que no caben en el nuevo pentagrama de mi vida, al recuerdo que de una vez se disfrace de olvido y al sereno de mi soledad, que de una vez tiré las llaves al caudal más profundo.

                 Abriremos el gran teatro del sueño, donde el telón es ilusión y la tarima puro deseo. Fundiremos cuerpos en pasión, cada acto será instinto y cada verso resbalará quedito en nuestra piel. Cada sudor será contado, cada gota exprimida y cada caricia, pervertida en cada línea de nuestras manos. El cuento vibrará, la leyenda se escribirá y la prosa de la compartida eyaculación, salpicará versos por doquier.  La música se compondrá, el equinoccio abrazará solsticio, la nube cambiará de forma a cada mirada y el juglar del amor brincará. La respuesta no encontrará su pregunta, se morderán  lenguas y los dientes lamerán, callará el tiempo y el espacio se pegará, el dedo recitará piel, el cabello estremecerá su beso y la poesía cantará…Lancé mi anzuelo, lo mordiste, fuiste mía…Y Dalí te pintó.