Translate

viernes, 27 de enero de 2017

AUTOPSIA A UN POETA.


             Ojos de sueño y barba partida, entrecejo fruncido y lunares por donde quiera, blanca saliva pegada en las comisuras de sus labios, amañado rostro que expresa todo y dice nada. Manchas en manos que delatan edad, uñas llenas de la tinta de su último verso, líneas de vida borradas por el suspiro de la muerte… Gota que recorres por última vez su maltrecha mejilla y no recitas si eres lágrima o sudor.
              Dejaré que el viento sea el cirujano de tu autopsia, dejaré que su fuerza abra con la precisión de un bisturí tu pecho,  para leer el libro de tu corazón. En él perderé conciencia y dejaré que sus rimas me envuelvan de tu historia, dejaré que el albedrío de tu mente me posea y así poder sentir como tú, dejaré que el silencio de tu sangre, ahogue mis ansias y así, solo así, comprenderé las últimas líneas de tu destino.
              Se arrodillarán las Lunas que amaste, gritarán los Soles que encendiste, se expandirá el cielo hasta que su eternidad embravezca mil mares y escucharé las más hermosa lluvia de estrellas que el universo pueda regalar, cuando la fuerza de mi locura, abra tu alma. Acercaré mis labios y sentiré su gran ternura sin tocarlos, leeré poco a poco cada uno de los versos que lograron escribir en ella y en sus letras,  soñaré que la pureza del amor, es real.  Entraré en ella sin pedir permiso, porque un día tu poesía llenó de esperanza mi vida, buscaré el tesoro de tu inspiración y no descansaré hasta que sus monedas caigan en la pobre alcancía de mi alma. Porque mi reto no solo es leerte, sino sentirte en la profundidad y en ella poder un día, abrazar la intensidad de la vida, en mi poesía.

             Quise ser doctor en la muerte y bisturí en tu autopsia. Leí  tu corazón y entré en tu alma, pero todavía no te llevabas tanta Luz y absorbí  tu energía. Envenenaste mi cuerpo de tus sueños que no pudiste cumplir, callaste mis latidos y los pusiste a flor de piel. Temblaron las paredes de mi soledad, se rompió la copa de mi añejo tinto y tu fuerza, apagó mis ceras. El vaho de mi ventana se convirtió en lágrimas y las mareas del  mar, callaron su dulce ruido y reposaron sobre mis arenas. Embebí una de tus noches, la mejor de tus noches…Por un instante vi tu Luna y escuché un gemido…Un gemido que olía a tiernas rosas, a rocío y a sal de mar, a ternura y a pasión, a deseo y a dulce excitación…Lo convertí en verso y con él pude escribir cien poesías. Esa noche aprendí a escribir sentimientos, aprendí que la intensidad se puede expresar en letras, aprendí que tu legado por siempre en mí vivirá…Y aprendí  que la autopsia a un poeta,  no sirve de nada, si ya se llevó su alma.


No hay comentarios:

Publicar un comentario