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sábado, 21 de octubre de 2017

UNA RAZÒN LLAMADA LIBERTAD.


                     Sujétate a tu sueño, préndete a la vida…Respira un poco y volverás a ser. Deja que sea tu sangre la que te ayude, pídele perdón al orgullo, arrodíllate enfrente de tu mar y cuando una lágrima ose cruzar tu cara, dile que la quieres, que su agua es cielo, que su transparencia es verso y que su resistencia por caer, es la razón del recuerdo. No la pares, deja que moje tus labios, recógela en tu lengua y llévala de la mano, camino a tu alma. Y entonces escucharás cuando la música arranca una nota de su pentagrama, abrazarás ese acorde y él vibrará, lo fundirás en tu corazón y el latido bailará, la sangre se purificará y las arterias expandirán su poder. El miedo esconderá sus infiernos en unan vena cualquiera, explicará la memoria su siembra, la duda temblará por doquier antes de morir y el piano del destino, pulirá sus teclas antes que unas sublimes manos lo toquen.
                      El mar inventará un azul y el cielo lo copiará, el viento le pedirá permiso al aire y el volcán a la montaña antes de su explosión. La poesía le preguntará al verso y sus letras brincarán en la emoción de un sentimiento. Las tildes mal puestas abrazaran locura y absorberán los puntos de las íes, la frase corregirá sus espacios, el altar levantará despacito un mantel manchado de gotas de cáliz y el lobo aullará su luna entre las sombras de las más viejas ramas.
                      Rómpete el corazón y se libre porque esos latidos no eran reales, solo eran latidos de miedo, culpa y frustración. ….Miedos sometidos, comprados en la hipócrita angustia, compartidos en la ajena impotencia y regalos de acomplejados seres que rasguñan vidas en un viejo poder que ni el  petrificado machismo alcanza a comprender.
                     Ven vida, deja y te abrazo, te arrullo y te escribo de caricias. Permíteme conocerte una vez más porque le pedí al espacio que alargue tu tiempo, al cielo que guarde mis noches y a la luna que embravezca de ternura  mi mar. Le pedí al trueno que pose eco en mi alma, al rayo que descanse luz en mis brazos y al viento que fluya como aire en mi oxígeno.Le pedí a la oportunidad su viejo tren, a la paciencia le reconocí su bondad y al silencio…Al silencio, le prendí tres velas, una por su ayuda, la segunda por su autoestima y la tercera porque en mi sufrimiento, siempre calló. Al conformismo le pregunté por sus dudas y no me contestó, al escalofrío por sus temblores y escondió sus filos, a mi añejo tinto por sus vinagres y un espejo me regalò, a mis ceras por su media luz y me reprocharon la intensidad de mi Luna…A la conciencia le pregunté quién era y escondió sus respuestas, las puso entre mi alma y mi corazón, esperó una musa en el tiempo, un alma capaz de recitarlas, una nueva Luna, una sensación de vida…Una razón de ser, una razón por la que vivir, una razón llamada libertad.





ENSÈÑAME A SOÑARTE.


               Ensèñame el lado profundo de tu amor, el sonido del escalofrìo en tu piel, la humedad de tu alma y el sabor de uno de tus latidos. Muèstrame la cara oscura de tus miedos, el silencio de tus besos, el dolor de una distancia y el sentimiento de tus làgrimas. Explìcame como abrigar tanto frìo, como desatar un coraje, como dibujar una emociòn y como escribir las tildes de mi amor.
               Busco una huella que me explique tu camino, un olor que pinte en mis labios el color de tu aliento, una mirada que acaricie ilusiòn y un suspiro nacido de alma que abrace con su puño mi corazòn. Te recito en cada sorbo de amanecer, en cada gota que osa atravesar mis mejillas, en cada acorde que toca un piano y en cada estrella que fugaz, atraviesa mi cielo.
               Ensèñame a encontrarte, a conocerte y a escribirte. Toma mi mano porque ya mis ojos cerraron otro destino, arranca una por una las burbujas de mi mar y deja que hiervan en tus sueños, pinta con tu azul mi rocìo porque en èl vivirà tu àngel, la mùsica y tu sangre. Fùndete en la playa y excita mi arena, llena con ella tus manos y dèjala escurrir entre tus dedos, lee sus brillos, enamòrate de sus granos de sal, acaricia su textura y empàpala con tu espuma. Habla con el mar, con su marea y con mi Luna. Mìrate en su espejo y recordaràs que detràs de tì, siempre sentiràs la desnudez de un hombre y mi abrazo.
               No dejes que el presentimiento recorra tu espalda. Date vuelta. Estoy aquí, esperàndote, sintièndote y preparado para amarte. Mìrame, atraviesa mi alma, desgarra de cariño mi corazòn, rompe la cansada camisa y recorre mi pecho. Desnùdame como el huracàn arranca raìces, como el tifòn absorbe islas enteras o como mil ternuras acarician una pasiòn. Mìmame desde tus entrañas, cùbreme de sudor, contorsiòname con tu cuerpo, pellizca tentaciòn y cuando me poseas, escribe en mi alma.
               Ensèñame como es tu amanecer, a que huele tu cafè y como tus labios acarician el borde de su taza. Muèstrame el rocìo en tus transparencias, las erecciones de tus escalofrìos y el sentimiento de tu nuevo cielo. Ensèñame el color de tu almohada y las seda de tus sàbanas, el perfume cuando se pierde entre tus cabellos y la suavidad de tus pies. Ensèñame a sentirte en cada instante, a extrañarte cuando no te toco, a enamorarme cuando me miras, a nadar en cada una de tus caricias, a fundirte en mi poesìa… ¡Ensèñame a soñarte!






              

               

viernes, 20 de octubre de 2017

EL COLOR DEL AMOR.


              Un día un abuelo le regaló a su nieto un cuento de hadas. El nieto lo leyó, creció y con un  hada se casó. Pasaron mil años y en una de esas noches, la historia se repitió: Estaba sentado un viejo hombre entre las piedras de una noble montaña. Era sábado y las nubes descansaban, el Sol apretaba y los pájaros no volaban. Decidió la Luna no salir y el día se hizo largo. Las estrellas olvidaron sus destellos y el cielo se negó a cambiar de color. El Sol, ya cansado, se puso en huelga y el Universo cruzó brazos, miró para otro lado y no quiso negociar.El viejo hombre, buen entendedor y sabio por sus años, miró al cielo y se tomó un café. Una serpiente pasó por su lado y medio cascabel se olvidó, un topo se equivocó y una piedra taladró, un conejo le regaló su zanahoria a una hiena y ésta de agradecimiento lloró. El día era inusual y la noche, simplemente no era.
                    El hombre seguía sentado. Ya su café dejaba poso en sus labios y nada cambiaba. Recordó que su madre fue hada y su padre un viejo letrado en cuentos y poesía. Decidió que su bastón cambiara de mano, que su quijada desafiara seguridad y acomodó sus gafas. Miró al cielo y gritó, ejecutó una orden y el aire calló. Dispuso más piedras a su alrededor, puso bastante leña al centro y una copa de un añejísimo tinto al lado de cada una de las piedras. El cielo arrugó su espacio y bajó, dejó vacío y una estrella cayó. A su lado sentó su destello y los dos pensaron. Un cóndor se atrevió a nadar, un delfín a volar y el señor de las bestias se puso a rezar. Aterrizó la Luna en otro mar, le pidió explicaciones el horizonte y se presentó a un nuevo Sol. Se dieron la mano y en dos pulidas rocas sentaron sus orgullos. Sopló a lo lejos un viento que solo arena comía, lo rescató el más grande de los icebergs conocidos, lo limpió y junto a él lo sentó. Cuatro piedras quedaban.
                  Una vela se prendió y el hombre en su chorreada cera, escribió el nombre del trueno. El vacío se iluminó y el inmenso rayo construyó inmensas telarañas de luz. Solo una, la más poderosa tocó tierra y revivió al trueno en toda su intensidad. Hacía frío y los últimos invitados no llegaban. Pintó el hombre una senda, dibujó en ella mil atajos, le pidió al callado aire que en viento emergiera y al sueño, la exquisita imaginación de un ser perfecto que le ayudara en su reunión. El aire se convirtió en viento, arrastró al rayo con su trueno y juntos dejaron sus traseros en tres sublimes piedras. El último invitado no llegaba. El sueño del hombre no se realizaba y la discusión debía empezar. La puntualidad era europea, el relax latino, la música tocaba caderas brasileñas y el tinto, un viejo oporto, esgrimìa preocupado tersas lágrimas de madera indígena. Los camareros vestían smoking de alta alcurnia y shorts de baja cadencia, zapatos sin marca, lentes disfrazados de falsas dioptrías y calzoncillos de manga larga terminados en un sutil tanga para que marcara sus deficiencias. El día-noche o lo que fuera sería largo. Pero faltaba llenar la última piedra, una piedra que daría razón, seguridad y quizás algo más.
                 Empezó la discusión. Cada quien explicó su razón de ser y ésta, no era medida. Las añoranzas afluyeron, los sentimientos brotaban en cada piel y las culpas lloraron. Le pidió el Sol una explicación de monopolio de amor a la Luna, ésta se volteó, una estrella sonrió, el viento le dio un manotazo de cariño y el rayo estuvo a punto de prenderse. El trueno calló. Quiso el cielo dar su opinión y la Luna lo abrazó, una estrella se acurrucó y el rayo palideció. El viejo y sabio hombre vio que lo de siempre era aburrido y esperando a su último invitado, abrió un libro. Tomó un sorbo de su Oporto, dejó el prólogo a un lado y empezó a leer en voz alta y contundente: “        Todos estamos destinados a entendernos, el Sol con el mar, la Luna con el amor, el viento con el aire y el trueno con el rayo. Todos somos creación y por lo tanto perfección, todos somos oportunidad y por lo tanto suerte…Todos somos amor y por lo tanto, parte del Creador. La Luna hace el amor con su mar, el Sol refleja estrellas, el viento reparte oxígeno, el rayo vive y el trueno avisa que cayó. Y en todos ellos se creó esa cama Universal que todo lo mueve: El cielo, el cómplice absoluto de la copulación universal, el techo del amor y el jardín de los astros…”
                De repente, un severo silencio se apoderó del hombre. Todos lo miraron. Se escuchó un paso, luego otro y otro más. Un sonido elegante, con rima de ángel y cadencia de tiempo hecho miel. La niebla que estaba atenta entre el Sol y la Luna dejaba ver una silueta. El aire no se atrevía a desvanecerla. El viento se hizo a un lado, el trueno embelesado hizo camino para que a su lado se sentara, el rayo emergió duro y erecto a su paso… Y el cielo se convirtió en arcoíris. Se levantó el hombre, arrodilló bruces y otorgó su mano. Se prendió el Sol y un mar lleno de blanca espuma lo medio apagó. Aulló un lobo que por ahí andaba, giró tres veces su cuello un búho y solitas se rellenaron las copas del viejísimo Oporto. Las ceras chorreaban sin estar prendidas, una estrella sentía escalofrío y la Luna se llenaba de hermosura e infinito.
               Se apartó la niebla, el silencio enmudeció, la plegaria rezó y una silueta dibujó belleza. Llegó la mujer. El maná del Creador a los hombres, agua de vida para el universo conocido y motor de sueños para nuestra Tierra. Al lado del hombre se sentó y preguntó, le dio la mano al Sol y éste sonrojó su fuego y luego le pidió perdón, se fundió en un largo abrazo con la Luna y una estrella pudo limpiar su destello, el cielo expandió su dominio, el rayo desdibujó hebras y cosió grandes haces de ternura. El trueno ya dormido, calló. Los camareros despidieron su trabajo y la mujer ante el hombre, desvestida se postró. Lo levantó con sumo respeto y entre sus manos, ropas, botones y collares, trizas se hicieron. Literalmente lo desnudó y un libro abrió, el prólogo de lado dejó y leyó: “Deja que te conozca, deja sentirme en cada una de tus arrugas, deja que mi alma te lea y que tu corazón copie mis latidos, déjame ser tu compañera y tu hada, déjame entrar en ti y dejaré que tu, penetres vida en mí. Te ofrezco una nueva noche, una noche solo conmigo”.
                Obnubilado el hombre, avergonzado de su vieja desnudez y pidiendo protección a la nueva noche, siguió leyendo su libro. El nervio lo traicionaba, las sílabas entrecortadas en espesa saliva casi no salían y se calló. Levantó sus mirada, fijó ojos en ese maravilloso cuerpo, tiró el libro lo más lejos que pudo y se atrevió. Se atrevió con la vida, con el destino y con el universo entero. Se atrevió con él, con sus miedos, con su historia y con sus decisiones. Por un momento desvió su mirada y vio sus invitados sentados y con diferentes actitudes. Ya el cielo había tomado color con sus estrellas y su Luna. El Sol dubitativo porque no sabía a qué diablos lo habían invitado, miró al hombre, le guiñó el derrame de su ojo y se fue. El rayo cargó al trueno medio dormido  y le pidió al viento que los llevara a la parte que es ninguna. El hombre suplicò al aire que se quedara, que cerrara sus ojos, que alimentara sus velas, que llenara sus copas y que le diera suficiente oxígeno para complacer a esa gran mujer. El aire asintió, se quedó y escribió alientos, gritos, gemidos, ilusiones y sueños porque el amor es poesìa, el oxígeno vida, el hombre un animal y la mujer, la perfección Universal.
                 Soltò el hombre su instinto y la mujer se llenò de frìas caricias. Vibrò el sueño, el cielo explotò luz, deshizo sus velos la Luna y con ellos cubrió a la mujer. El hombre no entendía. El huracán arrancò tierra y el rayo abrió la montaña, el trueno ensordeció al eco y el mar embraveció su espuma. El hombre, atenazado por el miedo solo miraba y la mujer esperaba ser tocada. Eclosionò el Universo y su mejor estrella mandò. Una estrella que reflejaba la luz de cien soles, la frescura de mil rocíos y la ternura que solo la pureza del amor puede exhalar. Su destello cegò al hombre y abrió su mente. La llenò de sabiduría, le diò razón a sus instintos y cariño a sus manos. Sembrò un sentimiento en su alma y un latido diferente en el corazón. Abriò los ojos y viò a su hada cubierta con el velo de la Luna. Se acercò, poquito a poquito la desnudò, mojò sus labios y con su saliva una poesía pensó. Acariciò su piel. Esperò a que sus poros se abrieran y en cada uno de ellos un verso tatuò. Abriò sus brazos el hada, el escalofrìo enchinò cien rosas y mil pètalos del cielo cayeron. La luz enrojeció los cuerpos y el amor por primera vez, tomò su color.





miércoles, 18 de octubre de 2017

DESPACITO, POQUITO A POQUITO...


                 Despacito, poquito a poquito, dejo que tu sudor dibuje poros en mi piel, que tus dedos me respiren y que tus cabellos me acaricien. Quedito cierro mis ojos y le pido a la imaginación que dibuje un sueño, al silencio que abrace tiempo y a mi mar que acerque su horizonte hasta lo profundo de mi alma. El instante es tu olor, mi Luna un roce con tus labios, mi excitación la miel que recorre agua entre tus dientes y el momento, un dulce escalofrìo de pasión.
                Despacito, poquito a poquito, tu vientre preña ternura en mis labios, tu mirada provoca mis sentidos, una locura encadena ansiedad y el verso escoge sus letras entre dos alientos. El latido sufre, el pulso excita erótico un temblor, la marea hierve y la sangre empuja. La exhalación pinta una nota, el deseo la interpreta y la caricia se convierte en arte. Cuerpos fundidos en un tatuaje, en la esencia de una indeleble tinta…En la poesía que explica como el amor se hace, como el amor se ama y como el amor se escribe.
                Despacito, poquito a poquito, la desnudez abre el piano de la musa, la senda del placer querido y el umbral de la enésima dimensión. Erizan sus ubres los sentidos, el gemido derrama miel, la elegancia muestra terso su pezòn y el miedo se arrodilla en su pasado. Una libertad se atreve, abraza y posee. Un cuerpo se deja, goza y siente. El piano muestra sus teclas y en ellas baila una música, el aire enmudece y un suspiro se convierte en viento. La danza busca la complicidad, el placer se deja llevar, el roce exige y la ternura exprime una melodía.
                 Despacito, poquito a poquito, una vela prende su cera, un tinto se descuelga en dos copas y un viejo acordeón se atreve con un tango. Juegan las sedas con algodones, un terciopelo se esconde en piel y una estrella camina fugaz entre dos senos. Una nata cruza màs allà del ombligo y una fresa salta del champagne y la sigue. Los dientes aprietan labios y una lengua recorre prisa en su saliva, la espalda empina vertebras, la contorsión enchina piernas y viejas humedades penetran los ecos del recuerdo. Penetra el cometa su Universo, diluye ansiedad el deseo, la caricia aprieta y el gemido impone su grito.

                 Despacito, poquito a poquito, un café muele su grano, el poeta espera la última rima y la Luna no se atreve a mover su mar. Nada el silencio en las entrañas, el mùsculo distende su vigor y canta el grillo su apetencia. El abrazo es dulce, la mirada cerrada y el sentido expandido reclama eternidad. La ternura abriga, el tiempo tiembla manecillas y una brisa se empapa de rocìo. Despacito, poquito a poquito, el café huele, el poeta escribe, la Luna inventa mareas y el amor… El dulce amor, se muestra hecho.


MUCHO MÀS QUE UN SUSPIRO...


                 Toco tu piel y siento mi corazón, acaricio ternura y tocas mi alma, entrelazo dedos en tus cabellos y siento más que un suspiro. Respiras en mi oído, en mis labios cae una gota de tu sudor, en mis manos crece una lengua de caricia y en tu espalda impregno un recuerdo de mi olor.
                 Junta tus manos, deja que tus índices se toquen, piensa en mí, llévalos a tu boca, úntalos de saliva y recorre el ombligo de vida. Deja que tiemblen tus piernas y siénteme. Cierra tus ojos y escúchame. Deja que la música cimbre tus entrañas, deja que te penetre el acorde, deja que la inflexión sea perfecta y que el sentimiento te abrace. Déjame ser en ti, que mi abrazo te abrigue, que mi piel te sude y que mis manos te digan “te amo”. Deja que un suspiro sea escrito, que un mantra sea inventado, que un día sea noche y que una Luna, envejezca cualquier Sol.
                 Déjame ser en ti, dentro de ti y después de ti. Déjame subir tu montaña, escalar tus precipicios, exhalar tus miedos y oler tu intensidad. Deja que te dibuje, que pinte cada uno de tus poros, que enmarque tus ausencias y que imagine tus distancias. Déjame escribirte, recitarte y así dejaré que mi poesía te posea, te haga suya y cuando no estés podré reclamar al suspiro su eco. Así dentro te siento, así te desgarran mis humedades y así se muele el café en cada uno de mis amaneceres.
                 Respiro y exhalo y entre mis encías veo tu nado. Entre tus pechos sentir me quiero, en tu calostro crecer necesito, en tu saliva que amanezca mi rocío y en tu mirada, que se dignifique mi sentido. Pleitesía no es petición, sino rendición de un sentimiento. Mamar amor a media vida no es idiotez si las ubres son tus senos, si una de tus gotas escribe pasiòn en tu pezón y si uno de mis labios puede enchinar las aureolas de tus sentimientos.
                Tengo miedo de mi cielo, porque su celo es poder, su reflejo es de Dios y su color pinta la pureza del amor.  Le tengo miedo a la distancia, al mar que no encoge su bravura y al viento que siempre embriaga mis noches con tu perfume. Le tengo miedo al tango, a la salsa y a la cumbia, porque nunca bailan cuando quiero y le tengo miedo a una noche sin Luna, a una Luna sin estrellas y a unas estrellas sin destellos. Pero a lo que más miedo le tengo es a no escuchar tu olor cada vez que pienso en ti, a no poseer tu cuerpo cada vez que la imaginación expande mis sentidos, a  no poder escribir jamàs tu gemido y a no poder cerrar los ojos cuando tu música entra en mi alma.
                Te llora mi poesía, te necesita mi corazón y cada vez que sueño, siento tu aliento correr al abrigo de mi piel. Entre sàbanas te dibujo y te pinto, entre cejas te pido y en mi pecho nace el dolor de la esperanza. Cae en silencio una làgrima de tus labios, en mis entrañas ahogo el eco de tu mirada y en el lado oscuro de mi Luna, siento el profundo latido de un corazón que cada noche grita, mucho màs que un suspiro.

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martes, 17 de octubre de 2017

ABRAZO DE SANGRE...



               Desgarra el tiempo su falsa consistencia, el grito no tiene eco y el gemido solo se escribe al final de una poesía. Muestra el espacio su cara más desencajada, dibuja la sonrisa un temblor en la mejilla y pide permiso la pestaña para cerrar su inquieto ojo. Toma el ansia su café y la requerida caricia sigue dormida en un rincón donde la vieja historia teje los sueños.
                Y entonces la supuesta lejana muerte, enseña su columpio. Suelta una carcajada y explica con sorna que tu sangre jamás te abrazará: “Mejor ven, sube a mi columpio y juntos lloraremos ese abrazo que solo leerà cariño en el suspiro escrito por un sutil deseo”.
                El cielo es testigo y lanza su telaraña, vibra el cosmos y enfurece la luna al mover su mar. La red está lista. La muerte en ella cae. Ya no ríe. Palidece más y más. Una nube toma forma de puño, el viento la compacta, el rayo le da su fuerza y el trueno lo posa con firmeza sobre la mesa. Nace la decisión, el coraje y la determinación. El Verbo encarniza su voz y dice que es posible, una vieja estrella desenvaina una espada, el milagro tiembla y un avión aterriza en pista de sedas y algodones.
                El abrazo es intenso, querido, añorado, sentido…El abrazo se exprime, se gusta, se acaricia y se toma…El abrazo toca cuerpo, arranca latido y escribe suspiro en el alma…El abrazo sublima, entiende, razona y despierta vida…El abrazo ya nunca muere, la muerte calla, una historia renace y el cielo copia su color.
                Amanece rocío en Itaca, los sentimientos vuelven a su mochila, las letras vibran y se juntan en versos. La prosa baila, se abre el pensamiento, la inspiración es cascada, la boca cierra nervio y renace la poesía en las tintas de un poeta. La vida achica su tiempo pero la ilusión expande sueños, la fuerza vuelve a fluir arterias y la sangre bombea como nunca la pasión de un idilio.
                Las manos se aferran y entre los dedos ya escurre sana tierra, los pies vuelven a dejan huella y entre sus dedos escurre plácida la sal de un mar que quizás sea dueño de almas, dador de vida y explicador de historia…Un mar, mi mar…
                ¡Déjame probarte! Haré un cuenco en mi mano y esperaré quieto a que tu espuma lo llene. Cuando lo hagas, contaré el tiempo, tus granos de sal y tus brillos. Mi lengua te lamerá, mis papilas te degustarán y pleno en mi garganta caerás. Sentiré el fuego de tu escalofrío, los ecos de Ulises y los orgasmos de Penélope, tus batallas y la saliva de los guerreros que tu prestigio con su sangre defendieron, tu música y los castillos de fuego que tu paciente espejo refleja en el cielo del puro amor…Te sentiré dentro, muy dentro y en cada una de tus gotas escribiré un verso, en cada grano de tu sal una historia y cuando tu espuma rodee mi alma, sabrás que quien te escribe es un sentimiento que pariste en mi, que quien te extraña soy yo y que quien te idolatra es mi corazón.
                 Desde que nací, imantaste mis genes. Me diste vida y la que yo pude dar, ya te pertenece. Hoy imaginaste un abrazo de sangre y en èl absorbiste mi alma. Llenaste el espacio con tus olas, la distancia se rindió y el abrazo se dio. Mi Luna se vistió con el velo de la oportunidad y se lo arranqué, la desnudé y con sus sedas me tapé. Llegarán más porque tú eres leyenda y mis hijos de tí son parte, tú eres imán de vida y ellos a tu lado también abrazarán mi sangre. Solo pido que ya la muerte no me muestre su columpio, pues ya no tengo a nadie que en él, me empuje.

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sábado, 26 de agosto de 2017

UNA BOCANADA DE MI ALMA...


                   Tengo frío, piensa el alma y siento que mi corazón ya negocia su latir. La reflexión requiere su tiempo, la soledad un abrazo y el réquiem de una vida alguien que lo escriba. Despunta filo la incomprensión, el fuego huye del agua y una fuente relata su historia entre menudas cascadas y sabores a hierro de lejanas montañas. Pregunta la oscuridad a su noche el color de su velo, respinga el verso porque su rima no es adecuada y rompe entrañas un temblor en mi vientre.
                   Alguien toca mi puerta y no se abre, el teléfono grita y un dedo apaga su ansiedad. Se desahoga la red, los peces viven su mar y un viejo árbol de mi bosque pide clemencia al destino, porque ve en su caminar un hacha de muerte, su filo sembrará. Dejo que en mi sueño viva la imaginación y creo hadas, caricias y nostalgias. Me dejo ir, le susurro a mi aire y presto oxígeno a un candente cigarrillo. Arde la cera, el añejo tinto agota su color, exhalo intenso y la bruma llena de ceniza  mi pulmón.
                   En mis manos está el viaje, un viaje sin retorno, un viaje sin maletas…Un viaje, a la vocación de mi espíritu.  Solo me relame una caricia que nace en mis dedos, me siente un sentimiento que solo transmiten mis genes, me transparenta una mirada que solo en mis ojos vive y me recita un verso que solo mis tintas dibujan. Mi boca pinta una “o” y una bocanada sale de mi alma, se arrodilla el viento, emerge el silencio y un vacío abraza su figura. La “o” se queda quieta, una vela la vibra en su calor, la mirada la sigue perdida, la poesía reclama su foto y una energía la mueve. Llega intacta cerca de unos labios y no se atreven. Se preguntan  pero no se abren. La bocanada es intensa, es “o” y es una respuesta de vida.
                   Entra en “shock” mi alma porque quizás alguien comprendió, las pestañas cierran mis ojos porque sentir a veces es no ver y mis brazos arañan pecho porque abrazar a veces es rasgar. Camina una ilusión entre divagados sentimientos, refuerza un latido el orgullo de mi alma y el pensamiento presta atención.  La veo y siento que me ve, percibo un deseo y siento la necesidad de su absorber. Le cuento al cielo tanta ansiedad y arruga sus nubes, explico a mi historia una pasión y su libro hace trizas cien páginas, intento llorar y no puedo, imagino una sonrisa y mis mejillas la pudren, suelto una palabra de miel y un viejo trueno la despedaza.
                   Mi bocanada vive incorrupta y vuela en el limbo, erecta se muestra  y ecuánime explica de dónde viene. Bocas se abren y ninguna se atreve. Absorberla es tenerla por siempre, tragarla es sentirla dentro y poseerla es vencer miedos. Mi “o” se derrite y su humo ya se difumina entre las hebras profundas del vacío. Nadie alcanzó sus comillas, nadie se atrevió a respirarla, nadie tan siquiera se atrevió a copiarla y sola, sigue vagando un mundo en que la energía del amor sigue transformándola. La verdad la muestra como tal y un resquicio de gemido, muestra que mi alma un día se mostró,  exhibió su humo, retó la elegancia de una “o” y  desnudó su ser en una bocanada que nadie absorbió. Mi “o” salió del alma, se convirtió en humo, nadie poseyó su esencia y camina en el vacío. No espero que alguien la absorba, pero rezo para que jamás un corazón ponga un dedo en su círculo y la desbarate. Dejen que viva  porque una bocanada de mi alma, siempre será una bocanada de Amor.



                   

viernes, 25 de agosto de 2017

RETOÑOS DEL ALMA...


               Pica el pequeño pájaro su tronco y éste no cede, pestañea el hombre y hunde un efímero silencio en su pensamiento, vibra el Universo y un delfín brinca alegre su mar, el libro recoge sus hojas y espera con ansiedad, ser leído. Retoña una rosa, absorbe rocío un viejo pasto, despacito un gusano de seda hace su capullo y un día más la naturaleza se reinventa. El cielo pinta un hueco y la nube se atreve, el planeta cede su espacio y un ilusionista imagina formas, descubre vapores e invita al mago a que abra su chistera. Se pregunta el día por su luz, una montaña la quiere y suplica, una música la venera y desnuda su pentagrama, el verso enchina sus letras y una poesía , solicita su parto.
               Sufre un otoño, alarga sus brazos y llena manos de hojas. Cabizbajo camina un invierno porque sin permiso de su iglú salió, lo regañó la primavera y sonrió el verano aduciendo un cambio climático. Todo cambia, la energía transforma vida y la muerte reivindica al más osado. Una ventana, media luz, añeja melancolía y dedos de artista: Una anciana teje, la lluvia no cesa, el vaho no se atreve y arden ceras en el doquier de una nostalgia. Jadea una rima porque no es requerida, entra en la cueva del recuerdo una imaginación y un viejo infierno muestra su desdén. De frente te busco, te idolatro y te tengo. De ladito te poseo en mi reojo y de lejos, sugiero al cielo que pinte nuestro encuentro.
               En tus dedos una copa, la burbuja reflexiona, una mirada penetra y el humo, su cristal empaña. La esperanza agoniza y resbala en su pedestal, quedito el dedo frota su borde y en el chasquido, revive un acorde. Ya el caldo toca labios, el sabor excita lengua y en las papilas araña cuerpo una historia. Suda tu garganta al poseer su milagro, respira el olfato y el ojo cierra su mirada para comprenderlo. Me das la mano, la pongo en mi mejilla y en mi copa te arrebato. Invento una caricia y asienten tus dedos. Te explico cómo y tu palma se llena de ternura. La persigo con mi piel y le enseño el camino para que aprenda mi cuerpo. Despacito por él resbala, un mimo acompaña y un verso empieza a escribir sus letras. Mis entrañas se delatan y un poro se abre. La caricia rodea cara, engulle lóbulos de orejas y atraviesa nudos en mi cuello. Sufre la imaginación por verse superada, tiembla el pensamiento el siguiente paso y tu dulce olor es tan intenso que el corazón ya no soporta el latido y lo siento en lo profundo de mi alma.
              Se reivindica mi pecho y tu mano lo toca, enredas entre tus dedos vello, piel y pezón. Un labio los abraza, tu saliva los exalta y un beso corre urgido  entre los calostros de tanta ansiedad. Permea el cariño mi vientre, su contracción contorsiona, una fingida flacidez marca músculo y despierta enérgico el umbilical que un día me llenó de vida. Y se pregunta el ombligo ¿Quién eres? Porque solo mi madre fue capaz de regalar tanta energía. Y se pregunta el vigor ¿Seré lo que soy y no me detendrán? Y contesta mi Luna: “Sean libres, desborden intensidad y atrévanse a todo, porque una letra no es verso sino es pensada, un verso no es poesía sino se siente y un libro no se lee si sus hojas no lo explican,  pero siempre  una caricia de amor nacida del corazón, pensada, sentida y explicada,  sembrará nuevos retoños en el alma.
             Y mi piel enardeció, tensaron cuerdas de cielo mis piernas, el vigor penetró, la ternura abrazó y mordió, el viento enfureció y las ceras apagaron su nostalgia, Cayó el tinto, la copa gritó, gimió la cama y huyeron las sábanas. La noche desnudó estrellas, lloró el poeta porque no escribió lo que vió y una viejita, un hada de la historia, abrazada a su soledad bajo una impertinente lluvia, siguió tejiendo sedas y miel para sus retoños, los nuevos retoños del alma.



             

jueves, 24 de agosto de 2017

FRIGIDEZ...


            Suena un diapasón y afina la nube sus gotas de lluvia, pide un minuto de silencio un viejo viento porque la frigidez, acaba de morir y entre el caos surge el desfile de mil hadas, que llevan un cariño hasta el altar de la última fingida ternura.  Sonríe el trueno y le dice a su rayo que llegó tarde, piensa el mar y en la duda, embravece su espuma…Una mujer esconde sus miedos, un tambor la delata y ofrece su adusta cara al mundo. Grita su frigidez, el cariño baja del altar, la ternura se convierte en cáliz, la caricia espera y empieza la última batalla del sentir.
            La mujer se desnuda y muestra lo que es. Su alma camina por su piel y refleja pureza en sus ojos. Llega la caricia y un poro se enchina y después otro y otro. La ternura recorre su carne, el cariño no se atreve pues necesita su complemento. La mujer entristece, mengua su latido y abate sopor en la primera almohada que le da su noche. Grita el cielo, gime el universo y las bestias dejan de copular. Un perverso demonio muestra carcajadas de ironía y un centauro parido por el orgullo de un hombre, corta de tajo sus cuernos, patea su fuego y lo funde en el primer volcán que encuentra. Aplaude la esperanza, asiente la razón, comulga ostias el vagabundo, las confunde en maná de vida y vuelve a caminar, a mostrar huellas y a enseñar que el sentir no es posesión sino una actitud, que dejarse sentir es elección y que una caricia adecuada  vestida de cariño, desata ternuras y deshace frigideces.
             Despierta la mujer, se percibe, se ama, se toca y no puede. Imagina, sus dedos emocionan, frota tensa sin miedo, recorre su cuerpo, la soledad  le da libertad, sus pies aprietan músculo y las piernas ceden un pequeño temblor. El escalofrío no llega, dilata el gemido su presencia y la mano duele. Abre los ojos y ve un hombre, un hombre que la observó y la disfrutó, un hombre amable, educado, silencioso y elegante. Su cuerpo no vestía, solo sentía. Sus ojos eran bellos e intensos. Sus manos velludas y fuertes. Sus pocas palabras versos y sus labios contorneaban el dulce óleo de su boca.
             Ella pensó que lo amaba y él, la leyó. Sintió ansias de posesión y él asintió. El gesto vivía, el ademán era comprendido y una ilusión nacía. La desnudez era compartida, cada segundo el espacio fundía intensidad y las pieles tocaron. Un corazón vibró, el otro desahogó sangre, la noche prendió sus rayos sin trueno, la Luna acompañó, contorsionó sus caras, se desnudó y también pidió penetración. La mujer sudó miel, el hombre cerró ojos, ella nadó en su cuerpo y él en su alma, el cariño era intenso, la caricia brincaba por doquier y la ternura, confundida por tanta pasión se multiplicaba y se daba sin importar dónde, cómo ni cuánto.
             Los dedos se alejaban de las manos y entrelazaban cabellos, las palmas eran ventosas de piel y las muñecas jugaban al dulce escondite. Se perdían los brazos y se encontraban con una pierna acariciando espalda. La boca lamía su pezón y un labio se atrevía entre perfumados vellos. La Luna se expandía y encogía,  el cometa ya llegaba. Mostraba luz y mil colores en su cola, la tierna poesía de cien planetas recorridos y la intensidad de todo un hombre, de un centauro y de un cielo de amor. La mujer se emborrachó de sentimientos, gozó, se divirtió, sintió y se duchó de aromas, de viejos deseos y de una pasión que creía ya no existía para ella. Y llegó el irradiante cometa, la Luna lo asimiló como suyo, el rayo brilló y el trueno expandió tan enorme gemido, que el Creador despertó: Inquieto se asomó y vió ese atisbo de imperfección en su creación. Inmediatamente corrigió, dotó a cada mujer con la caricia perfecta, el cariño adecuado y le pidió a la ternura que fuera tan intensa como el perfecto cuerpo de una mujer. Tomó la creación de un hombre, su alma y su corazón. Pensó, reflexionó, tomó su mente y le quitó la idiotez. Arrancó un pedazo de su corazón  y le donó un sentimiento llamado “poesía”. Tomó un poquito de su alma y en ella sembró dos semillas, la de la verdad y la de la igualdad. Tomó su cuerpo  y en él implantó un imán, el imán del saber tocar, del saber esperar, del saber amar y del saber escuchar antes de actuar con tanta alevosía y premeditación. Renació el hombre, la mujer gozó y una palabra desapareció del diccionario: Frigidez.


            
           

             

miércoles, 23 de agosto de 2017

DECISIONES...


                Piensa la herradura colgada detrás de su puerta en la energía que debe absorber. Duda la nube cuando una mano de cielo la exprime. Espera la decisión a ser tomada y la razón a ser entendida. Pide el tiempo que lo dejen fluir, el espacio que lo dejen respirar y el sueño solo duerme paciente para ser conseguido. Rasguña una araña su tela desmembrando gotas de ajenos rocíos, la vida no es comprendida y la noche esconde su Luna para que ningún lobo aúlle.
               Se abre el oído y retumba la queja de la conciencia, el silbido es intenso y el nervio vive tenso en el vientre. Las llamadas no son atendidas, el miedo al error funde tiempo, los principios se revaloran, la garganta traga saliva y el espasmo arquea las cejas en el viaje del inquieto pensamiento. Tarda la virtud y aflora el defecto. Azota sangre el latido, llora el riesgo una oportunidad de ganar y la prudencia tiembla entre tus manos. Le pides ayuda al presentimiento y no vibra, hablas con tu ángel y el dulce escalofrío no llega, rezas a tu santo y se baja de un apolillado cuadro, miras al cielo y cambia de color. La decisión está solo en tus manos.
               Te escuchas porque solo tú te puedes comprender. Tu historia aprendida es balanza en pros y contras, el tiempo no para, sus manecillas agotan prisa y solo caminas con la mirada perdida. Oyes voces, ecos taciturnos de viejas nostalgias, charlas de recordados cafés y mensajes leídos entre copas de añejos tintos. Te asumes en guionista y protagonista de una película sin estrenar, en un héroe que cabalga a pelo, en un presumido escritor del destino y en un payaso de la indecisión.
               Nadas en el “¡Qué dirán!”, escalas las imaginadas montañas de una hipócrita y perversa  aprobación social, dejas tu sueño al albedrío de un viento lleno de jueces  que no te conocen,  pero que con el dedo de su inquisición te señalan. Ya no razonas, solo pintas excusas. Ya no eres tú quien decide sino las “modas” de los demás. Ya es tarde y tu decisión yace moribunda entre los miedos de tu propio infierno.

              La oportunidad es vida, tu dictamen sentencia y la indecisión un juego muy peligroso. ¡Levántate! Mira la estantería que forjaste. Mira sus libros, sus tapas, sus páginas y sus fotos. Poséelos uno a uno y te recordarás. La memoria empezará a germinar, tus principios te envolverán, tu educación te abrigará. Vivirás otra vez tus ilusiones, sonreirás a tus sueños de niño, llorarás tristezas  y tocarás otra vez la húmeda tierra de aquel árbol que un día sembraste y hoy, ya da fruto. Sentirás a la gente que solo fue de paso por tu lado y les dirás adiós una vez más, te emocionarás con el silbido de tu mar cuando su alma te atrevías a tocar y un piropo de salada espuma tatuaba tus pies, imaginarás que eres el único ser incapaz de tomar una decisión y será entonces que el coraje de vida te invadirá, tus respuestas llegarán, el frío presentimiento te dará su luz y tu ángel te llenará con su música. Entonces, será el momento y decidirás.


martes, 22 de agosto de 2017

UNA CARICIA, ESCRITA EN POESÍA...


                 Buscaba el viento su razón y solo encontró un motivo para no tenerla: nadie lo acariciaba. Giró despacio sus aspas el molino, la nube se quedó quieta esperando un empujón del cielo y el sorprendido huracán perdió su ojo en un viejo mar. Las flores preguntaron al aire y éste no existía. Como pudo el sauce arrulló sus lloradas ramas y un sastre perdido en su querida bohemia, medía en pulgadas el encargo de un nuevo traje.
                 Un día alguien sin rostro y con escamada piel le ofreció un trato. El anciano sastre lo escuchó para entender, lo tomó para bien comer y confirmó sus tijeras para que su epílogo, de algo sirviera. Aciagas sus noches, las velas no aguantaban más luz. Entelarañadas sus copas, solo recordaban cuando un día viejas gotas descolgaban sus paredes. Anquilosados sus dedos, bramaban clemencia entre las arrugas de sus manos y el amarillo ocre de sus uñas sufrían sometidas a la elegancia de su fiel cigarrillo.
                 Pero esta noche era especial. Recordó de joven cuando diseñó un bello traje a una tiniebla que terminó prostituyendo esquinas, cuando un alfarero le presentó una erótica mujer de barro y tuvo que imaginar un pétalo de tela que se pegara a su pezón para poderla vender, cuando un perro le pidió un algodón que cubriera el frío de su perra doncella  y cosió un pequeño abrigo lleno de huesos…Y recordó cuando sus tijeras no cortaban y las uñas ayudaban, cuando sus manos apretaban reumas y su corazón latía y cuando sus ojos empañaban hilos y su aguja no los descifraba. Pero esta noche era especial. El encargo subliminal y su destreza, un grito a la humanidad.
                Salió el sin rostro por la puerta, despacito la cerró, un ojo guiñó y el sastre su responsabilidad sintió. Era el elegido. Un Dios en el Olimpo o quizás el único idiota disponible para tal hazaña. Desenredó arañas de sus copas, juntó la cera de tres muertas velas, las prendió y pensó. Respiró el tinto que ya momificaba su vejez, gimió el cigarrillo por ser exhalado una y otra vez, la pared arrancó su lúgubre color y el búho giró su cuello, miro de frente al sastre y éste supo que lo tenía que hacer. Debía vestir la última caricia que quedaba, que fuera atractiva, querida, deseada y amada. Que fuera  única y repetitiva, que fuera intensa y salvaje como el agua nacida de la naturaleza, que fuera tierna y sensual, seductora y de verdad.
              La encomienda escribiría eternidad, la historia lo recitaría y quizás un día, recibiría esa caricia. Con desmesurado desdén se puso a trabajar. Sus gafas de una pata cojeaban, los dedos temblaban hilos y la imaginación no encontraba su lugar. Tranquila, la caricia esperaba a ser vestida. A veces bostezaba y siempre mostraba una pequeña ansia. El sastre no dormía, buscaba, se levantaba, caminaba, sentaba su miedo por no poder, escuchaba música para el alma, relamía sus canas, fruncía una y otra vez cejas y frente, viajaba memorias, recordaba muertas enseñanzas y diseñaba lo que podía. La intensidad maximizó su esfuerzo, un pequeño infarto abrazó su pecho, el sastre luchó, caminó a la ventana, su mano rompió vaho y deslizó cuatro dedos en el cristal. Vió una luz, un túnel de color y a sus padres abrazados. Sintió miedo, temió vida, arrugó existencia y una mano lo tocó. Su madre lo acarició. No era una caricia de este mundo pero sí la que su piel necesitaba. Deseó quedarse, desdoblarse y fundirse. Se sintió otra vez bebé, protegido, querido, amado y soñado en el amor. De repente respiró, gritó su alma y gimió un deseo. Lo escribió, dibujo, diseñó y cosió cada uno de sus hilos a la caricia que entre bostezo y bostezo esperaba. La caricia se llenó de su energía, se levantó e irradió una nueva pureza. Destornilló miedos, alcanzó un pedacito de cielo y el viento despuntó. Corrieron las nubes, nació música entre las flores, el molino vibró fuerza y el sauce por fin lloró su naturaleza.

              El sastre sorprendido vio su creación. Un traje hecho de luz, de ternura, cariño y verdad. La caricia era hermosa y el sastre fotografió su beldad. La caricia estaba vestida de amor y el sastre, lloró cielo. La caricia tenía un millón de hilos y el sastre cosió el último para que ninguno se deshiciera. La caricia preguntó: ¿Quién me tendrá, quién me dará, quién me poseerá si de humanos no estoy vestida? Y el sastre respondió: Te parieron de una madre, te vestí  de historia, entrelacé hilos de ternura y cariño, te iluminé en los colores de un túnel de puro amor, te disfracé de mano y le dije a los dedos que te toquen, a la piel que te reciba, al corazón que te lata y al alma que te sienta… que escriba tu poesía.


domingo, 20 de agosto de 2017

TU LUZ...UN CUENTO DE AMOR


                Veo una luz en medio de tu corazón, es suave, frágil e intensa. Se mueve despacito en el vaivén del aliento y vibra en cada uno de tus latidos. Es azul, con tonos cafés y amarillos, es cálida, persistente y cuando la miras fija, parece que habla. Nace en sangre y resplandece en la cera de tu alma, es imagen y espejo, es sombra en la pared de mi noche y el abrazo de una melodía creada para amar. Erecta y perfecta, contorsiona aire. Sensual provoca esperanza, seductora chorrea sus lágrimas y casual, viste desnuda cuando mi deseo enchina piel.
                 ¡Viento, no la apagues, resígnate y rasga nubes! ¡Mar, no la ahogues, véncete y apaga arenas! ¡Cielo, no la dibujes, recuerda que solo es mía!
                 Poseeré tu luz, la tomaré y poquito a poquito dejaré que gotee por todo mi cuerpo. En mis pies, prenderá el nervio, en mis piernas atreverá ansias, en mis muslos romperá pecado, en mi vientre será profundo escalofrío y en mi garganta, un dulce divino. Recorrerá mi barbilla y los hoyos de mis mejillas, será pincel y contorneará mis labios, entrará en mi boca y chispeará en mi lengua. Llenará sensualidad en el perfil de mi nariz y poquito a poco sellará de ternura mis párpados, hará el amor con mis pestañas y penetrará en mis ojos hasta dejarlos ciegos de ti. Arquearé cejas y las besará, abriré mente y la perforará, despertará mi tercer ojo y leeré tu alma, quemará mis cabellos y la pasión arderá. Seremos incandescente fuego, brasa en la cola de un  cometa y envidia de libertad.
                 No sabes lo importante que eres para mí, no sabes que a partir de ti, mi vida escribe destino. No sabes que un día descubrí tu luz, la guardé en mi sueño y la hice mía. No sabes que un día te la arrebataré, la poseeré, seré suyo y le escribiré una poesía a la vida, una poesía donde la muerte de un poeta, revive en tu luz. Y ese día, verás reventar las olas de mi mar, sentirás que el viento huele diferente y que el grillo escogió otro cantar. Ese día cambiarán su color las nubes, el rayo disimulará su trueno y será más intenso, la manta raya volará, el delfín caminará su elegancia y el lobo por siempre callará su aullido.
                 No lo dudes, llegaré a ti. Te abriré y en mis manos tomaré tu luz, en mis dedos regalará destellos y en mi pecho, arderá. Te sentiré y me sentirás. Nos fundiremos en el verbo del dar, desconoceremos los hilos el miedo, marcaremos huellas de caricias en cada poro y cuando la cera se apague, congelaré su flama, la encapsularé en ámbar y le pediré al tiempo del Universo que la mantenga tersa y eterna. Encelaremos infinitos, romperemos reglas, profanaremos rebeldía y un día, cuando la noche abrigue al Sol, esa luz dará nueva vida.
                 Y ahora con tu permiso, me sentaré enfrente de mi piano, convertiré las blancas teclas en suspiros de algodón, las negras en gemidos de alma y dejaré que mis pies se deslicen sobre la pasión de una persa alfombra. Cerraré mis ojos, dejaré que sean mis sentimientos los que toquen y explicaré al vacío que me rodea que le hable al viento más cercano, al mensajero más despierto y al mar más bravo. Hecho esto, compondré luz, una luz que mi Luna sea capaz de reflejar, una luz que viaje hasta tu alma, una luz que copule con tu luz y que cuando la historia las mire, sea capaz de escribir, un cuento de amor.



                 

sábado, 19 de agosto de 2017

TOCARON, UN PEDAZO DE MI ALMA...


                  Tristeza profunda, impotencia bañada en sangre, rencor entre sienes  y angustia que revientas vientres.  Miedo que cabalgas entre las ubres de la inseguridad, fango religioso que haces del ateo un Dios, mente perturbada que posees vidas que no te pertenecen, beso de Judas a la humanidad que llenas de tu hiel nuestra libertad.
                  Naciste etéreo de un esperma del diablo, creciste escondido entre las enredaderas del odio, viviste ignorante porque jamás viste un árbol crecer y ahora que tu saliva rebosa pegada en la espuma de tu lucidez, tomas vidas, deshaces sueños, desgarras almas y decides destinos que en tu idiotez, jamás alcanzarás a comprender.
                 Tu imagen es distante, tus ojos solo miran vacíos, tu boca respira seca y tu alma yace secuestrada en los colmillos del  infierno. Tu palabra no tiene letras y en los suspensivos puntos, tu corazón muere. Tu dicción no es idioma sino el estúpido versar de una maldita conciencia mal educada, tu pensamiento no razona,  tus manos no tocan y tus dedos, solo hieren. Tu piel no ama, solo suda la tensión de la muerte, tu cuerpo no existe pues solo espera la explosión de un cinturón de muerte y destrucción.
                Quizás tu error fue haber nacido. Quizás nuestro error, fue darte un pezón para que vivieras. Quizás el día que mueras, cien vidas, crecerán en paz, tendrán sueños y en su muerte no te recordarán… Quizás hoy seas las más grande vergüenza que cualquier madre haya parido, quizás mañana, solo seas parte de la ceniza de nuestro olvido.
                Hoy, el silencio se convirtió en tarde y la noche en terror.  El tren de la muerte se detuvo en mi estación de vida  y un fundamentalismo equivocado brincó la razón de mi ser humano. Ven, siéntate, habla conmigo y te explicaré: Alá no te espera, pues en su amor no intercambia vidas por otras. Alá piensa más allá de ti porque tu vida no es más importante que las que quitaste, Alá es luz y tú solo una simple explosión de cuerpo sin más y sin menos. Alá despierta cada mañana, se regodea en su obra, besa sus ocasos, dibuja lindos amaneceres  y  te desprecia porque tú, solo eres una marioneta de alguien más, de un alguien que no cree en Él, de un alguien que piensa para manipular, escribe para la ceguera del inmaduro y canta falsas ternuras para las sordas conciencias de la inquietud y la sinrazón de una amarga soledad oculta en el narcisismo de su inventada religión. Alá en su edén, tiene hombres de paz, mujeres que luchan palabras y desiertos que acarician dunas. Alá es Dios y tú un simple hombre. Alá es luz y tú, una sombra más en la página de un Corán mal entendido y que nunca has leído.
                Vejaste, maltrataste, asesinaste y desvirgaste a mi Barcelona. ¡Cuidado! Diste el primer paso y nadie te dio la mano. Tomaste vidas que no te correspondían, sin derecho arrancaste almas, con premeditación y alevosía quisiste sembrar miedos a mi pueblo…Pero debes saber, que ahora somos un millón los que paseamos por “Las Ramblas”, que no tenemos miedo, que la historia de nuestra raza es diferente a la tuya y que en tu velorio estarás solo, tan solo, que ni un buitre será capaz de comerte, ni un sapo gozará escupirte y que ningún grillo cantará una de tus noches en tu supuesto paraíso.
               Barcelona es única, Catalunya es cielo, las Ramblas un símbolo de amor, paz y globalidad. Cada día mil naciones pasean y acarician su piel. Cada día en su calle se escriben versos, anécdotas y viejas charlas de café. Cada día el amanecer es diferente, el ocaso sugerente y las extrañas pisadas dibujan huellas y destinos que escriben poesía en las venas de esta hermosa ciudad. Entren a la leyenda, beban el agua de Canaletas y en su fuente, regresarán a nuestra hermosa Rambla por siempre. Catalunya vive, Barcelona respira y La Rambla vibra universo como nunca.

               Tocaron mi corazón, el corazón de mi Barcelona…Tocaron, un pedazo de mi alma.


jueves, 17 de agosto de 2017

PRECIOSO AMOR...


             Precioso amor que lejos de mi vida estás, abrazo de cuerpo que no te atreves con la desnudez de mi alma, verso sentido imposible de escribir, molino de agua que das fuerza a una luz que mis ojos no alcanzan a mirar… Pleitesía robada, escondida y refugiada en un corazón que todavía mis dedos no alcanzan a tocar.
            Precioso amor narrado en leyendas y soñado en utopías, calostro de cielo que no te dejas mamar por mis labios, cera fundida en la ceniza de una ilusión, misa de solitarios herejes que arrancan del cáliz la ostia de la esperanza, música para los poetas y pan para el mendigo que busca su maná de luz…Diamante aterciopelado, veta de oro para los sentimientos y cruz de mármol para los que por ti mueren.
           Te busco, te deseo y cuando te encuentro te quiero tocar y no puedo. Te idolatro, te escribo te reflejo en mi Luna y cuando amanece miro espejos que solo retratan mi soledad. Cien arrugas de solitaria pasión enredan mis sábanas, la noche fingió humedad, la cabecera viste orgullosa el rasguño de una uña y mi almohada yace triste y deshilachada. Un pequeño pájaro canta y el nuevo rocío no se atreve con mi ventana y empaña una gota en mis pestañas. El día tiene prisa, el café se hace solo y el pensamiento pide una fría ducha. Sucumbe el puño al anhelo, se prende el cigarrillo y el nervio invade vientre. Sofoca el labio su boca, desenfrena ansia la necesidad de una ternura, la emoción imagina caricias y el don de amar, espera un amor precioso capaz de abrazar.
          Vibra el sueño, el amanecer transforma su horizonte en ocaso, el druida alquimista inventa una magia, el brujo dicta ¡Aquelarre! y el Universo baila la fogata del profundo deseo. La Luna se deshace completa en miel, los árboles en varas de exóticas vainillas y siete cálidos mares funden los icebergs de la distancia. El río envuelve en espiral su montaña, un océano se convierte en piel, un desierto en cabellos de ángel  y siete selvas, en notas de pentagrama. El buey se deshace de su yunque, la jirafa acorta cuello y muerde pasto, el mono mira sorpresa y el búho no tiene cuello que gire, el topo come nubes y el águila perfora abisales cuevas. Se transforma el sentido, lo enseñado en precario y vive la hermosura en el otro lado. Porque si escribo lo que veo al revés, si pienso lo que percibo de otra manera, si huelo por la boca y miro con mis oídos, ese amor precioso estará conmigo. Si bebo cuando como, si exhalo cuando respiro, si escribo cuando leo, si pienso cuando duermo y si amo cuando estás, ese precioso amor estará conmigo.
          Amor precioso, amor que te vistes de verso cuando mi sentimiento escribe, de Luna cuando mi noche expira y de rocío cuando la desnudez pisa mi jardín. Amor precioso, amor que me regalas sueños, que erizas mi piel sin estar, que humedeces mi cama al pensarte y que convenciste al viento de mi cielo, para que me acariciase por tí. Amor precioso, amor que vives en el instante, en el forcejeo diario de un trabajo, en la soledad de mi ocaso y en la reflexión de mi poesía. Amor precioso que solo por tí arranco las venas de mis letras para que su sangre fluya y arrodillo mis bruces al espacio para que deje de existir la distancia. Precioso amor que sueltas mi imaginación en su libertad para que tu brillo me deje dormir pero en su diálogo me da razón, enchina su virtud,  y se rebela, porque solo vive trepada,  entre los pétalos de tu alma.
            Precioso amor, diamante de mi vida…Cortaré fina y elegante una de tus aristas, de ella un espejo eterno haré y en ti siempre me reflejaré, en mi vida te lucharé y aún en mi muerte, retaré al frío mármol con el deseo de una de tus caricias. Porque en ti, infinito escribiré y en la erección de mi último aliento, un postrero verso te recitaré.




miércoles, 16 de agosto de 2017

UN ALMA Y EL VIEJO TINTO...(UNA METÁFORA)


                 Vi un alma disfrazada de copa, de bohemio cristal y hermoso pedestal.  Su puesta mostraba ingenuidad, su elegancia respiraba educación y su firmeza, seguridad. Caían en ella añejos tintos pero ninguno descolgaba gotas, se repetían en su afán y en el abrazo de aquella copa se avinagraban y perdían color. Una vez, un tinto analítico, quiso encontrar una respuesta. Se dejó caer muy despacito, pidió un momento de aliento y dejó que unos pintados labios lo probaran.  Midió el silencio de aquella boca, atento la miró y cuando se creyó ganador, una escupida gota de bilis lo empañó y se avinagró. Un tinto fresco, joven y juguetón se atrevió, brincó en cascada y salpicó con su energía aquel cristal. La copa con él jugo, poquito tembló y una que otra caricia le dio. El inexperto vino cedió y  en sus carencias se desnudó. Vió la copa su corto bagaje, su bajo precio y lo desechó. Lloró el inmaduro tinto, se sacudió de aquellas perversas caricias, abrió una vieja  barrica y entre sus posos se durmió.
                 Pasaron cien años. El alma seguía viva en su disfraz de copa y los tintos perseveraban en terminar con el supuesto embrujo. Para ella no pasaban los años, erguida y hermosa, sensual y seductora,  embriagaba con su ternura. Caían y caían los más audaces caldos, los desnudaba, les daba una ilusión, los avinagraba y los vomitaba.
                Un día aquel joven tinto, salió de la barrica. Elegante y bien embotellado pasó a iluminar una fina cava de un prestigioso restaurante. A su lado, un poquito más arriba y colgando perversos hábitos, aquella copa. Sus más de cien años marcaban en su etiqueta un excelso sabor, un curtido color y un precioso bouquet. Pero también en tanto tiempo, pensó, reflexionó y premeditó con alevosía un asalto mortal para esa copa, una copa que entendía que no era tal y que quien la tuviera en su posesión, no era inmortal. Maldita copa que destruyó años y años de añejamientos, poesías nacidas entre colores y sabores, historias de trabajadas cepas en las manos de mil hombres y el sublime caldo que los dioses en soleadas vides sembraron.
                Y meditó: “El alma que vive en esa copa es un alma ácida, un alma que vive cuando absorbe ajenas energías, un alma parásita y un alma, nacida para matar. Debía destruir su orgullo y su razón de vida, secar su energía y cuando el fino cristal no aguantara la contorsión en su fuego, la copa se rompería”.  Durante todo ese tiempo aquel viejo tinto se alimentó de profundo odio y rencor, de astillas de podridas maderas y de los calostros de muertos posos. Su negatividad llegó a la altura deseada, solo faltaba un paso más para ser como ella.
                Solo no podía y el dios “Baco” lo sabía. Tenía un plan, una estrategia y el cómo. Solo el dios del vino podría ayudarlo y en ese menester fundió deseos por cien años, en el fondo de aquella vieja barrica. Y “Baco” llamó a “Hefesto”, dios del fuego y la metalurgia. Su lento caminar, cojo y desgarbado, colmaba ajenas paciencias y el tiempo estiraba como podía sus manecillas. Ante el encargo, abrió su taller en la cima del volcán Etna y se puso a trabajar.  Ideó un pequeño artilugio, semejante a un sacacorchos, perforaría el tapón de tal manera  que implementando un pequeño tubito del tamaño de un cabello, entrara aire y avinagrara el añejado caldo. Pasaron seis largos meses. El cirujano instrumento sirvió y el viejo tinto, en su elegante botella se avinagró.
                 De repente, sintió una mano de abrazo en su botella. La hora había llegado. Reconoció al “sommelier”. Estirado de orgullo y labios color amapola, postura tibante y retador de conocimientos, adulador compulsivo y espadachín trapero, fingidor de ciencia y despreciador de favores, cautivador en su idioma y avaro en la propina, fiel paje del sibarita y un enorme monstruo tejedor de ignorancias a los clientes que no probaban sus aconsejados vinos.
                Alardeó conocimientos con aquel viejísimo tinto y no lo probó. Lo descorchó y sirvió una pequeña degustación al exigente cliente. Lo miró, se miraron, los dos asintieron y sin probarlo repartió el caldo en otras tres copas. Ante el reto del “sommelier”, nadie probó el tinto. Llegó el alimento y en la primera copa servida, el caldo empezó a hervir. El escalofrío sentido desanudó la corbata de aquel exigente cliente y el grito al lejano “sommelier”, impactó de admiración a todos los comensales de aquel exquisito restaurante. La mesa temblaba, la copa relamía blanca y gris espuma, su pie de fino cristal bohemio quemaba y el mantel ardía. Explotó la copa, el cliente murió y el “sommelier” se desmayó. La venganza estaba consumada.
                Aquel viejo tinto se etiquetó con el precio más elevado y se vendió como un viejo vinagre con el nombre de “Coraje” y el “sommelier”… El “sommelier” sin trabajo se quedó y ahora recorre viejas cantinas buscando una copa que posea su ácida alma. No será difícil, pues siempre habrá una fina copa para la maldad de un alma, pero ya jamás, un viejo tinto se avinagrará en el lecho de una de mis copas.

                


martes, 15 de agosto de 2017

AMOR EN AZUL...


                 Pintaré esta medianoche de azul, dejaré que la luna duerma en tus brazos y le pediré al cielo que el horizonte despegue de una vez su infinito y lo escriba en nuestra cama. Secuestraré una estrella y robaré sus destellos, pensaré en el profundo deseo y dejaré que mi cuerpo se impregne de él. Tocaré con mi dedo el viento, miraré de frente al silencio, enredaré tus cabellos en mi corazón y despacito, muy despacito, lamerán cada uno de mis latidos. Nos moveremos entre sedas, sentiremos  entre algodones y vibraremos entre pieles.
                Será un momento de vida, un instante que respirarás en mí, una caricia que aprenderé en ti y un acorde de dos que tensará cuerdas hasta la membrana de nuestras almas. Inventaremos un beso, crearemos pausa en la imaginación y nos beberemos, nos comeremos,…Morderemos instintos, arrancaremos botones, desharemos telas, nos tocaremos, sentiremos y entonces el sentimiento abrirá sus velas y navegará mar, el sudor vencerá nostalgias, la cruel ansiedad apartará recuerdos y el orgasmo de nuestros espíritus, atravesará los oídos del Universo creado.
                Seremos uno, una sola música, dentro de mí, dentro de ti: “Explícame que sientes, dime que sueñas, cuéntame tu anhelo porque tu aliento ya pinta de azul los brotes del amor. Bésame y dibuja en mis labios tus colores, abrázame y escribe tu poesía en mi espalda, poséeme otra vez y deja que nade en tus humedades. Mírame porque en el río de tus ojos dejaré que ruede mi alma, grita porque en mi gemido te arrullaré, eyacula en mí porque el cielo explotará estrellas, la montaña arderá su volcán y el gran mar que un día me vio nacer, cubrirá con su espuma tus entrañas de mujer”.
               Descubriremos una fábula donde no hay cuento, una leyenda donde la historia se pierde y un verso perdido que no encuentra un poeta que lo escriba. Se despegará el pasto de la tierra, mil cráteres volaran de la Luna hacia el viento, un fuego recogerá sus chispas y una por una serán sembradas entre las sábanas de nuestra cama. Se abrigarán los árboles, las rosas contorsionarán sus pétalos y el grillo callará. Llegará el vaho de un ángel y la calidez permeará hogar, veremos caminar al Sol en su amanecer, al viejo pastor despertando a su perro y al cafetalero abriendo su trabajada mano, arrancando un puño de granos.
               Te miraré, me pedirás, consentiré… Y el cielo se abrirá, el Sol detendrá su caminar y tus muslos recibirán todo el rocío de mi erecto amanecer. Detendrá la Luna el sueño y desnudará su cara oculta, enseñará al cielo sus labios, de sus comisuras brotará miel, de sus grietas gotas de ternura encapsuladas en el ámbar de sus besos y de sus ojos, dos lágrimas sudadas de pasión. Las sábanas pedirán perdón y se retirarán, la almohada cederá al nervio y el abrazo, vivirá intenso. Un sereno que perdió sus llaves, mojará su pincel y pintará nuestro portal de azul. Un viejo poeta dejará de escribir y recitará un quinteto  con rimas contagiadas de azul. Una bailarina escuchará nuestra música y rasgará de azul su hielo. Un orgasmo perdido en su historia de miedos, temblará y en su escalofrío verá que en sus venas solo corre sangre de color azul y que siempre se equivocó. Penetrará el verso, acariciará la ternura, una lágrima robará gemido y una sonrisa amanecerá, oliendo a café.


     

                

lunes, 14 de agosto de 2017

BOHEMIA...


                Escribe el medievo entre sangres y batallas, recita el romántico juglar y arranca las hojas de un libro la gótica gárgola del miedo. Vuela tildes el trapecista, ríe el payaso una metáfora y el ilusionista saca una imaginación de la chistera del mago. Cubre la noche un pensar, lo ilumina una vela y una gota de tinto descuelga entre una copa y un labio. El sueño humea candente, la mano acaricia brazo y un dedo se pierde en su palma. La tinta no fluye, el verso esconde sus letras, la nube cambia su color y la lluvia espera.
                Llega la mudanza, descarga un piano, un violín y un viejo saxo. Se resiste la puerta, lucha el cargador, cede la pared y entra el piano. Camina el violín cargado en un extraño hombro y se abraza el saxo a su bufanda a la espera que un joven lo sople para revivir añoranzas. No hay mujer, el hombre duerme, la materia desaparece, el cielo inventa y aparece la bohemia. Media oscura y elegante, olor a ceniza y con zapatillas de guante. Ojos entornados a media asta, botones aterciopelados y brazos de humo, tierno aliento de ambiente y boca llena de conversación, charla y discusión.
                La bohemia penetra, el silencio calla al vacío y el universo imagina. Tocan la puerta y un mensaje la abre. Nadie entra. Tocan otra vez. Alguien suspira pesar y no se atreve. El piano toca un “do” y la entidad entra. Es la “ordinariez”, a su lado la “idiotez” y un poquito más atrás la “ignorancia”. Respingó la bohemia y al ser preguntadas, enseñaron su invitación firmada por la “generosidad” y el “hombre dormido”. Asintió la bohemia y los sentó encima de un rayo dormido, haciéndoles saber que cualquier gemido de su parte, sería respondido por un sublime despertar del rayo. Hecho esto, la bohemia  dispuso al piano, el violín y el saxo en la tarima de las estrellas. Contento el piano, afinó sus teclas, el violín acicaló sus cuerdas y el saxo…  El saxo a un lado haciendo gárgaras con el imaginado jugo de un limón, solo esperando a ser soplado.
              Sin tocar, penetró punzante un viento que venía del norte, un aire con colmillos de hielo  y un cielo tan gris que la tarima de estrellas oscureció su color. Se dibujó en el techo el trueno de una luna, voló la duna del desierto y se transfiguró un relámpago del Partenón.  El vaho era intenso, el ambiente excitó la bohemia, el saxo tragó humo y el violín relinchó dulce. Habló un acorde del piano, exhaló ronquez el saxo y el caramelo del ocaso, prendió su cigarrillo. Una estrella se bajó de su tarima, el meteorito recién llegado lo entendió, su mano extendió, la estrella se contorsionó y pegados empezaron un lento baile…La puerta giraba y giraba y las entidades llegaban.
             Un solsticio se enamoró de una pirámide, mientras un equinoccio buscaba algo semejante a una serpiente, una espuma buscaba su mar y solo encontró los labios de una vieja luna. Un viejo destello cojeaba y preguntaba por el baño, la “ignorancia” mostró su dedo y señaló la entrepierna de la “idiotez”. Desfiló un trueno asiático y como no sabía qué hacer, se fue. Llegó una nostalgia llena de lágrimas y se sentó a un lado del “olvido”. Primero le dio un abrazo, después le secó una lágrima y luego la empujó. En la inercia abrazó a un caballero llamado “precipicio” y junto a él se quedó.
             Y llegó el viento del sur, el calor y la música. La bohemia transformó su cara, el ambiente penetró calidez, la tarima vibró y el cielo sonrió un nuevo color. La cumbia vibró y el piano se excitó, la salsa llegó y el violín brincó cuerdas, la samba movió sus caderas y el saxo…El saxo solo bailó y bailó…Y recordó su juventud. La bohemia era fiesta, las estrellas luces, los meteoritos se transfiguraron en incandescentes colas de cometas, las lunas desnudaron sus velos y los soles reventaron sus cráteres como espinillas de cielo…Y tocaron la puerta y no giró. Tocaron otra vez y la luna más sabia la abrió. Llegó la mujer, la perfección de la creación, la ternura hecha ser, el cariño en toda su dimensión y el beso en toda su seducción. La bohemia era sublime, la mujer y el universo, la mujer y la naturaleza…La mujer y… ¿El hombre?...El hombre seguía dormido ante tanta belleza. Porque en la bohemia de la hermosura, el hombre siempre duerme, siempre espera un sueño que solo sueña y lo único que hace es  sentarse encima de un rayo y esperar junto a su ordinariez, su idiotez y su ignorancia. Hombre que naciste para amar y ser amando, revienta de una vez el cauce de tu río enseñado y fúndete en la bohemia de la hermosura porque si no, otros cielos, con tu misma entrepierna, la disfrutarán.


              
               

                

sábado, 12 de agosto de 2017

LA FUENTE DE LOS DESEOS...


            Gime la belleza cuando es cómplice de la caricia, grita el deseo cuando despunta la ilusión, hierve la pasión cuando el sueño casi se toca y llora un alma en el portal de una generosidad. Camina el dedo entre piel y cabellos, suda el labio un beso y recorre una lágrima su viejo trayecto. Respira un aliento su soledad, aguanta el yunque su martillo, pide auxilio el corazón y en un rincón asume su forma fetal el silencio de una vida.
            Un ombligo se esconde y el vientre lo abraza, nada escalofríos el ansia, el pecado duda principios y el latido, se mueve quedito. Surge la imaginación y dibuja una fuente, dispara salvas la razón, llora una nube y el trueno, prende el motor. El agua se ilumina de mil colores, se asusta la serpiente y se aferra a su árbol, sale el topo de la tierra y enseña sus gafas, un viento despega el horizonte y la gárgola del miedo, toma por asalto mi fuente.
            Se acerca un jorobado y maloliente mendigo, extiende la mano y pide un centavo a un traje de oscuro azul que poseía  a lo que parecía, una especie de persona. La persona se lo niega. Se abre la tierra, lo engulle y el mendigo se asombra. Se cierra la tierra.  El cielo cambia de color y desprende su maná, vuela el meteorito y explota en la cola de un cometa, surge el rayo  y detiene su luz a dos centímetros de aquella mano. Bajan las hadas de un cielo lejano y en ella se posan. Sus alitas chispean, sus ojitos miran brillo y sus manitas, acarician ternuras. Baja un ángel envuelto en polvo de estrellas, a su izquierda el cuerno de la abundancia y a su derecha, el portal del primer agujero negro creado. En su pecho se deshoja un libro, el libro de la eternidad escrita. Sus brazos pintan hinchadas las venas del Universo infinito y sus piernas galopan engreídos músculos. Exhibe el ser  fortaleza y guerra, consiente mesura la impertinente arrogancia  y esculpe contorsionada piedra, la leyenda de una nueva alma.
          Endereza el jorobado su vertebral columna, ya sus ojos miran cielo y sus lágrimas son de verdad. Sus manos no pedirán, solo darán. Sus dedos ya no señalarán aceras, caminarán espaldas. Su olor saldrá de las alcantarillas y será fragancia de calles. Se llenaran sus dedos de tinta y en cada alma escribirá su historia. El ángel mira y lo invita. Le enseña el cuerno y en una cajita se lo regala, lo invita a pasar a su derecha, el ex mendigo duda, el ángel lo empuja y el gran agujero negro lo absorbe con toda su fuerza.
         Llega a un nuevo mundo, un mundo regido por los centauros. Se siente uno de ellos, poderoso y firme de convicción. Gran amante y de suprema inteligencia. Noble y cazador, fuerte y de gran vigor, pura sangre de familia y escritor por estirpe. Valedor de principios, negociador de almas y tocador de corazones. Se vio feliz, dichoso y realizado en un mundo extraño. Un día, cansado de ser tan feliz, decidió tomarse un “expresso” en la terraza de un viejo café. Sentado, discutía consigo y en silencio divagaba con sus pezuñas sin herrar y su hermosa crin. De repente, sintió un hormigueo en una de sus patas. Dejó que sus dientes urgaran entre sus pelos  y sorprendido vió una diminuta cucaracha intentando trepar por su poderosa extremidad. Intentó morderla y gritó el diminuto animal como un chasquido de pisada. Se admiró y la miró: Estaba vestida, de un traje azul oscuro que recordaba. La cucaracha lo miraba. Sus ojos salidos a punto de reventar querían hablar pero en ese mundo las cucarachas no podían hacerlo. El centauro comprendió, recordó y le dio una oportunidad. La tomó entre sus dientes, cuidando de no lastimarla, la posó dentro de su taza de café, la cucaracha nadó entre la tibieza de aquellos molidos granos y en la espuma escribió la palabra “perdón”. El centauro entendió y terminó por recordar: “Un día te pedí un centavo, diez veces menos de lo que valía un botón de tu traje y me lo negaste.  Solo quería lanzarlo a esa fuente para que un deseo me concediera, el deseo de ser como tú. Hoy me pides perdón y en mi corazón penetra el cielo, pero ya no quiero ser como tú. Te regalo el cuerno de la abundancia, te regalo una oportunidad, te regalo el don que un día un ángel me dio”.  Y el gran agujero negro invirtió su poder. Succionó al centauro y a la cucaracha. Viajaron juntos hasta el poder de la fuente y la vida repitió su encuentro.

         Un hombre de traje azul oscuro, estaba sentado junto a la fuente. Un jorobado y mal oliente mendigo se le acercó. Alargó su mano. El hombre la tomó, la besó y una moneda le mostró.  En su extrañeza el jorobado lo miró y el hombre no habló, solo de reojo observó el trinar de la fuente y con  aprendida habilidad tiró la moneda, cayendo justo en el centro de sus aguas. El mendigo entendió, caminó y observó el lento viaje de la moneda, hasta posarse elegante en su final. La fuente vibró, cambió colores y chispeó fuegos artificiales. La tierra se abrió y a nadie tragó. Se llenaron de hadas, estrellas fugaces y los cielos de mil mundos abrazaron el acontecimiento. El hombre se convirtió en centauro y el mendigo en un ángel vestido con un hermoso traje azul oscuro de mil botones. Desapareció el agujero negro de la enseñanza, los cometas recogieron sus colas y viajaron lejos, mil estrellas recogieron una por una las motas de su polvo y unas tintas, se impregnaron en leyenda.  La lección estaba aprendida, el sueño dado y la fuente…La fuente, solo espera otra moneda.


viernes, 11 de agosto de 2017

PINCELADAS...


                     Nada el viento en una pincelada de nube, frota el unicornio su cuerno en el velo de la Luna y palidece la cara del Sol ante la inminente noche. Vuela el silencio y grita la ilusión cuando el ocaso confunde el  horizonte. Despacito penetra sienes una melodía, poco a poquito el acorde baila en una suave música y las ceras prenden su magia en un ambiente querido. La espera agradece ansia y la puerta ya tiembla tu llegada, la pregunta al tiempo no respeta misericordia alguna y el vaho penetra constante el cristal de mis ventanas.
                     Cruzas la puerta sin abrirla porque del sueño naces. El vestido es olvido y la desnudez de tus pies camina puntitas sobre mi aire. Tu aliento rasga mi camisa y la mirada enciende mi cuerpo, desvaneces cabellos y en mi pecho se convierten  en pincel, aprietas labios y el profundo deseo me pervierte, te respiro y mi alma se embriaga, te toco y tu piel brinca entre gotas de sudor, te contorsionas y empinas elegancia en tu espalda…Me sueño dentro de ti y de mi pecho arranco el pincel.
                     Con ternura, mojo sus pelos en tu lengua y en mis labios, en mi añejo tinto y en una gota del escurrir de mi vela. Con suavidad lo camino en tu piel, recorro tu cuello y pinto el color de mis labios. Lo extiendo en tu espalda y salpican música las chispas de mi tinto, las candentes gotas de mis ceras y el sublime cariño, envuelto en el óleo de mi pasión. Grita la noche, derrite en chocolate su oscuridad y las estrellas funden varas de mil vainillas. El pincel humedece intenso sus cabellos, respingas firme tus muslos y las manos abren el lienzo de un maravilloso firmamento. Nada el pincel, suda mi frente, la Luna se esconde, los sabores se mezclan y el color penetra tu edén. La piel se eriza, el escalofrío abre poros y los olores pecan en la sublime metamorfosis del  placer. El suspiro es chocolate y la vainilla excita sus varas, nace el beso por doquier y la caricia duerme alma, el acorde vibra, la música se eleva y el tiempo se ahoga en mi sueño. Salta el gemido el precipicio de la intensidad, asoma quedito el orgasmo y se contiene firme una eyaculación. Me sientes, te siento. Me muevo dentro de ti. El pincel te pinta, adorna de arcoíris tu ombligo, de espuma de mar tu pubis, de rojo fuego tus caderas y de azul cielo, la erección de tu clítoris. Se atreve el viento y en su huracán arranca las cerdas de tus cabellos, lanza el mar sus remolinos y engulle la firmeza del precioso pincel. Inventa la Luna un abrazo, un abrazo que ya huele a pinceladas, de un buen café.