miércoles, 1 de marzo de 2017

CABALLERO DE BLANCA ARMADURA...


               Érase una vez un caballero de blanca armadura, tan blanca como reflejo de alma y tan dura como acero toledano. Sabio y poeta, pensador y solitario. Nacido de la copulación de estrellas, sus ojos cambian de color como el mar y su aliento es viento. Diluído en las entrañas de la lucha compulsiva, dador y sufridor… Terca cabalgadura en la suprema existencia de los suspiros.
               Espada calibrada para no torcerse, empuñadura de oro y diamantes, funda aterciopelada con piel de Luna y filo, siempre limado en sus lágrimas. Amado discípulo del alma, creador del sublime encogimiento del corazón, guerrero en mil batallas y motor de vida. Valiente como el fuego y frágil como el cristal de Bohemia, pura expresión y saliva de poesía, censor de obscenas literaturas y productor de raras películas.
               Escultor de cielos y creador de extrañas lunas, mago de ternuras y brujo de pasiones, pecador de pensamiento y confesor cuando la religión discrimina. Nunca te rindes, siempre sobrevives. Te avergüenza el orgullo y en sus miedos resurges. Clavas temblores en el cuerpo y aprietas los puños de la esperanza en  la  desazón.
               Héroe en la virtud y celador en los defectos, maestro en el amor y alumno de la vida, traidor en el destino y apaciguador de rencores…Tu membrana es coraza, tus miradas nacen del corazón y tus ojos del alma, tu inteligencia poco a poco se aprende y tu impulso, sorprende.
                Caballero de blanca armadura que invades nuestro cuerpo y quedito, día con día, respiras entre los poros de nuestras inquietudes. Caballero de blanca armadura, sinónimo del profundo sentir y tejedor de las más sublimes telarañas, arquitecto del presentimiento y doctor en las causas perdidas, abogado del diablo y pastor del Creador.
               Los vencidos, exaltan tu pundonor. Los cobardes también te sienten y  solo los valientes gritamos y reconocemos tu nombre: ¡Sentimiento!