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miércoles, 5 de julio de 2017

UN NUDO EN LA GARGANTA...


                    Sacude el delfín, las olas de su mar. Mira el ciego la imaginación de un cielo, descubre un niño el dolor y se abre un vacío en el deseo de una garganta. No pasa la saliva y oprime la estrechez, se nubla el pensamiento y la noche cambia sombras, sonríe el ansia en su camino al corazón y sufre el alma el escalofrío de su destino.
                   La pasión desenfrena piel, el control vive perdido en la sinrazón, el silencio pinta máscaras en ambos rostros y quedito, fluye amargo el silencio. La emoción despliega espera y el latido es corto e intenso, los dedos entumecen puños y la vergüenza asalta la memoria. Ambos descalzan sus pies y tocan fría tierra, el sentimiento alarga brazos y corta en dos el plasma de la distancia. Los dos cuerpos se ven en sus espejos, el desmedido anhelo ofrece una lágrima y el fuego de tanto deseo, recorre el aire de Luna que despacito, rasguña sus entrañas.
                  Esculpe el artista con su mármol,  el mausoleo de los extraños sentimientos, mientras una actriz abre el teatro y cabalga desnuda en una tentación que jamás escribió su guión. Sufre el poeta por no entender la intensidad de sus versos  y calla la inspiración por tanto ruido en el gran baile de las hormonas.  Expone el mar, bravura y marea, el desierto exhibe orgulloso la suavidad de sus dunas y la montaña aprieta su volcán, para que la explosión sea única.
                  Exhalan las conciencias los pesares de la impotencia. El deseo ya no soporta coherencia y pide clemencia el alma a la pasión de los cuerpos. Abre la excitación su telón y navega la mente entre las enredaderas de la seducción.  Emerge Diosa la sensualidad y calla su infierno, el miedo al propio pecado. Resbala una mano en su pezón y la otra, se arrastra por el vientre, los dientes aprietan labios y las pestañas, funden sus miradas. La obscenidad se deja sentir, juega el dulce temblor en sus pies y el oxígeno se agita. Siente el vigor la protección de su mano y se eriza vertebral, la columna de todos los sentidos.
                  Los astrales permean conexión y entrelazan pasión en sus hilos de plata. Sufre el instante virtuales caricias pero la piel las dibuja, desdobla la imaginación el más hermoso lienzo y los cuerpos contorsionan sus pinturas. El cielo abre su poesía y la sensualidad escribe sus primeros versos, el éxtasis los lleva al clímax, salpica sedas la ternura y al unísono, rugen ambos gemidos.  

                  Desprende hojas el placer en su otoño, se aparta la imaginada caricia y no vive el abrazo, la piel enchina el frío de la distancia y los dos sienten, que hicieron el amor, con un nudo en la garganta.